Es Tiempo de Conectar, noviembre 11
Corriendo la Carrera de la Vida y Terminando Bien
John Stephen Akhwari es una leyenda olímpica. Al representar a su país, Tanzanía, en los Juegos Olímpicos de Ciudad de México en el año 1968, era el favorito para ganar la maratón olímpica.
Mientras competía sufrió calambres probablemente debido a la altitud de la Ciudad de México, ya que nunca había entrenado a tal altitud en su país. Cuando llegaba al kilómetro diecinueve, tuvo una grave lesión y a pesar de que el personal médico le recomendó abandonar, continuó y llegó de último entre los 57 competidores que completaron la carrera, 18 se habían retirado antes de terminar.
A pesar de que los oficiales de la carrera lo habían urgido para que abandonara la carrera y buscara un tratamiento, éste rehusó. Con sangre y con vendas, él continuó.
El ganador de la carrera, un etíope, había pasado la línea de llegada más de una hora antes y los tres medallistas ya habían recibido sus premios.
Cuando los últimos espectadores se preparaban para partir, los sonidos de sirenas de la policía llamó su atención justo en la entrada del estadio. La puerta se abrió y la gente comenzó a celebrar. John Stephen Akhwari estaba terminando la carrera.
Cuando se le preguntó porqué había continuado a pesar de las heridas y a sabiendas de que no tenía esperanzas de ganar, el corredor respondió:
Mi país no me envió a 8.000 kilómetros de distancia para comenzar la carrera; me envió para que terminara.
Todos estamos corriendo la maratón de la vida y Dios quiere que la terminemos bien.
Antes de que nacieras, Dios hizo planes para que vivieras una vida llena de su plenitud con el fin de glorificarle a Él. Cuando tomaste la decisión de seguir a Cristo, comenzaste una nueva vida que incluía una línea de partida y una de llegada. De la misma manera que John Stephen Akhwari, tu meta no es sólo comenzar sino terminar.
Dios nos da el privilegio de correr la carrera puesta delante de nosotros con creciente gozo, fe y obediencia no para nosotros mismos sino para Dios quién nos llamó.
Podemos terminar bien y soportar los sufrimientos cuando mantenemos nuestros ojos en Jesús. Muchos otros han ido delante de nosotros y terminaron bien. Así que tú también lo puedes hacer.
Te animo a que pienses por un momento cómo te quieres ver terminando la carrera de la vida. Personalmente quiero verme con la misma esposa, quiero inspirar a la siguiente generación y quiero ver a mis nietos caminando con Dios y nuestro llamado en Conectar Global es llenar al mundo hispano parlante con las Buenas Nuevas del Evangelio.
Recuerdo un sueño que tuve muy jóven en el cual me veía terminando bien pero con lo justo, lo compartí con mi líder espiritual quien me dijo exactamente lo que me ocurrió años adelante en donde Dios me guardó de la tentación de caer en pecado y también de un atentado.
Terminar bien es parte de la ecuación de la existencia humana y que debo incluir en mis oraciones.
Una investigación hecha por el Doctor Robert Clinton sobre líderes cristianos actuales y también los mencionados en la Biblia, reveló que únicamente el 30% de los líderes terminan bien (Rice, 2007, p 16).
La razón por la cual el 70% no terminan bien, está relacionado con un quebranto en su vida personal, el mal uso de finanzas, abuso de poder y autoridad, orgullo, fracaso sexual, problemas familiares y estancamientos en su crecimiento personal.
Después de examinar la vida de cientos de líderes bíblicos, históricos y contemporáneos, el doctor Clinton obtuvo una perspectiva muy clara de cómo se forman los líderes a lo largo del tiempo.
Si nos atenemos a este estudio, existen un 70% de posibilidades de que no termines bien, es precisamente una de las razones que Jesús nos insta a entrar por la puerta estrecha, la puerta que requiere esfuerzo diario, reflexión diaria, negación diaria, caminar con otros, permitir que ellos hablen a nuestras vidas, que oren por nosotros, reconocer con humildad nuestra propia fragilidad, terquedad e inseguridad, algo tan humano.
Hay cuatro enemigos por vencer, el dinero, el sexo, el poder y el orgullo y en otro devocional hablaremos más de esto.
Para terminar, permitamos que Proverbios 3: 1-10, nos hable.
“Hijo mío, no te olvides de mis enseñanzas; más bien, guarda en tu corazón mis mandamientos.
Porque prolongarán tu vida muchos años y te traerán paz.
Que nunca te abandonen el amor y la verdad: llévalos siempre alrededor de tu cuello y escríbelos en la tabla de tu corazón.
Contarás con el favor de Dios y tendrás buen nombre entre la gente.
Confía en el Señor de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia.
Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus sendas.
No seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al Señor y huye del mal.
Esto infundirá salud a tu cuerpo y fortalecerá tus huesos.
Honra al Señor con tus riquezas y con los primeros frutos de tus cosechas.
Así tus graneros se llenarán a reventar y tus bodegas rebosarán de vino nuevo.”
oramos a tí, a nadie ni nada más, me conoces tanto Jesús, dame fe, fuerza y la paciencia necesaria para terminar bien este día y todos los días. Amén.
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