
Es Tiempo de Conectar, agosto 027
Más que una vida cómoda
“Entonces alguien de la multitud exclamó: Maestro, por favor, dile a mi hermano que divida la herencia de nuestro padre conmigo. Jesús le respondió: Amigo, ¿quién me puso por juez sobre ustedes para decidir cosas como esa? Y luego dijo: «¡Tengan cuidado con toda clase de avaricia! La vida no se mide por cuánto tienen».” Lucas 12:13-15
El mundo en el que vivimos suele medir el valor de las personas por las cosas que poseen: buenos ingresos, propiedades, negocios, reconocimiento social.
Hace poco, a través de un familiar, conocimos a Christopher (no es su nombre), un hombre dueño de muchos negocios y muy conocido y respetado en su ciudad. Nos recibió en su mansión con gran hospitalidad, mostrándonos amabilidad y generosidad. Allí también conocimos a su pareja y a los pequeños hijos de ella, con quienes comparten la vida familiar.
Frente a experiencias como esta surge una pregunta inevitable: si Jesús enseñó que la vida no se mide por la abundancia de los bienes materiales (Lucas 12:15), entonces ¿cómo deberíamos medirla?
La verdadera medida de la vida no está en las riquezas materiales que poseemos, aunque no es malo tenerlas, sino en las riquezas espirituales, en quién somos en Cristo, cómo somos dentro de nuestro grupo más íntimo como por ejemplo el hogar, qué tan generosos somos y en cómo vivimos para los demás.
En nuestra cultura, muchas veces el éxito se mide por alcanzar una vida cómoda: estabilidad financiera, tranquilidad, aparente ausencia de problemas y una rutina sin mayores exigencias. Sin embargo, Jesús nunca prometió comodidad a sus discípulos. Al contrario, les habló de la cruz, de renuncia y de entrega total.
Llegar a una vida cómoda no necesariamente es malo, pero puede convertirse en un peligro si pensamos que allí se encuentra lo mejor de Dios. Lo mejor de Dios no está en evitar sacrificios, sino en caminar en obediencia, aunque eso implique incomodidad.
El apóstol Pablo lo entendió cuando dijo en Filipenses 4:11-13, “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
Podemos aprender de Pablo que procuraba dar fruto espiritual y no dependía de la comodidad, sino de Cristo.
Muchas veces, los momentos en que más crecemos y desarrollamos madurez no son en la comodidad, sino en la incomodidad: cuando salimos de nuestra zona de confort, servimos a otros, damos con generosidad, enfrentamos pruebas y seguimos adelante confiando en el Señor.
Aplicaciones prácticas:
Evalúa si tu meta en la vida es solo estar cómodo o realmente cumplir el propósito de Dios.
Abraza las incomodidades como oportunidades de crecimiento y de fe.
Recuerda que la cruz no es un símbolo de comodidad, sino de entrega y victoria a través del sacrificio.
Oración:
Señor, guárdame de conformarme con la comodidad cuando Tú me llamas a algo mayor. Ayúdame a vivir para tu propósito, aunque implique renuncia o sacrificio. Enséñame a encontrar en Ti mi verdadera satisfacción. Amén.
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Creado y narrado por Juan Bravo. producido por Conectar Global