Es Tiempo de Conectar, noviembre 19
El Poder de las Palabras
“El que ama la lengua comerá de sus frutos; ella tiene poder sobre la vida y la muerte.” Prov. 18:21
Otro versículo que es importante memorizar es 1 Pedro 3:10, “El que quiera amar la vida y llegar a ver días buenos, debe refrenar su lengua del mal, y sus labios no deben mentir.”
Y otro muy importante, Prov. 17: 28, “Aun el necio, cuando calla, es tenido por sabio;
el que cierra sus labios es inteligente.”
La manera como hablamos, las palabras que decimos son un indicador que muestra qué tanto nos hemos rendido a Dios. Si hemos logrado que nuestras mentes sean renovadas por la Palabra esto se va a ver reflejado por medio de nuestras conversaciones.
Y si por el contrario no dejamos atrás nuestros hábitos y creencias del pasado, nuestra forma de hablar va a mostrar qué tanto hemos avanzado. Si nuestras almas, o sea la manera como pensamos y hablamos no están rendidos a Dios, nuestra lengua nos va a delatar.
Levantando una generación fuerte.
Lucas 6:45,
“El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo, porque de la abundancia del corazón habla la boca.”
No podremos levantar una generación diferente a la nuestra si no controlamos lo que le decimos a nuestros hijos, si siempre los estamos sub-valorando, si les decimos desde pequeños que ellos no sirven, que no tienen futuro, que son feos, que son perezosos, etc. y exactamente pasa con aquellos que están bajo nuestro liderazgo
Dios creó el universo con la Palabra y se comunicó con nosotros por medio del Verbo y se comunica todavía por medio de la Biblia, Su Palabra inspirada. Esto significa que las palabras tienen poder de levantar o de destruir y es por eso que debemos tener cuidado de hablar lo que se nos viene a la mente, los pensamientos que tenemos de nosotros mismos y de los demás.
Nuestras palabras tiene gran poder de bendecir o de maldecir. Al enfrentar una adversidad, una enfermedad, una estrechez económica o una incompetencia, lo primero que debe salir de nuestra boca es lo que dicen las Escrituras.
Por ejemplo cuando tengo un problema más grande que mis facultades para enfrentarlo, digo lo que dice Dios en la Escrituras,
Una gran adversidad – “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Filipenses 4:13.
Una estrechez económica – “Mi Dios suplirá todo lo que falte según Sus riquezas en gloria.” Fil. 4:19.
Una enfermedad – “Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores.” Isaías 53: 4
En medio de las tempestades de la vida: “Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma.” Mateo 8:26.
Esta siempre debe ser nuestra primera reacción, hablar la Palabra y no confesar lo que ves. Recuerda que Dios hizo lo que se ve de lo que no se ve. Hebreos 11:3.
Pero lo importante es evaluar de qué está lleno tu corazón, Jesús dijo en Lucas 6:45 que “de la abundancia del corazón habla la boca.”
Si tu corazón está lleno de afanes, de amargura, de falta de perdón, de codicia y de falta de fe, va a ser reflejado por tus palabras. Uno fácilmente puede ubicar a una persona por lo que dice.
Por lo tanto lo que hablemos puede traer sanidad, paz, liberación y vida o todo lo contrario.
Hoy confieso que soy hijo(a) del Altísimo y que por esto soy preciosa, amada, especial, hermosa, inteligente y con un gran futuro. Gracias Dios.
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