Es Tiempo de Conectar, junio 007

Examíname, oh Dios

«Señor, tú me examinas y me conoces. Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; aun de lejos conoces mis pensamientos.

Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos. Muéstrame si hay en mí algún camino malo, y guíame por el camino eterno.» (Salmo 139: 1-2, 23-24)

Pedimos salud cuando estamos enfermos, buscamos a Dios cuando enfrentamos dificultades y oramos por dirección cuando no sabemos qué decisión tomar.

Pero hay una oración que agrada a Dios y que requiere valentía y es esta de David, porque cuando le decimos a Dios que nos examine, nos volvemos vulnerables y permitimos que Su luz ilumine áreas de nuestra vida que quizás preferiríamos mantener ocultos.

Actitudes, reacciones, heridas, temores, resentimientos o hábitos que hemos aprendido a justificar o ignorar.

Y para ser honestos a ninguno de nosotros nos gusta sentirnos expuestos.
Todos tenemos puntos ciegos. Todos tenemos áreas donde pensamos que estamos bien, cuando en realidad necesitamos crecer. Todos somos expertos en ver los errores de los demás y mucho menos expertos en reconocer los nuestros.
Por eso esta oración es tan importante.

No porque Dios necesite descubrir algo acerca de nosotros pues Él ya nos conoce completamente. La pregunta es: ¿estamos dispuestos a conocernos a nosotros mismos?

El rey David entendió algo profundo. El mismo Dios que conoce cada rincón de nuestra alma no nos examina para condenarnos, avergonzarnos o rechazarnos. Nos examina porque nos ama.

Como un médico que identifica una enfermedad para poder sanarla o como un padre amoroso que corrige a sus hijos para ayudarlos a crecer o un artesano que esculpe con cuidado una pieza para convertirla en aquello para lo que fue diseñada.

La confesión honesta tiene poder.
Cuando reconocemos nuestras faltas, cuando dejamos de justificarnos y permitimos que Dios trabaje en nosotros, algo comienza a cambiar. Nuestro corazón se vuelve más sensible. Nuestra relación con Dios se profundiza. Nuestra vida se alinea más con el propósito para el cual fuimos creados.

Y aquí está la parte más hermosa: el Dios que nos examina es también el Dios que nos ayuda a cambiar.

Él no señala nuestras debilidades para dejarnos ahí, sino que nos las muestra para guiarnos hacia algo mejor.

Por eso David no termina su oración diciendo solamente: «Muéstrame lo que está mal». Él añade: «Guíame por el camino eterno».

Porque la meta no es simplemente identificar nuestros errores. La meta es encontrar el camino que conduce a una vida más abundante, más libre de nosotros mismos y más cerca de Dios.

Quizás hoy esta oración te resulte incómoda.
Tal vez hay áreas de tu vida que preferirías no revisar.
Pero recuerda esto: nunca estamos más seguros que cuando ponemos nuestro corazón en las manos de un Dios que nos conoce completamente y, aun así, nos ama profundamente.

Por eso, hoy te invito a hacer tuya esta oración:

«Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón. Pruébame y conoce mis pensamientos. Muéstrame aquello que necesita cambiar. Y guíame por el camino eterno.»
Amén.

curso recomendado. https://conectar.conociendoadios.net/course/intimidad-con-dios-descendiendo-a-lo-mas-profundo

Te animamos a que dones en el siguiente enlace https://conectarglobal.org/donaciones/ . Así nos apoyarás a seguir con este hermoso servicio de llegar a muchas más personas.

Y que hagas uno de nuestros cursos en ⁠www.cursoscad.com/cursos⁠ que son sin costo alguno.

Escrito por Jen Wilson, narrado por Juan Bravo, producido por Conectar Global

Dar clic a la siguiente imagen para entrar a los cursos

Si el mensaje ha hablado a tu vida, deja un comentario a continuación.