Es Tiempo de Conectar, mayo 0027

Pablo Llega Muy Lejos

El viaje de Pablo a Roma (narrado en Hechos 27–28) tenía varios propósitos, tanto circunstanciales como espirituales.

Pablo apeló al César porque los líderes judíos estaban presionando al gobernador romano Festo para que lo trasladaran a Jerusalén pues tenían planes de hacer una emboscada y matarlo en el camino y Pablo supo de esto por medio de su sobrino. (Hechos 23)

Pablo siendo un hombre educado y alguien que sabía que los judíos lo odiaban con celo religioso apeló directamente al emperador para que se hiciera justicia y su caso fuera juzgado en Roma. Era una protección legal legítima que muy pocos tenían.

Pero el ancla sobre la cual se apoyó, no fue un plan agresivo que él mismo se había inventado sino en lo que Dios mismo le había prometido en Hechos 23:11, “Como has dado testimonio de mí en Jerusalén, es necesario que lo des también en Roma.»

Pablo, un hombre visionario, quería llegar a Roma y la apelación al César no fue solo una maniobra legal, sino que fue el método que Dios usó para llevarlo exactamente a donde necesitaba estar.

Al apelar al César, el imperio más poderoso del mundo en ese momento tuvo que pagar su viaje, su custodia y su traslado hasta la capital. El mismo sistema que quería silenciarlo terminó financiando su misión.

Por eso el naufragio, la Isla de Malta y el incidente con la serpiente… todo era parte del camino a Roma. Pablo lo sabía, y por eso pudo mantenerse en calma durante toda la travesía.

Pablo había querido ir a Roma mucho antes de su arresto. En Romanos 1:10-15 escribe que anhelaba visitarlos para “impartirles algún don espiritual” y predicar el evangelio también en la capital del imperio. Roma era el centro del mundo conocido, y llegar allí era estratégicamente central para su misión.

En Hechos 23:11, el Señor se le aparece a Pablo en la noche y le dice: “Como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma.” Esto convierte el viaje en algo más que una apelación legal: era el cumplimiento de una palabra profética.

En libro de los Hechos escrito por el Doctor Lucas, el mismo que escribió el Evangelio de Lucas, y uno de sus fieles compañeros de milicia de Pablo, narra cómo las Buena Nueva del Evangelio viaja de Jerusalén a Judea a Samaria y los confines de la tierra (Hechos 1:8).

Roma representaba simbólicamente el fin de ese camino. Pablo quería establecer una base allí para luego seguir hacia España (Romanos 15:24).

Jesús mismo había dicho que Pablo llevaría Su Nombre a personas de influencia, a las personas más influyentes de su época, “ante reyes y gobernantes” (Hechos 9:15).

El proceso judicial lo llevó a hablar ante Félix, Festo y Agripa, y finalmente ante las estructuras del poder romano.

El encarcelamiento se convirtió en una oportunidad de ir lejos con la Palabra de Dios.

Anteriormente he contado el testimonio de Jessica, una jovencita de uno de los pueblo más olvidados y peligrosos de Colombia donde las guerrillas de las FARC tenían su base principal y su papá para protegerla de ser reclutada por ellos la envió en contra de su voluntad a Bogotá para continuar sus estudios pero fue allí donde Dios le hizo un llamado para servir como misionera en un país musulmán.

Terminó sirviendo allí en contra de toda posibilidad por razón de su humilde orígen, se casó con un joven cristiano de la misma región y allí sirven contra todo pronóstico.

La conocí junto con su esposo en uno de mis viajes y en la página de ConectarGlobal.org, en la sección de Podcasts, puedes escuchar sobre su impactante testimonio.

En resumen, lo que comenzó para Pablo como una crisis legal terminó siendo el mecanismo providencial por el cual el evangelio llegó al corazón del Imperio Romano, cumpliendo tanto el deseo personal de Pablo como el propósito más amplio de Dios narrado en Hechos.

Oración
Salmos 2:8 dice: «Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra.» Cumpliste esta promesa en la vida de Pablo y la cumpliste en la vida de Jessica. Danos propósito, danos visión y que aprendamos a apoyarnos no en nuestros recursos sino en tu dirección. ¡Te amamos! Amén.

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Escrito por Jen Wilson, narrado por Juan Bravo, producido por Conectar Global

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