Devocional 017 agosto

Es Tiempo de Conectar, agosto 017

¿Cómo hacer la voluntad de Dios?

Dichoso es el quien no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los burladores, sino que en la ley del Señor se deleita. Día y noche medita en ella. Es como el árbol plantado junto a un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. Todo cuanto hace prospera. (Salmo 1)

La tendencia del ser humano es buscar ser independiente y creer que no necesita de Dios, hacer nuestra propia voluntad, obrar de la manera que nos parece, y desafortunadamente no consultamos ni recibimos inspiración en su Palabra. Existe una tensión y una lucha interna que nos aleja de Él, debido a que la naturaleza humana tiende a independizarse de Dios.

Encontramos en el Salmo 1 la mejor guía y la mejor dirección. Recuerdo que este Salmo, junto con otros, lo repetíamos todos los días en el carro cuando llevaba a nuestras tres niñas a la escuela, y también antes de dormir, y eran memorizados.

Primero: Bienaventurado, feliz, afortunado es aquél para quien no es determinante el consejo del mundo, las malas noticias, los consejos equivocados.

Segundo: Se deleita en la meditación de la Palabra. Memoriza los Salmos, estudia las Escrituras de día y de noche.

Tercero: Como un buen árbol que da buen fruto. Jesús dijo: «Por sus frutos los conoceremos.» Conoceremos a aquellos que son auténticos, no por las muchas palabras, ni por la experiencia solamente, ni por los buenos deseos, sino por su fruto. en Cambio,  El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio (Gálatas 5:22-23).

Cuarto: Y le va bien en todo esto no quiere decir que no se va a equivocar o fracasar, sino que todo resultará para bien para aquellos que aman al Señor. Debemos renovar nuestro entendimiento. 

En Romanos 12:2, Pablo nos anima a que no imitemos las conductas ni las costumbres de este mundo; más bien, dejemos que Dios nos transforme en personas nuevas al cambiar nuestra manera de pensar. «Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta.»

La renovación de nuestro entendimiento es crucial si queremos conocer la voluntad de Dios. Todos hablamos conforme a lo que escuchan . Evitemos las palabras negativas y la queja. Si ves que las cosas van mal, no hablemos lo que vemos, sino lo que queremos ver. Renovar tu mente es cambiar tu «disco duro», así que hazle el mantenimiento adecuado.

Entonces, primero: Conocer a Dios. Juan 7:28-29 dice: «Mientras Jesús enseñaba en el templo, exclamó: Ustedes me conocen y saben de dónde provengo. No estoy aquí por mi propia cuenta; el que me envió es veraz, y ustedes no lo conocen, pero yo sí lo conozco porque provengo de Él, y Él me envió a ustedes.» Jesús tuvo un ministerio éxitoso y con mucho fruto porque conoció la voluntad de Dios y la cumplió.

El mundo tiene un concepto equivocado de Dios y le cuestionan: «Si Dios es bueno, ¿por qué suceden las guerras? ¿Por qué la pobreza? ¿Por qué la situación en que me encuentro?» Aquel que cuestiona es porque tiene un concepto errado de Dios. Romanos 8:32 dice: «El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará tambien con Él todas las cosas?» Conocer a Dios es vivir conforme a lo que Él piensa. Cuando Jesús decía que conocía al Padre, estaba seguro de lo que Dios quería que Él hiciera. Si quieres conocer la voluntad de Dios, ten un encuentro con Él cada día.

Muchos fracasan porque no saben quién es Dios. Leen la Biblia y no saben lo que quieren. Si conocieran a Dios, evitarían errores que dañan sus vidas.

Segundo: Morir a nuestra voluntad. En Mateo 26:42 leemos: «Entonces Jesús los dejó por segunda vez, y oró: ‘Padre mío, si no es posible que pase esta copa a menos que yo la beba, entonces hágase tu voluntad.'» Jesús dijo: «Hágase tu voluntad,» aunque no fue fácil para Él. Orar de esta manera, el decir «hágase tu voluntad» por encima de propia voluntad.

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