Es Tiempo de Conectar, junio 028

Esta es tu misión

«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.» — Deuteronomio 6:5

De todos los mandamientos que Dios pudo haber puesto de primero, eligió este.
No eligió obedéceme, sírveme o témeme.

Eligió Ámame.
Detente un momento en eso. El Dios que creó los océanos, las galaxias y el tiempo mismo, ese Dios no pide primero tu desempeño, pide tu corazón. Lo que más anhela del ser humano no es su obediencia perfecta sino su amor correspondido.

¿Qué nos dice eso sobre quién es Dios? Que en su esencia, Él no es un juez distante esperando que falles. Es alguien que ama y que desea ser amado. Por eso 1 Juan 4:8 no dice que Dios tiene amor, ni que Dios da amor. Dice algo mucho más radical: Dios es amor. El amor no es uno de sus atributos. Es su naturaleza misma.

Y si eso es verdad, entonces la vida cristiana no es cumplir con una lista de reglas ni un sistema de ceremonias religiosas. Es una historia de amor.

Hace más de cien años en el sur de los Estados Unidos, la frase más usada para describir el encuentro personal con Cristo no era «nacer de nuevo.» Era esta: «Fui cautivado por el poder de un gran afecto.»

Brennan Manning la rescató en su libro El evangelio de los andrajosos — y sigue siendo la descripción más honesta de lo que ocurre cuando Jesús deja de ser un rostro en una estampa religiosa o una estatua y se vuelve real.

No es una conversión intelectual sino una captura del corazón.
Los rusos tienen un proverbio que Manning cita en su libro: «Quienes padecen la enfermedad llamada Jesús jamás se curarán.» No porque sea una trampa sino porque quien ha sido amado así, ya no quiere otra cosa.

¿Qué significa amar a Dios? Implica afecto, devoción, ternura y gratitud. Incluye lealtad, obediencia y entrega. Deseas conocerle, estar cerca de Él y agradarle.
Además, esta relación de amor no es tibia ni indiferente, sino apasionada y total.

Ama al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
¡Entrégate por completo! Ofrécete con amor y obediencia al Dios que te creó.

En una ocasión le preguntaron a Jesús: «¿Cuál es el mandamiento más importante de la Ley?». Él no vaciló. Acudió directamente a Deuteronomio 6 y citó este versículo: el mandamiento más importante es amar a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas (véase Mateo 22:34-40).

Querido amigo, este es tu propósito en la vida y tu prioridad. Esta es tu misión. ¡Ámalo! ¡Ámalo con todo lo que tienes! ¡Ámalo con todo lo que eres!
Esa es tu misión hoy. No hacer más, no esforzarte más, sino dejarte amar y responder con todo lo que eres.

«Señor, hoy no vengo con logros ni con excusas. Vengo simplemente a corresponder el amor que Tú iniciaste. Cautívame de nuevo. Amén.»

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Escrito y narrado por Juan Bravo, producido por Conectar Global

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