Devocional 024 agosto

Es Tiempo de Conectar, agosto 024

Cómo nos comportamos

«Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús.» Romanos 6:11

“Pues nos levantó de los muertos junto con Cristo y nos sentó con él en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo Jesús.” Efesios 2:6.
Analicemos una de las escenas más hermosas en el evangelio.

El hijo pródigo regresa a casa fracasado y postrado, sin futuro, después de haberla embarrado y desperdiciado todo: la herencia, su dignidad y una posición en la sociedad. Llega tan mal, hasta quizás oliendo a cerdo listo a dar explicaciones que no van a valer de mucho pero con total reconocimiento: «Padre, ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Hazme como uno de tus jornaleros.»

Se presentó como lo que era y hasta ensayó lo que iba a decir a su padre pero el padre no lo dejó terminar y más bien lo recibió con un abrazo, con túnica nueva, con un anillo en el dedo y hasta le hizo fiesta.

Hizo la siguiente declaración: «Este mi hijo estaba muerto y ha vuelto a vivir.»
El hijo estaba dispuesto rebajarse como jornalero pero el amor incondicional del padre lo cambió todo. Eso es exactamente lo que Dios hace con nosotros.

1. Lo que Dios declara — aunque tú no lo sientas
Pablo no dice «intenta ser mejor.» No dice «esfuérzate más.» Dice algo radicalmente diferente: «considérense muertos al pecado pero vivos para Dios.»
No es una ilusión ni una fantasía, sino una decisión de aceptar como real lo que Dios ya declaró.

Cuando Cristo murió, tú moriste con Él. Cuando resucitó, tú resucitaste con Él. Ese viejo hombre, esclavo del pecado, dominado por sus pasiones fue crucificado. Fue sepultado. Ya no existe.

Lo que quedó en pie después de la resurrección es alguien nuevo. No una versión mejorada sino alguien completamente diferente, nuevo.

Yo lo viví personalmente cuando encontré a Jesús, algo murió dentro que necesitaba morir. Y algo nació que no había estado ahí antes. No fue un proceso gradual de mejora personal.

Y lo he visto cientos de veces en personas que nadie hubiera apostado por ellas.

2. Lo que pasa en las cárceles de Colombia
En las cárceles de Colombia y en las de toda América Latina, hay un fenómeno que los sociólogos no saben cómo explicar completamente.

Hombres y mujeres que conozco personalmente que entraron marcados por el crimen y que después de un encuentro genuino con Jesucristo salen siendo personas que ni sus propias familias reconocen. No porque tomaron un curso de rehabilitación, sino porque alguien les dijo lo que el padre le dijo al hijo pródigo:
Estabas muerto. Ahora estás vivo.

Salen con el mismo expediente judicial pero con una identidad completamente diferente en el espíritu. Y esa identidad transforma la manera de hablar, de trabajar, el amor por sus hijos, el manejo del dinero, cómo enfrentan la tentación.
3. El problema que todos tenemos — y la solución que Pablo da

El hijo pródigo obtuvo una identidad nueva pero tuvo que aprender a vivir desde ella porque adentro todavía resonaban las voces del jornalero.
Ese es exactamente nuestro problema. Dios nos declara nuevos y nosotros seguimos escuchando al viejo.

Martyn Lloyd-Jones el gran predicador galés dijo: «El problema de la mayoría de los creyentes es que se escuchan a sí mismos en lugar de hablarse a sí mismos.»
Cuando el pecado te dice: «así eres tú, siempre serás así, no podrás cambiar.»
Responde: «estoy muerto a eso. Soy vivo para Dios. Ya no soy quien era.»
¿Con qué estás luchando hoy? ¿Envidia? ¿Ira? ¿Amargura? ¿Miedo? ¿Lujuria? ¿Impaciencia? ¿Falta de perdón?

El enemigo te dice que así eres y que no vas a cambiar. ¡Mentira!
Dios dice que eres una persona nueva y lo que Dios declara es más real que lo que tú sientes.

El desafío
El hijo pródigo pudo haber insistido en el discurso del jornalero. Pudo haber rechazado la túnica, el anillo y la fiesta. Pudo haber dicho: «No, padre, yo sé quien soy.»

Pero el amor y la gracia de Dios ganó.
Di en voz alta: «Estoy muerto. Soy vivo para Dios. Soy una persona nueva.»
No porque lo sientas, sino porque el Padre lo declaró.

Oración:
«Señor, hoy elijo creer lo que Tú declaras sobre mí que estoy muerto al pecado y vivo para Ti. Hay voces que me recuerdan quién fui. Hoy elijo escuchar Tu voz que me dice quién soy. 

Soy santo, redimido, perdonado, amado. Ayúdame a hablarme con tu verdad cuando el enemigo me habla con sus mentiras. Soy nuevo. Amén.»

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Creado y narrado por Juan Bravo. producido por Conectar Global

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