Es Tiempo de Conectar, febrero 008
¡Pídeme!
No cometerás adulterio
El sexo dentro del matrimonio es totalmente bueno y sumamente agradable. Es un regalo de Dios para las parejas que están casadas. Pero el sexo es tan poderoso que el planeta tierra está poblado por aproximadamente 8 mil millones de personas.
Recuerdo cuando era soltero y me parecía tan interesante escuchar a amigos casados decir que el sexo es la chispa del matrimonio.
Ya casado pude entender que el sexo es la «chispa» del matrimonio porque funciona como el motor de la pasión, la intimidad física y la conexión emocional que renueva el interés, el placer y el vínculo amoroso. Es ese fenómeno físico y químico que mantiene viva la fascinación mutua y la satisfacción y Dios es el creador de esto.
El sexo es muy bueno pero no es solo la unión de dos cuerpos, sino la unión de dos almas de dos personas. Cuando el sexo se maneja con ligereza y promiscuidad, se produce un gran daño. Hay personas heridas, matrimonios destruidos y lo peor de todo, familias destruidas.
Nuestra cultura, y en especial nuestra cultura latina puede minimizar el adulterio, de hecho Hollywood lo puede incluso idealizar, pero en el fondo, cada persona sabe instintivamente que el adulterio está mal y es una terrible traición al amor, al compromiso y a la lealtad del matrimonio.
Por eso, Dios nos da el sexto mandamiento para nuestro bien. Nos lo da para nuestra protección, para protegernos del dolor, la herida y la destrucción que produce el adulterio.
En el Sermón del Monte, en Mateo 5: 27-28, Jesús cita este mandamiento y también en este caso como en el de no matarás pone la vara muy alta y expresa su verdadero espíritu:
“Oísteis que fue dicho: ‘No cometerás adulterio’. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya cometió adulterio con ella en su corazón.”
Jesús nos enseña que este mandamiento prohíbe no solo el adulterio físico, sino también el adulterio del corazón.
Nuestro problema comienza cuando vemos a los demás como objetos para satisfacer nuestras pasiones locas y no como personas valiosas para amar.
Esto no significa que esté mal fijarse en personas atractivas del sexo opuesto. Eso no es lujuria, sino la respuesta normal del ser humano. La lujuria surge cuando vamos más allá y empezamos a fantasear con tener relaciones sexuales. Entonces se convierte en una violación del mandamiento.
Una cuestión más: ¿Cómo podemos evitar el adulterio y permanecer fieles a nuestro cónyuge y a Dios? Tres breves sugerencias.
Primero, cultiva tu relación con tu cónyuge, no te rindas, sede a tu egoísmo y disfruta de este regalo de Dios.
Segundo, cuida tus amistades con el sexo opuesto. No seas imprudente. Define de antemano los límites y no le des ocasión a las tentaciones.
Tercero, busca primero a Dios, repite la parte del Padre Nuestro que dice: guárdame de la tentación. No bajes la guardia y encuentra toda tu satisfacción en Aquel que es el único que puede llenar tu corazón y satisfacer tu necesidad.
Oración.
Dios, solamente en tí encuentro satisfacción, sólo tú puedes satisfacer mi alma sedienta de amor y de aceptación. Ayúdame a no dejar que la ira y la falta de perdón manejen mi relación conyugal y guárdame de caer en la tentación. Amén.
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