Es Tiempo de Conectar, julio 016
No temas pues
«No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de mi justicia.» — Isaías 41:10
«No temas, porque yo estoy contigo.»
Es una promesa real que me ha animado desde que tenía 19 años pero no sabía exactamente el contexto que estaba viviendo Israel cuando Isaías lo escribió.
Isaías 41 no fue escrito para personas en su mejor momento.
Dios habla a Israel por medio del profeta en una situación de terror, los imperios más poderosos del mundo en su momento, primero Asiria y después Babilonia avanzan como máquinas de guerra que arrasan lo que encuentran en su camino, ciudades son destruídas y pueblos enteros son deportados y el mundo que Israel conocía hasta ese momento se deshacía delante de sus ojos.
Y es en ese contexto, no en tiempos de paz, ni desde la comodidad, ni como adorno espiritual, Dios dice: «No temas.»
No lo dice porque la amenaza no es real pues es completamente real, lo dice porque hay una realidad más grande que la amenaza.
Winston Churchill, en el momento más oscuro de la Segunda Guerra Mundial, cuando toda Europa había caído y Gran Bretaña estaba sola enfrentando a Hitler, dijo algo que lleva el mismo espíritu:
«El miedo es una reacción. El valor es una decisión.»
Así que Dios no le pide a Israel que no sienta miedo, sino que le pide que tome una decisión, confiar en quien está con ellos en medio de la crisis.
Pero hay algo en el versículo que casi siempre pasamos por alto.
Dios no dice solamente «no temas porque yo estoy aquí.» Dice algo más específico: «no temas porque yo soy tu Dios.»
Esa pequeña palabra — tu — lo cambia todo.
No el Dios que está muy ocupado creando universos, no una fuerza cósmica disponible para quien la invoque.
Tu Dios. El que te creó, que te llamó, que hizo contigo un pacto, que te conoce por nombre.
El miedo, en cualquiera de sus formas, siempre ataca primero la identidad, te dice que estás solo, te dice que nadie entiende lo que enfrentas, te dice que eres demasiado pequeño para el problema que tienes enfrente. Te dice que esta vez no habrá salida.
Y Dios responde al miedo exactamente donde el miedo mora, en la identidad. Yo soy tu Dios, tú eres mío, algo que no cambia con las circunstancias que estás pasando.
La Madre Teresa, una mujer valiente que trabajó décadas en los barrios más devastados de Calcuta, rodeada de sufrimiento que podría haber paralizado a cualquiera — dijo algo que resuena profundamente aquí:
«Sé quién eres delante de Dios y no necesitas ser nada más.»
Tener una identidad clara es el antídoto más poderoso contra el miedo.
Casi siempre citamos la primera línea y nos detenemos ahí. Pero Isaías 41:10 no termina con «no temas.» Lo que sigue son tres promesas concretas:
Te fortaleceré. No dice «espero que encuentres fuerzas.» Dice, ¡te voy a fortalecer!
Ciertamente te ayudaré. La palabra «ciertamente» es como si Dios hiciera énfasis y volviera a enfatizar. Sin ninguna duda. Sin ninguna condición.
Te sostendré con la diestra de mi justicia. No con su mano izquierda sino con su diestra. En la cultura bíblica, la mano derecha era la mano del poder, del honor, de la acción decisiva. Dios no te sostiene de manera pasiva. Te sostiene con su mano más poderosa.
¡Tres promesas concretas de parte de Dios!
Lo que Dios le dice a Israel en medio del terror asirio-babilónico es exactamente lo que te dice a ti hoy, en medio de cualquier cosa que te esté produciendo miedo: la responsabilidad de sostenerte no es tuya. Es mía.
Antes de salir hoy a enfrentar lo que sea que te produce miedo — la conversación difícil, el diagnóstico pendiente, la decisión que no puedes posponer más, la situación que llevas meses sin resolver — detente treinta segundos.
No para repetir el versículo como fórmula mágica. Sino para recordar quién lo dijo, a quién se lo dijo, y en qué momento se lo dijo.
Se lo dijo a personas en medio del peor momento de su historia. Con enemigos reales. Con amenazas concretas. Con razones legítimas para el miedo.
Y les dijo: yo estoy contigo. Yo soy tu Dios. Te fortaleceré. Te ayudaré. Te sostendré.
Oración
«Señor, hoy traigo mis miedos — los que confieso y los que todavía no me atrevo a nombrar. Te pido que seas más real que mis propios miedos, recuérdame quién soy y que soy tuyo. Fortaléceme donde soy débil.
Ayúdame donde no soy capaz solo. Sostenme con tu mano derecha cuando sienta que me caigo. En este momento tomo la decisión de confiar. Amén.»
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Creado y narrado por Juan Bravo. producido por Conectar Global