Es Tiempo de Conectar, abril 003

El Siervo Sufriente

“¿Quién ha creído nuestro mensaje? ¿A quién ha revelado el Señor su brazo poderoso?

Mi siervo creció en la presencia del Señor como un tierno brote verde, como raíz en tierra seca. No había nada hermoso ni majestuoso en su aspecto, nada que nos atrajera hacia él.

Fue despreciado y rechazado: hombre de dolores, conocedor del dolor más profundo. Nosotros le dimos la espalda y desviamos la mirada; fue despreciado, y no nos importó.

Sin embargo, fueron nuestras debilidades las que él cargó; fueron nuestros dolores los que lo agobiaron. Sin embargo, fueron nuestras enfermedades las que él cargó; fueron nuestras dolencias las que lo agobiaron. Y pensamos que sus dificultades eran un castigo de Dios, ¡un castigo por sus propios pecados!
Pero él fue traspasado por nuestras rebeliones y aplastado por nuestros pecados. Fue golpeado para que nosotros estuviéramos en paz; fue azotado para que pudiéramos ser sanados.

Todos nosotros nos hemos extraviado como ovejas; hemos dejado los caminos de Dios para seguir los nuestros. Sin embargo, el Señor puso sobre él los pecados de todos nosotros.

Fue oprimido y tratado con crueldad; sin embargo, no dijo ni una sola palabra. Como cordero fue llevado al matadero. Y como oveja en silencio ante sus trasquiladores, no abrió su boca.

Al ser condenado injustamente, se lo llevaron. Fue humillado y no le hicieron justicia. A nadie le importó que muriera sin descendientes ni que le quitaran la vida a mitad de camino.

En cuanto a sus contemporáneos, ¿a quién le importó que le quitaran la vida estando a mitad de camino? Pues su vida fue quitada de la tierra. Pero lo hirieron de muerte por la rebelión de mi pueblo. Él no había hecho nada malo, y jamás había engañado a nadie. Pero fue enterrado como un criminal; fue puesto en la tumba de un hombre rico.

Formaba parte del buen plan del Señor aplastarlo y causarle dolor. Sin embargo, cuando su vida sea entregada en ofrenda por el pecado, tendrá muchos descendientes. Disfrutará de una larga vida, y en sus manos el buen plan del Señor prosperará.

Cuando vea todo lo que se logró mediante su angustia, quedará satisfecho. Y a causa de lo que sufrió, mi siervo justo hará posible que muchos sean contados entre los justos, porque él cargará con todos los pecados de ellos.” Isaías 53:1-11
El capítulo 53 de Isaías describe a alguien que no parece poderoso, a alguien que no llama la atención por su belleza, a alguien sin prestigio ni reconocimiento, a alguien que no provoca admirar.

Al contrario fue rechazado, diciendo “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores…”

Este es el retrato del Siervo Sufriente.

Recuerdo cuando muy joven estaba de visita en la ciudad de Bogotá y viajando en un bus abrí la Biblia justo en este pasaje, en Isaías 53. Era la primera vez que lo leía y fui tan quebrantado que lloré al entender el precio que Jesús pagó por mí.
El sufrimiento de Jesús que no era suyo. El dolor que cargaba no era suyo, la culpa que llevaba, no le pertenecía.

Algo muy impactante del pasaje es “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades…” nuestras fallas, nuestro pecado, nuestra rebeldía
Jesús no solo sufrió sino que sufrió en nuestro lugar, sufrió por mí, sufrió por tí.
Sus heridas tuvieron un propósito, fueron heridas para restaurar lo que el pecado había dañado.

“Por sus heridas fuimos nosotros sanados.”
La cruz no fue un accidente, fue un acto de amor subliminal.
Cada golpe, cada herida. cada momento de dolor, tenían un propósito:
tu restauración, mi restauración.

Silencio y entrega
Isaías dice algo poderoso: “Como cordero fue llevado al matadero… y no abrió su boca.”

Jesús tenía el poder para detener todo el sufrimiento, la injusticia, la humillación, pero eligió no hacerlo. Eligió amar, eligió entregarse, eligió obedecer.

Aplicación
Vivimos en una cultura que evita el sufrimiento a toda costa, pero Jesús nos muestra que el sufrimiento con propósito redime, que la entrega produce vida
y que el sacrificio transforma historias.

Mi madre amó a mi padre sin condiciones y le perdonó grandes ofensas cuando él le pidió perdón y sabes que por la gracia de Dios terminaron bien.

Aprendí de mi madre un amor sacrificial, a amar a pesar de todo.
El Siervo Sufriente nos invita a responder con gratitud, con rendición y con una vida entregada

Pregunta clave
Si Él lo dio todo por ti, ¿qué estás dispuesto a rendirle a Él?

Oración
Jesús, gracias por cargar lo que no podíamos cargar.
Gracias por tu amor, tu entrega y tu sacrificio.
Enséñanos a vivir con gratitud y a rendirte nuestras vidas completamente.
Que nunca olvidemos el precio que pagaste por nosotros.
Amén.

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Narrado por Juan Bravo, producido por Conectar Global

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