▷Allanando el camino de nuestro corazón

Es Tiempo de Conectar, septiembre 02

Allanando el camino de nuestro corazón

««Consuelen, consuelen a mi pueblo —dice su Dios—.
Hablen con ternura a Jerusalén y díganle que se acabaron sus días tristes y que sus pecados están perdonados.
Sí, el Señor le dio doble castigo por todos sus pecados». ¡Escuchen! Es la voz de alguien que clama: «¡Abran camino a través del desierto para el Señor!
¡Hagan una carretera derecha a través de la tierra baldía para nuestro Dios!
Rellenen los valles y allanen los montes y las colinas; enderecen las curvas y suavicen los lugares ásperos.
Entonces se revelará la gloria del Señor y todas las personas la verán. ¡El Señor ha hablado!»» Isaías 40:2-5

Isaías 40 comienza con «el consuelo de Dios para Sión,» nuestro consolador es el Espíritu Santo.

Los cuatro evangelios dicen que esa profecía se cumplió en Juan el Bautista, que él fue el que abrió el camino.

Hay un tiempo para abrir el camino y volver a Dios.

Juan el Bautista predicó sobre el arrepentimiento e incluyó en su mensaje a los religiosos y tradicionales, así que no te conformes con ser un cristiano mediocre.

El llamado de Juan siempre fue, «vuélvanse al Dios del cielo con todo el corazón,» y la gente le preguntaba, ¿qué tenemos qué hacer?.

A los cobradores de impuestos les mandó que cobren lo justo, que tuvieran integridad.

Que el que tiene dos túnicas la comparta con el que no tiene, habló de generosidad.

A los soldados les habló de no extorsionar, de no calumniar y vivir con lo que ganan.

Juan invitó a preparar el corazón porque la gloria del Señor se va a manifestar; hoy nos encontramos en la antesala de un derramamiento del Espíritu Santo sin antecedentes en la historia, la Biblia dice que sobre toda carne, o sea sobre todo ser humano.

2 Corintios 7:1

«Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios»

Dios mío, enséñame, abre mis oídos para oír dame un corazón para obedecer.

Señor, te amo, sé que tu misericordia es grande y me la ofreces en este día. Limpia mi corazón para poder ver tu gloria. Perdóname si hago algo que te hiere, manifiesta tu gloria entre nosotros.

Este debe ser un compromiso diario.

El camino de la desobediencia lleva inevitablemente a alejarnos de Dios, mientras que el camino de la vida es entregarse a Él y confiar.

Cuando te decides por Jesús, Él es quien te guarda y pelea por ti, llevándote en cada momento a conocer que su voluntad sea agradable y perfecta pero debo decidir cuidar mi propio corazón.

La Biblia en Marcos 4:13-20 menciona cuatro tipos de corazones:

1) Los endurecidos. Los que a raíz de las heridas han decidido cerrarse a creer. Es como la parábola del hijo pródigo, donde uno de los hermanos decide irse mientras que el otro, aunque se había quedado en casa, vivía insatisfecho. Lo tenía todo pero no disfrutaba de nada. Escondía una frustración secreta que no le permitía ser feliz. Cuando uno no está abierto a tratar con las frustraciones, los pequeños enojos se transforman en grandes raíces de amargura.
2) Los de poca raíz. Son quienes reciben la Palabra pero en medio de las pruebas se olvidan de ella y tropiezan tomando malas decisiones.
3) Los que crecen entre espinos. Son quienes creen en Jesús pero las preocupaciones y los entretenimientos de la vida van apagando su fe
4) Los dispuestos. Son quienes a pesar de sus fallas, creen y se dejan llevar por Dios.

En este tiempo tenemos que permitirle al Espíritu Santo limpiar nuestro corazón y avanzar en la fe.

¡En la medida que crees y te has acercado a Jesús, ya eres un nuevo hombre o mujer y tienes un nuevo nombre!

En Isaías 62:2-4 leemos:

“Las naciones verán tu justicia, y todos los reyes tu gloria; recibirás un nombre nuevo, que el Señor mismo te dará. Serás en la mano del Señor como una corona esplendorosa,¡como una diadema real en la palma de tu Dios!

Ya no te llamarán «Abandonada», ni a tu tierra la llamarán «Desolada», sino que serás llamada «Mi deleite»; tu tierra se llamará «Mi esposa»; porque el Señor se deleitará en ti, y tu tierra tendrá esposo.”

Vemos cómo Dios nos da una nueva identidad, aunque nosotros mismos nos hayamos etiquetado con algún rótulo, tal como “el egoísta”, “la ansiosa”, “el amargado”, “la limitada”, etc… Dios no desea que continuemos viviendo de acuerdo a nuestra etiqueta sino conforme a sus maravillosos planes.

Tenemos el ejemplo de Abram (Padre enaltecido) a quien el Señor le cambió el nombre por Abraham (padre de multitudes) o también cuando Jesús llamó a Simón (junco) y le cambió el nombre por Pedro (roca).

Y ya no vivamos conforme al nombre del que nos hemos aferrado, sino el que está de acuerdo a la nueva identidad victoriosa de Dios.

¡El buen corazón es el que está preparado para que Dios lo cambie y se produzca ese crecimiento espiritual sin límites, siguiendo a Dios en todo tiempo!

En el Antiguo Testamento vemos que el pueblo giraba en torno a la gloria de Dios que estaba depositada en el tabernáculo. Cuando la nube se detenía, el pueblo acampaba en ese sitio, y cuando la nube se movía, el pueblo continuaba su marcha, de esta manera alcanzaron propósitos increíbles.

En nuestros días, podemos acostumbrarnos más a la liturgia (el orden del culto) que a la presencia de Dios; lo cual es un grave riesgo pues no podemos perder de vista la presencia de Dios y buscar al Espíritu Santo para que nos guíe hacia sus planes y nos ayude en nuestro andar.

Nuestra decisión está en mantener esa espiritualidad más allá de las actividades y preocupaciones que puedan surgir; de permitirle al Señor que no sane las heridas y poder avanzar en la fe.

Hay quienes pretenden ir hacia lo nuevo de Dios sin soltar el pasado y esto no es posible.

El Señor quiere que limpiemos el corazón y crezcamos en perdonar y olvidar.

Tenemos qué ir incorporando a nuestras vidas todo lo bueno, lo honesto, lo puro, lo que trae bendición. Esto es tener un buen corazón.

En 1 Samuel 9:2 vemos cómo Dios responde el pedido del pueblo de que tengan la posibilidad de tener un rey, de la manera de las naciones vecinas de Israel. Saúl era joven, hermoso y más alto que cualquier otro. Sin embargo, todo lo que era en apariencia, le faltaba en integridad. Su corazón no era recto, pues estaba repleto de envidias, inseguridades y altivez.

En 1 Samuel 13:13-14 vemos cómo Dios quería darle todo a Saúl pero él se había enaltecido y se había apartado de la voluntad y los preceptos del Señor.

Fue así como Dios buscó a alguien conforme a su corazón, como David.

Se está levantando una nueva generación de Davides, que están desesperados por atrapar la presencia de Dios y rendirse bajo su voluntad.

¡Dios quiere ungirte para que logres lo que nunca antes se había logrado! Pero para alcanzarlo es necesario que te decidas.

¿Qué camino elegir? ¿Estás dispuesto a dejar el pasado atrás y avanzar con un corazón limpio hacia lo que Dios tiene por delante?

¡Esa es la decisión que el Señor está esperando de ti!

Ya no eres el que creías que eras, sino que tienes una nueva identidad espiritual.

¡Nos espera un tesoro inmenso cuando nos decidimos por Jesús!

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