Es Tiempo de Conectar, enero 05
Pasión por las cosas de Dios
Dios busca hombres y mujeres que comparten Su pasión. Jesús ciertamente vino a “buscar y a salvar a los que se habían perdido” y Dios desea que todos sin excepción conozcan el poder transformador del evangelio.
Hoy quiero desafiarte a que experimentes la pasión de Dios por los miles de millones de personas quienes aún no han escuchado que Dios les ama.
La intimidad con Dios conduce al corazón de Dios y a una pasión por aquellos en necesidad y permite que la pasión de Dios llegue a ser nuestra pasión.
Así como nuestra intimidad debe ser continuamente cultivada, así también debe ser con
nuestra pasión.
Pasión es definida como una fuerza ardiendo que te domina; un poder que te mueve más allá de la actividad humana ordinaria. No te deja hasta que las metas de Dios sean alcanzadas.
La pasión es el fuego y la urgencia que nuestras vidas necesitan para mantener viva y activa nuestra entrega.
Recuerdo cuando un día iba al banco y en la entrada me llamó la atención una señora con varios niños que le contaba a otra señora de su misma clase social la situación que estaba pasando, que debido a la violencia en su región había tenido que ser desplazada a la gran ciudad y para acabar de ajustar había sido abandonada por el papá de sus hijos.
Estaba conmovido y no pude seguir mi día ignorando a esta familia, así que les invité a que se subieran a mi automóvil y les llevé a una gran tienda de víveres cerca de mi empresa.
A partir de ese momento junto con mi familia establecimos una relación con ellos y pudimos ser instrumentos para proveer alimentos y un mensaje de esperanza.
A lo largo de la historia vemos hombres y mujeres que no pudieron ignorar la necesidad a su alrededor. Personas como la Madre Teresa de Calcuta, los profetas y los apóstoles vivieron impulsados por una pasión que nacía de su relación con Dios. Jeremías describió esta experiencia como un fuego ardiendo en su corazón, imposible de contener. Pedro y Juan afirmaron que no podían dejar de hablar de lo que habían visto y oído.
Jesús nos recuerda que la cosecha está lista, pero que son pocos los obreros. La necesidad sigue siendo grande, y el llamado sigue vigente. Hoy, aun en medio de una era digital llena de oportunidades, millones de personas en distintas culturas y regiones del mundo no han escuchado que Jesús les ama.
El tiempo es hoy.
“Al ver a las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban agobiadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. La cosecha es abundante, pero son pocos los obreros –les dijo a sus discípulos. Pídanle, por tanto, al Señor de la cosecha que envíe obreros a su campo.” (Mateo 9:36-38).
Señor lléname hoy de tu pasión por aquellos que están cerca y aquellos que están lejos. Amén.
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