Es Tiempo de Conectar, enero 25
Discernir los tiempos es de sabios.
Por lo tanto, siempre les recordaré todas estas cosas, aun cuando ya las saben y están firmes en la verdad que se les enseñó. Y es justo que deba seguir recordándoselas mientras viva, pues nuestro Señor Jesucristo me ha mostrado que pronto tendré que partir de esta vía terrenal, así que me esforzaré por asegurarme de que siempre recuerden estas cosas después de que me haya ido.
Pues no estábamos inventando cuentos ingeniosos cuando les hablamos de la poderosa venida de nuestro Señor Jesucristo. Nosotros vimos Su Majestuoso Esplendor con nuestros propios ojos, cuando Él recibió honor y gloria de parte de Dios Padre. La voz de la Majestuosa Gloria de Dios le dijo:
«Este es mi Hijo, muy amado, quien me da gran gozo.» — 2 Pedro 1:17
Nosotros mismos oímos aquella voz del cielo cuando estuvimos con Él en el monte Santo. Debido a esa experiencia, ahora confiamos aún más en el mensaje que proclamaron los profetas. Ustedes deben prestar mucha atención a lo que ellos escribieron, porque sus palabras son como una lámpara que brilla en un lugar oscuro hasta que el día amanezca y Cristo, la estrella de la mañana, brille en el corazón de ustedes.
Sobre todo, tienen que entender que ninguna profecía de la Escritura jamás surgió de la comprensión personal de los profetas, ni por iniciativa humana. Al contrario, fue el Espíritu Santo quien impulsó a los profetas y ellos hablaron de parte de Dios. (2 Pedro 1:12-21).
Hace dos mil años el apóstol Pedro insta a sus lectores a que tengan lucidez espiritual. Pero es consciente que su tiempo se está agotando, que pronto va a morir y escribe con claridad y nos deja una guía para no perdernos en la confusión de los tiempos, pasados, ni en los actuales. Quizá Pedro no tenía idea de que iban a pasar más de dos mil años y que sus palabras serían igual de relevantes o importantes.
Hay tres cosas en las que quiero hacer énfasis hoy. La primera es que Pedro comienza diciendo siempre de recordar estas cosas, aun cuando ya las saben. Vivimos una batalla real: desde el Génesis el hombre y la mujer están en batalla, y esta batalla es espiritual. Pedro enfatiza en la necesidad de discernir y no olvidar, pues ahora más que nunca el mundo actual produce mucho ruido. Las ideologías de moda y el afán diario actúan como una anestesia que nos hace olvidar de qué estamos hechos, nuestro propio diseño.
Así que discernir significa poner cuidado, no tragar entero; que nuestras familias y nuestras iglesias se afirmen en la verdad que encontramos en las Escrituras, la verdad que ya fue entregada a nosotros y que ha sido un fundamento tan sólido que ni el tiempo ni la persecución, nada ha podido destruirla. No hay necesidad de buscar una nueva revelación, sino afirmar la verdad que ya nos fue entregada.
La segunda es que la Biblia no es una cantidad de cuentos inventados por engañadores, sino que es una realidad. El apóstol Pedro enfatiza que no nos habló «cuentos chinos», como dicen en mi tierra. Es común ver a lo largo de Hispanoamérica que estamos pasando por una era de posverdad donde cada uno construye su propia realidad. A los últimos matrimonios a los cuales mi esposa Adriana y yo hemos sido invitados, han sido influidos por corrientes de la Nueva Era. Sin embargo, el apóstol Pedro no nos da rodeos, sino que nos ancla a la historia.
Nosotros vimos su majestuoso esplendor. Nuestra fe no se basa en teorías abstractas, sino en un evento histórico: en la gloria de Cristo manifestada por medio de una virgen y después confirmada por la resurrección de Jesús. Discernir los tiempos actuales requiere distinguir entre las corrientes culturales pasajeras y la verdad eterna e inmutable de Dios.
Y tercero, para terminar, contamos con una lámpara que nos alumbra en un mundo oscuro. Pedro nos da la herramienta clave para discernir y es la palabra profética. Él la describe como una lámpara que brilla en un lugar oscuro. El mundo actual puede ofrecer muchas alternativas, pero la Escritura no es un invento humano; es el Espíritu Santo hablando a través de los hombres.
«Tu palabra es una lámpara que guía mis pies y una luz para mi camino.» — Salmo 119:105
¿Quieres que se caigan las escamas que han nublado tu vida y que no te dejan ver con claridad? Para discernir los tiempos actuales, debemos mirar el mundo a través del lente de la Biblia y no la Biblia a través del lente del mundo. Si la estrella de la mañana, que es Jesús, brilla en tu corazón, tendrás la claridad necesaria para ver las trampas del enemigo y la belleza del diseño de Dios en medio de la oscuridad.
Oremos. Señor, gracias por tu palabra que no falla. En un tiempo de tantas voces, ayúdame a escuchar la tuya, que mi corazón esté firme en la verdad y que pueda discernir los tiempos no con temor, sino con la luz de tu espíritu. Amén.
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