Es Tiempo de Conectar

Octubre 09

¿Qué tienes que no has recibido?

Tiempo de conectar, octubre 9. ¿Qué tienes que no has recibido? Respondió Juan y dijo, no puede el hombre recibir nada si no le fuere dado del cielo en Juan 3.27. En esta historia, en este pasaje de la escritura, me impactó ver a los discípulos de Juan que llegaron a él preocupados diciendo, maestro, aquel que estaba contigo al otro lado de los Jordán, todos van a él. Los discípulos de Juan el Bautista, al ver que perdían momentum, que perdían impacto al entrar Jesús a la escena, encontraron el momento perfecto para la competencia, para los celos, ser territoriales y buscar cuidar lo que tenían con el ministerio de Juan el Bautista. Pero Juan respondió con una frase que debilitó en ellos el orgullo y la autosuficiencia.

Dijo, nadie recibe nada si no le es dado del cielo. Sabía muy bien que su ministerio no era suyo, que nunca lo había sido y por eso podía soltarlo con gozo. Y no pienses que esto es solo para pastores o misioneros, pues todos tenemos un llamado de servir en nuestros hogares, en el trabajo, en el barrio donde vives y no podemos pasar la vida como espectadores.

Hoy quiero que veamos tres verdades que nacen de este versículo. Si tienes sed de Dios, si sientes que algo te falta, si este breve tiempo devocional te edifica, es Dios quien puso en ti y en mí la disposición de escribir y recibirlo.

 Primero, el llamado comienza en el cielo, no en nuestra propia iniciativa. 

Dios lo dijo sin rodeos, no me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros. Nos creemos tan buenos que creemos que somos nosotros los que buscamos a Dios, pero la verdad es que Él nos buscó primero. C. S. Lewis pasó parte de su vida resistiendo la fe.

En 1929, en su habitación en el Magdalene College, finalmente se arrodilló y admitió que Dios era Dios. Lewis no llegó a Cristo por su búsqueda intelectual, llegó porque fue alcanzado. Si hoy sigues al Señor y le sirves donde estás, no es porque fuiste lo suficientemente espiritual para elegirlo, es porque Dios te puso allí.

Segunda verdad. Si es un regalo, no hay lugar para la comparación. Juan el Bautista podía decir con confianza, es necesario que él crezca, pero que yo mengüe, porque entendía cuál era su lugar con la llegada del Mesías.

Quien hace mayordomía o hay buena administración de sus talentos y capacidades, no compite porque sabe que no es dueño de lo que tiene, de lo que sabe y de las relaciones que tiene. La madre Teresa solía describirse a sí misma como un pequeño lápiz en la mano de Dios. El lápiz no presume de la carta ni envidia a otro lápiz, simplemente se deja usar para escribir.

Cuando olvidamos que solo somos mayordomos y no dueños de todo lo que tenemos, empezamos a compararnos. ¿Quién tiene mejor trabajo? ¿Quién tiene más talentos? ¿Más reconocimiento en la iglesia o en la oficina? Pero cuando recordamos que todo vino de arriba, la comparación es reemplazada por la gratitud. 

Tercero. Lo que se recibe del cielo se administra con responsabilidad. Si el llamado no lo escogimos nosotros, tampoco podemos negociarlo según nuestra propia conveniencia. En 1939, Dietrich Bonhoeffle se encontraba cómodo y a salvo en la ciudad de Nueva York, lejos de su país en guerra.

Tenía la puerta abierta para estar seguro y quedarse lejos del régimen nazi. Pero a las pocas semanas regresó a Alemania convencido de que no tendría derecho a participar en la reconstrucción de la iglesia en Alemania si no compartía las pruebas de su pueblo. Bonhoeffle entendió que el llamado no era una carrera que él administraba sino una encomienda que había recibido.

Jim Elliott, el misionero americano que fue asesinado en la selva ecuatoriana, años después lo resumió así. No es necio el que da lo que no puede retener para ganar lo que no puede perder. La fidelidad no siempre se ve tan dramática como cuando Bonhoeffle regresó a Alemania.

A veces se ve como un padre que permanece, una enfermera que sirve con integridad en el turno de la noche, un empresario que se niega a mentir. Ese también es un llamado recibido del cielo. Esta semana, tres cosas sencillas.

Primero, agradece a Dios por nombre cada lugar donde te ha puesto, tu familia, tu trabajo, tu iglesia, tus amistades. Ninguno es casualidad.

Segundo, identifica a alguien a quien Dios está bendiciendo usando de manera especial y ora por esa persona con sinceridad, celebrando lo que hace.

Tercero, pregúntale al Señor si hay alguna parte de tu vida que has estado tratando como tuya y entrégasela de nuevo. Oremos, Señor Jesús, venimos con el corazón abierto y las manos vacías. Todo lo que somos y tenemos vino de ti.

Perdónanos por tratar tus regalos como propios y por medir nuestro valor en resultados en vez de gratitud. Limpia me de todo orgullo y de toda envidia. Danos el espíritu de Juan el Bautista.

Que él crezca y nosotros mengüemos, celebrando de corazón cuando otros son bendecidos. Renueva nuestro llamado. Al cansado, recuérdale que no caminas solo.

Al desanimado, que lo que tú comienzas, tú lo terminas. Te pedimos por cada líder y por cada persona que hoy escucha esta palabra, que entiendan que su lugar es un encargo tuyo. En el nombre de Jesús oramos.

Amén.

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