Es Tiempo de Conectar, noviembre 10
¿Qué nos dice la Regla de Oro?
“Haz a los demás todo lo que quieras que te hagan a ti.” Mateo 7 :12
La regla de oro es una de las máximas morales más conocidas a nivel mundial, es una regla general de comportamiento que está basada en tratar a los demás como nos gustaría que nos tratasen.
Cuando decides vivir la vida de una manera diferente, cuando te das cuenta de la enorme cantidad de gente en todo el mundo en necesidad, cuando te fatigas de vivir una vida egoísta donde todo gira alrededor de ti, de tus intereses, cuando fijas tus ojos en los recursos de Dios, tu vida va a empezar a cambiar para siempre.
Desde muy jóven desarrollé el hábito de orar y leer la Biblia a primera hora del día y en un momento de intimidad con Dios y bajo presión de los afanes que trae ser empresario leí en Proverbios que dice: “Servir al pobre es hacerle un préstamo al Señor; Dios pagará esas buenas acciones.”
La verdad es que necesitamos llegar a un punto de cansancio. Cansancio de pasar la vida sólo luchando. Cansancio de la presión del mundo viviendo una vida sin fruto girando solamente alrededor de mis propios deseos, planes y necesidades.
La Regla de Oro nos invita a ser personas que no sólo empatizan con la necesidad de otra persona, sino que siente impulso por hacer algo.
En Mateo 9:35 nos dice que “Jesús recorría todos los pueblos y aldeas enseñando en las sinagogas, anunciando las buenas noticias del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Al ver a las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban agobiadas y desamparadas, como ovejas sin pastor.”
O cuando le trajeron a una mujer sorprendida en adulterio y él en vez de juzgarla le extendió una mano de compasión.
A lo largo de la historia hemos tenido personas que inspiran a no quedarnos quietos sino sentir el dolor ajeno y una de ellas es Chiara Lubich, fundadora del Movimiento Focolare en Trento, norte de Italia, en el año 1939 durante la Segunda Guerra Mundial.
Al caer bombas sobre la ciudad, vieron la oportunidad de compartir algo que las bombas no podían destruir y era el amor de Dios. El Movimiento Focolare ahora cuenta con sedes en más de 180 naciones haciendo una contribución y compartiendo el amor de Dios de una manera tangible con damnificados por diferentes tragedias.
O el sentimiento de compasión que han tenido naciones como Colombia, Ecuador, Perú y Chile entre muchos con los millones de refugiados venezolanos que han tenido que salir de su tierra para buscar trabajo y poder enviar ayuda a sus familias que quedaron atrás.
El Salmo 112:1-9 nos dice:
“Dichoso aquel que honra al Señor y se deleita obedeciendo sus mandatos.
Sus hijos tendrán poder en la tierra, y serán bendecidos por su rectitud.
Su casa rebosará de bienestar y de riquezas, y
Su justicia permanecerá para siempre.
Para los justos, la luz brilla en las tinieblas.
Dios es bueno, justo y compasivo.
El hombre bueno es compasivo y generoso;
Todos sus negocios los maneja con justicia, y por eso
Nunca tendrá tropiezos.
El hombre justo siempre será recordado;
Vivirá sin temor a las malas noticias, y
Su corazón estará firme y confiado en el Señor.
Su corazón estará tranquilo, sin ningún temor, y
Llegará a ver la caída de sus enemigos.
El justo comparte con los pobres lo que tiene;
Su justicia permanece para siempre, y
Con mucha honra puede ostentar su poder.”
Es el Espíritu Santo en ti que puede hacer posible que vivamos una vida que agrada a Dios y hacer la diferencia en los que nos rodean, de otra manera vivimos una vida que constantemente lucha y se mantiene seca.
El secreto está en pasar tiempo a solas con Dios, en que Él sea el primero que saludas cuando te levantas, es el primero con el cual te comunicas, el primero que oye tus necesidades y el primero a quién escuchas al meditar en su Palabra.
¡Sus promesas son reales, te animo a que creas!
Amar a Dios sobre todas las cosas es rendir nuestra vida a Él, es pasarte al segundo lugar y dejar que Él tome el timón de tu vida, es decirle que sin Él somos poca cosa y que sin Su Espíritu no lo podemos lograr.
En este mismo momento, inclínate delante de Él, y dile que te llene de Su presencia.
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