Es Tiempo de Conectar, octubre 22
Alumbrando a punta de golpes
“»Haz un candelabro de oro puro labrado a martillo. Todo el candelabro y sus decoraciones serán de una sola pieza: la base, el tronco, las copas para las lámparas, los capullos y los pétalos.
Hazlo con seis ramas que salgan del tronco, tres a cada lado. Luego haz las siete lámparas para el candelabro y acomódalas de tal manera que reflejen la luz hacia adelante.” Éxodo 25:31-32,37
“»Ordénale al pueblo de Israel que te traiga aceite puro de olivas prensadas para la iluminación, a fin de mantener las lámparas siempre encendidas.” Éxodo 27:20
En el devocional anterior nos detuvimos frente al altar del incienso, de donde surge la adoración a Dios. Hoy miramos otra importante pieza, el candelabro de oro.
Existe algo curioso y es que esta parte del tabernáculo no tenía ventanas, ¿te has preguntado de donde provenía la luz para alumbrar este lugar?
Una vez adentro la única luz era la del candelabro y sin esa luz, el sacerdote no podía ver el pan, usar el incensario ni servir.
El candelabro tenía un tronco central y seis brazos, tres a cada lado, con siete lámparas decoradas con flores de almendro apuntando a Jesús, que dijo: “Yo soy la luz del mundo”. Pero también apunta a nosotros, porque el mismo Jesús nos dijo: “Ustedes son la luz del mundo”.
Cuatro puntos
1. “Y el Espíritu del Señor reposará sobre él: el Espíritu de sabiduría y de entendimiento, el Espíritu de consejo y de poder, el Espíritu de conocimiento y de temor del Señor. “ Isaías 11:2
Isaías describe el Espíritu que reposaría sobre el Mesías: el Espíritu del Señor, y con Él, el espíritu de sabiduría y de inteligencia, de consejo y de poder, de conocimiento y de temor del Señor.
Cuán necesario es que nos movamos, no bajo nuestra propia sabiduría ni impresiones sino que seamos llenos del Espíritu.
2. Era labrado a martillo: Dios forma nuestra luz en el proceso
El candelabro se hizo de una sola pieza de oro, trabajada a golpes de martillo hasta tomar su forma. Cada brazo, cada flor y cada copa nació de un golpe.
A veces no entendemos los golpes de la vida, pero Dios los usa para formar en nosotros una luz que otros puedan ver.
Joni Eareckson Tada, conocida como Joni, es una autora, conferencista y activista cristiana quien quedó tetrapléjica a los 17 años tras un accidente de buceo. Pasó por la desesperación y la pregunta de por qué. Hoy, desde su silla de ruedas, ha llevado esperanza a personas con discapacidad en todo el mundo. Su luz se formó a golpes, y alumbra a millones.
3. Aceite puro: sin el Espíritu no hay luz
El candelabro era de oro, pero sin aceite no podía alumbrar. Dios pidió aceite puro de olivas machacadas, y en la Escritura el aceite es imagen del Espíritu Santo. Cuando el profeta Zacarías vio un candelabro alimentado por olivos, Dios le dijo: no con ejército ni con fuerza, sino con mi Espíritu.
Para poder obtener aceite de las olivas era necesario que pasaran por un proceso de ser golpeadas, machacadas. Nuestra mente y nuestras ideas deben pasar por procesos de cambio y revelación.
El candelabro puede ser hermoso, pero solo el aceite puro lo hace brillar.
4. La luz se cuida con las despabiladeras
Cada mañana y cada tarde, el sacerdote limpiaba las lámparas, cortaba la mecha quemada y añadía aceite, para que la luz ardiera continuamente. La luz no se da por sentada; se cuida.
Ida Lewis, una rescatista famosa de la historia marítima de los Estados Unidos y a quien se le dio el reconocimiento como «la mujer más valiente de América» era la encargada de cuidar los faros en Rhode Island en el siglo XIX.
Cada noche subía a cuidar el faro que alumbraba hacia el océano porque sabía que los barcos dependían de esa luz para no estrellarse. Se le atribuyen al menos dieciocho rescates en el mar.
Alguien allá afuera, que lucha en medio de su tormenta, también depende de que tu luz siga encendida.
Aplicación
Pregúntate hoy: ¿qué está opacando mi luz? Tal vez una mecha usada y quemada que necesitas dejar que Dios recorte: un hábito, una amargura, un cansancio que no has entregado. O tal vez estás intentando alumbrar sin aceite sino con tus propias fuerzas.
Esta semana, comienza y termina cada día pidiendo al Espíritu Santo que te llene de nuevo. Y piensa en una persona concreta que necesita ver la luz de Cristo en ti: en tu casa, en tu trabajo o en tu ministerio.
En el próximo devocional y ya con la lámpara encendida, vamos a cubrir las mesa de los panes donde Dios nos invita a la comunión.
Oración
Señor Jesús, tú eres la luz del mundo. Gracias porque en medio de nuestra oscuridad brillaste, y porque nos llamaste a llevar tu luz.
Confesamos que muchas veces no entendemos los golpes de la vida, pero hoy te pedimos que los uses para darnos forma. Que cada prueba nos haga más parecidos a ti y nos prepare para alumbrar a otros.
Espíritu Santo, llénanos de tu aceite. En el nombre de Jesús, amén.
Si esta reflexión ha hablado a tu vida, déjanos tu comentario, comparte con otros y suscríbete al canal. Dios te bendiga.