Es Tiempo de Conectar, enero 21
Tu batalla es real
“La serpiente era el más astuto de todos los animales salvajes que el Señor Dios había hecho. Cierto día le preguntó a la mujer: —¿De veras Dios les dijo que no deben comer del fruto de ninguno de los árboles del huerto? —Claro que podemos comer del fruto de los árboles del huerto —contestó la mujer—. Es solo del fruto del árbol que está en medio del huerto del que no se nos permite comer. Dios dijo: “No deben comerlo, ni siquiera tocarlo; si lo hacen, morirán”. —¡No morirán! —respondió la serpiente a la mujer—. Dios sabe que, en cuanto coman del fruto, se les abrirán los ojos y serán como Dios, con el conocimiento del bien y del mal…
“Y pondré hostilidad entre tú y la mujer, y entre tu descendencia y la descendencia de ella. Su descendiente te golpeará la cabeza, y tú le golpearás el talón».” Génesis 3:1-5,15
¡Qué descanso es creer que somos producto de un diseño intencional y no el resultado de una serie de accidentes cósmicos pues esto ayuda a cambiar por completo la perspectiva de nuestra identidad y de nuestro valor.
Génesis 3:15 es conocido teológicamente como el Protoevangelio o el primer anuncio de las buenas nuevas, porque marca el inicio de la guerra que libra el hombre desde un principio.
Es importante tener presente que nuestra batalla es real y que no es entre dos iguales. Es nada menos que entre el Creador y una criatura creada por Dios que se rebeló.
La enemistad de la que habla Génesis no es un accidente; es algo decretado por Dios.
Fue por iniciativa del mismo Dios quien puso una clara separación. La batalla existe para que la humanidad no se sienta cómoda en el pecado. Esa «incomodidad» espiritual es la que nos empuja a buscar un Salvador.
He tenido muchas oportunidades de apartarme y seguir mis pasiones o mi inseguridad, o mi comodidad, pero hay una Escritura que me ayuda y me anima, el Salmo 34: 12-16.
“’Venid, hijos, oídme; el temor del Señor les enseñaré. ¿Quién es el hombre que desea vida, que desea muchos días para ver el bien? Guarda tu lengua del mal y tus labios de hablar engaño. Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y síguela. Los ojos del Señor están sobre los justos y atentos sus oídos al clamor de ellos.” Salmos 34:11-15
La herida en el calcañar (el talón) representa un sufrimiento real pero temporal que duele y dificulta el caminar, pero no es mortal. Mientras que una herida en la cabeza representa una derrota definitiva.
Si quieres matar a una serpiente le tienes qué dar en la cabeza, la tienes qué aplastar, si no va a seguir con capacidad destructora. Cristo, al morir en la cruz y resucitar, despojó y desarmó por completo a los principados y potestades (Colosenses 2:15), le dió justo donde la destruyó.
La descendencia de la mujer no solo se refiere a Jesús, sino a todos los que por la fe estamos en Cristo. Al estar en Su línea genética espiritual, compartimos Su victoria, pero también compartimos Su enemistad con el sistema del mundo.
“Pues todo hijo de Dios vence a este mundo de maldad, y logramos esa victoria por medio de nuestra fe.” 1 Juan 5:4.
Vencer en el frente de batalla descrita por el Apótol Pablo en Efesios 6:12: “Pues no luchamos contra enemigos de carne y hueso, sino contra gobernadores malignos y autoridades del mundo invisible, contra fuerzas poderosas de este mundo tenebroso y contra espíritus malignos de los lugares celestiales.”
Es importante anotar que cuando sentimos oposición al hacer lo que es correcto simplemente estamos viendo Génesis 3:15 en acción.
Mi buen amigo Jeff Wells cita al Dr. Haddon W. Robinson (1931-2017), teólogo y predicador y describe el ataque diciendo:
“Cuando Satanás se acerca a ti, no viene en forma de serpiente enroscada. No se acerca con el rugido de un león. No viene con el auxilio de una sirena. No viene con una bandera roja. Satanás simplemente se cuela en tu vida. Cuando aparece, parece casi un compañero cómodo. No hay nada en él qué temer.
El Nuevo Testamento advierte que se viste como un ángel de luz y algo bastante claro es que cuando el enemigo te ataca, usa un disfraz. Como dice Mefistófeles en Fausto: «La gente no sabe que el diablo está ahí, incluso cuando los tiene agarrados del cuello». … Él no le susurra a Eva: Estoy aquí para tentarte. …Él no viene a tocar la puerta de tu alma y decir: Perdóname, amigo, dame media hora de tu vida. Me gustaría condenarte y destruirte. Satanás se cuela. Se escabulle. Viene a engañar, acusar, tentar y condenar.”
Así que nuestra parte es no escuchar y reconocer sus maquinaciones; resistir y pelear la batalla con la fuerza de Cristo.
Oración: Señor, gracias por no dejarnos a merced de la serpiente. Ayúdame a tener puesta Tu armadura hoy, sabiendo que peleo con la seguridad de la victoria lograda por Jesús.
Dame discernimiento para identificar los ataques del enemigo, de los mordiscos en el talón que quieren atacar mi caminar y ayúdame a recordar que no es el final de mi historia.
Aunque nuestras batallas son reales, el desenlace ya fue escrito. Mi Salvador ya aplastó la cabeza del enemigo.
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