Es Tiempo de Conectar, noviembre 14

Río de Sanidad

Leemos en Ezequiel 47: 1, 3-5.

“En mi visión, el hombre me llevó nuevamente a la entrada del templo. Allí vi una corriente de agua que fluía hacia el oriente por debajo de la puerta del templo y pasaba por la derecha de la parte sur del altar…
Me llevó a lo largo de la corriente de agua y, mientras avanzábamos, él iba midiendo; cuando llegamos a quinientos treinta metros, me llevó a través de la corriente. El agua me llegaba a los tobillos.
Midió otros quinientos treinta metros y una vez más me llevó a través de la corriente. Esta vez el agua me llegaba hasta las rodillas.
Después de otros quinientos treinta metros, el agua me alcanzaba a la cintura.
Luego midió otros quinientos treinta metros y el río ya era demasiado profundo para cruzarlo caminando. Había buena profundidad para nadar, pero demasiada para atravesarlo a pie.”

La mayoría de nosotros quisiéramos tener una relación profunda con Dios, como la que vemos en otros, sin embargo no sabemos por qué a nosotros no nos llega igual.

¿Te has preguntado por qué cuando lees una porción de las Escrituras, la lees y la lees y no alcanzas a entender lo que lees como si tuvieras un velo, o cuando dedicas tiempo para orar pero sientes que tus oraciones no traspasan el techo?

Dios no se ha ido para ninguna parte y te anhela y lo que quiere es que te rindas a Él. Por naturaleza humana no somos espirituales, luchamos con maneras egoístas y no queremos ceder el control.

A menudo oramos El Padre Nuestro, venga a nosotros tu reino y hágase tu voluntad en nuestra vida, pero terminamos de orar y apenas vemos que estamos en riesgo de perder algo, inmediatamente agarramos el control de nuevo. La mayoría de nosotros creemos saber exactamente cómo manejar nuestra economía, nuestra relación con el cónyuge, y la crisis que toca enfrentar a diario.

A Dios le gusta que le digamos que no nos pertenecemos, que somos meros administradores (mayordomos), que no somos dueños de nada, ni del negocio, ni de la familia, ni del dinero ni de las relaciones personales.

El río en Ezequiel 47 es un símbolo de la presencia de Dios y de nuestro crecimiento en nuestra relación con Él.

EL agua llega a los tobillos: nos agrada refrescarnos en las aguas del Espíritu, sin embargo permanecemos en control. Nos gusta jugar y chapotear el agua pero hasta allí.
El agua llega hasta las rodillas: Se alcanza a sentir la corriente del Espíritu de DIos pero continuamos en control de la situación. La ventaja de tener el agua en las rodillas es que estás cerca a experimentar entrar en profundidad, pero aún no has llegado allí.
El agua hasta la cintura: Se empieza a sentir la fuerza de la corriente del río y nuestra opción es seguir sumergiéndonos y perder el control o devolvernos.
“Luego midió otros quinientos treinta metros y el río ya era demasiado profundo para cruzarlo caminando. Había buena profundidad para nadar, pero demasiada para atravesarlo a pie.”: Es aquí donde experimentamos sanidad completa, donde nos dejamos sumergir en el río de Dios, donde sabes que sabes que a pesar de que dependes del río, vas a estar bien, todo va a estar bien.

Si embargo depende de nosotros en qué profundidad escogemos vivir.

Ezequiel 47: 8-9.

“Entonces me dijo: «Este río fluye hacia el oriente, atraviesa el desierto y desemboca en el valle del mar Muerto. Esta corriente hará que las aguas saladas del mar Muerto se vuelvan puras y dulces. Vivirán cantidad de criaturas vivientes por donde llegue el agua de este río. Abundarán los peces en el mar Muerto, pues sus aguas se volverán dulces. Florecerá la vida a donde llegue esta agua.”

El Río de Dios produce vida, lo que toca lo transforma, trae transformación y produce fruto.

Terminamos con Juan 7: 37 donde Jesús declara:

“¡Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba! De aquel que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior brotarán ríos de agua viva.”

Señor nos cansamos de los ríos de inmundicia de este mundo, el ataque a la niñez y a la juventud es una realidad y nos sumergimos en tu río, en el río que trae sanidad a los hogares, las finanzas, la baja autoestima! ¡Ayúdanos!

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