Es Tiempo de Conectar, agosto 027
El salón de la fama
«La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.» — Hebreos 11:1
Hebreos 11 no es un registro de personas ordinarias que tomaron decisiones extraordinarias: entregar sus vidas a algo que no podían ver todavía y morir sin haberlo recibido completamente.
Cada año Hollywood celebra los Óscar, el salón de la fama de los que brillaron en la pantalla. Hebreos 11 es el salón de la fama de los que brillaron en el anonimato. Personas que con su ejemplo sobresalen aun, que todavía nos inspiran y que la historia no ha podido borrar.
Los que vivieron hacia adelante
EL capítulo 11 de hebreos menciona a varios héroes de la fe y comienza con Abel quien ofreció lo mejor que tenía y fue asesinado por eso. No vio ninguna recompensa en vida pero Dios dice que su fe todavía habla.
Noé construyó un barco gigantesco en tierra seca durante décadas porque creyó que algo que nunca había ocurrido iba a ocurrir. Su obediencia fue tan radical que el texto dice que con esa fe condenó al mundo, su vida entera fue una declaración de que había algo más real que lo visible.
Abraham salió «sin saber a dónde iba.» Sin mapa y sin ninguna garantía, sólo una Palabra que Dios le dio y fue. Cuando llegó a Canaán, la tierra prometida, siguió sintiéndose extranjero. ¿Por qué? Porque Canaán nunca fue el destino final. «Esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.» Hebreos 11:10.
Moisés rechazó los tesoros del palacio más poderoso del mundo. El texto explica por qué: «tenía puesta la mirada en el galardón.» Hebreos 11:26. Hizo el cálculo correcto y Egipto perdió.
Todos ellos murieron sin recibir la promesa completa. «La vieron de lejos y la saludaron» como quien agita la mano hacia algo que se acerca en el horizonte.
Aquellos que la fe no sacó del problema
La segunda mitad del capítulo es la más impactante.
«Fueron apedreados, aserrados, muertos a filo de espada… de los cuales el mundo no era digno.» Hebreos 11:37-38
El mundo los trató como si no valieran nada sin embargo Dios dice que era el mundo el que no los merecía a ellos.
Y el capítulo termina con una frase que los conecta directamente con nosotros:
«No recibieron lo prometido… para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.» Hebreos 11:40
Abel, Noé, Abraham, Sara, Moisés, todos esperan el mismo momento final que esperamos. La gloria que vieron de lejos es la misma gloria hacia la que caminamos hoy.
La nube que te observa
«Teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos… corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.» — Hebreos 12:1
Abel te está mirando. Abraham te está mirando. Los mártires sin nombre del capítulo 11 — todos mirando la misma carrera que tú estás corriendo ahora mismo.
Y el escritor dice: corre. No dice camines, ni te arrastres. Corre, porque lo que nos es ofrecido al final justifica cada paso del camino.
Dos preguntas
¿Estás viviendo hacia algo más grande que lo que puedes ver — o solo hacia lo que tienes en la mano hoy?
¿Qué peso necesitas soltar para correr con más libertad la carrera que Dios puso delante de ti?
«Señor, hoy me uno a la larga fila de los que vivieron por fe sin ver el resultado completo. Como Abraham, como Moisés, como todos los que vieron la promesa de lejos y la saludaron, hoy elijo confiar en lo que no veo todavía.
Dame fuerzas para correr con paciencia. Ayúdame a soltar lo que me pesa. Y recuérdame que no corro solo, que hay una nube de testigos mirando y un Jesús esperándome al final. Amén.»
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Creado y narrado por Juan Bravo. producido por Conectar Global