Es Tiempo de Conectar, septiembre 008
La hermosura que siempre está allí
«Nos hiciste para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti.» Agustín de Hipona.
Esta frase escrita en las Confesiones de San Agustín explica que el ser humano tiene un Origen divino: Que Dios lo creó con un propósito y para tener una relación íntima con Él.
Explica sobre la inquietud que toda persona tiene, que el corazón siente un vacío o desasosiego cuando intenta llenarse con cosas pasajeras como el poder, el placer o el saber meramente intelectual.
Que la verdadera paz y la plenitud sólo se alcanzan al reconocer y encontrar a Dios.
«Solo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi salvación.» Salmo 62:1
Este versículo nos insinúa que el alma no descansa sobre Dios como cuando descansamos sobre una silla o un sofá sino que descansa en Él como su origen.
1. El hombre que lo buscó en todos los lugares equivocados
Antes de ser el teólogo más influyente de la historia cristiana occidental, Agustín como cualquiera de nosotros, buscaba llenar su vida en lugares equivocados con cosas equivocadas.
A pesar de ser brillante intelectualmente, era ambicioso y buscaba la fama y el reconocimiento. Era un hombre sensual, vivió con una concubina durante más de una década y tuvo un hijo fuera del matrimonio. Como buen filósofo exploró el maniqueísmo, el escepticismo, el neoplatonismo, buscando en cada sistema intelectual una respuesta.
Y en medio de todo eso y con todo lo que el mundo podía ofrecer a un hombre de su talento, tenía hambre, tenía sed y un corazón inquieto que como nos ha pasado a muchos de nosotros, estaba buscando a Dios en todo lo que no era Dios.
2. La hermosura que llegó tarde o que siempre estuvo
Cuando la conversión de San Agustín finalmente ocurrió después de años de resistencia intelectual y moral escribió:
«¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba.»
Tarde te amé.
Finalmente y con asombro encontró lo que siempre había estado buscando y descubrió que estaba ahí todo el tiempo.
Eso es lo que hace esta frase tan hermosa. No dice que Dios llegó tarde. Dice que él llegó tarde, que mientras buscaba afuera, la hermosura que anhelaba habitaba adentro, esperando pacientemente ser encontrada.
C.S. Lewis — que siguió un camino sorprendentemente similar al de Agustín, buscando en la filosofía y la literatura lo que sólo Dios podía dar, lo describió desde su propia experiencia:
«Fui el converso más reticente de toda Inglaterra. Aquella noche entré a esa habitación sin creer en nada sobrenatural. Salí creyendo en Dios.»
Y hay algo que coincide con San Agustín: «No fui yo quien encontró a Dios, sino Dios quien me encontró a mí.»
La hermosura, lo mejor de la vida no llegó tarde, estuvo allí todo el tiempo esperando.
3. La existencia como regalo — y como señal
Pero San Agustín no sólo habló de su conversión. Pasó el resto de su vida, más de cuarenta años de escritura y ministerio, explorando una idea que se volvía más rica cuanto más la estudiaba:
La existencia misma es hermosa y su hermosura apunta hacia Dios.
«Pregunta a la hermosura de la tierra, pregunta a la hermosura del mar, pregunta a la hermosura del aire dilatado y difuso, pregunta a la hermosura del cielo… Pregúntales quién les dio el ser. Y responderán: Hemos sido hechos por Dios.»
Cada amanecer es una señal. Cada relación de amor genuino es una señal. Cada momento de belleza en medio de la rutina, una melodía, un paisaje, la risa de un hijo, todo esto es el universo apuntando hacia su Creador.
El problema no es que Dios esté escondido. El problema, como Agustín lo aprendió a través de décadas de búsqueda equivocada, es que miramos las señales sin reconocer su origen.
Dos aplicaciones
Primera. Busca la hermosura hoy como señal de un Dios que vive. Hoy algo te va a parecer hermoso, una flor, una conversación, un acto de bondad. No te quedes en la hermosura sino que deja que te lleve hacia quien la creó.
Segunda. Lleva tu inquietud a Dios. La inquietud que sientes, ese desasosiego que no desaparece aunque cambies de trabajo, de relación, de ciudad, es una brújula. Apunta hacia Dios. La próxima vez que la sientas, en lugar de anestesiarla con entretenimiento, una adicción o una distracción, siéntate con ella un momento y di: «Señor, este hueco tiene tu forma.»
Agustín tardó décadas en llegar, pero cuando llegó encontró que la hermosura que había buscado en la filosofía, en el placer, en el reconocimiento estaba ahí, adentro, esperándolo con paciencia.
Y lo que escribió desde ese encuentro lleva dieciséis siglos cambiando vidas.
«Señor, como Agustín, he buscado afuera lo que Tú pusiste adentro. He buscado en el ruido del mundo lo que solo se encuentra en el silencio. Hoy me vuelvo hacia Ti con un corazón inquieto que Tú mismo pusiste en mí. Esa inquietud es tuya. Y hoy te la devuelvo. Amén»
Te animamos a que dones en el siguiente enlace https://conectarglobal.org/donaciones/ . Así nos apoyarás a seguir con este hermoso servicio de llegar a muchas más personas.
Y que hagas uno de nuestros cursos en www.cursoscad.com/cursos que son sin costo alguno.
Creado y narrado por Juan Bravo. producido por Conectar Global