Es Tiempo de Conectar, noviembre 25
Las Sorpresas de Dios
Leemos en Juan 2:1-10.
Al día siguiente, se celebró una boda en la aldea de Caná de Galilea. La madre de Jesús estaba presente, y también fueron invitados a la fiesta Jesús y sus discípulos.
Durante la celebración, se acabó el vino, entonces la madre de Jesús le dijo: Se quedaron sin vino.
Apreciada mujer, ese no es nuestro problema, respondió Jesús. Todavía no ha llegado mi momento.
Sin embargo, su madre les dijo a los sirvientes: «Hagan lo que él les diga».
Cerca de allí había seis tinajas de piedra, que se usaban para el lavado ceremonial de los judíos. Cada tinaja tenía una capacidad de entre setenta y cinco a ciento trece litros.
Jesús les dijo a los sirvientes: «Llenen las tinajas con agua». Una vez que las tinajas estuvieron llenas, les dijo: «Ahora saquen un poco y llévenselo al maestro de ceremonias». Así que los sirvientes siguieron sus indicaciones.
Cuando el maestro de ceremonias probó el agua que ahora era vino, sin saber de dónde provenía (aunque, por supuesto, los sirvientes sí lo sabían), mandó a llamar al novio.
«Un anfitrión siempre sirve el mejor vino primero, le dijo, y una vez que todos han bebido bastante, comienza a ofrecer el vino más barato. ¡Pero tú has guardado el mejor vino hasta ahora!».
El liderazgo y las cosas que Jesús hace nos sorprenden a todos. Aquí vemos a Jesús supliendo la necesidad de quienes quizás eran amigos de su mamá, una necesidad que no se vé nada espiritual pero que María conociendo las cualidades de su propio hijo, el único hijo concebido por el Espíritu Santo, va a él y expone una necesidad puntual, se acabó el vino y es probable que faltan aún muchos días para que terminara la celebración de la boda pues en esa cultura las bodas no duran un sólo día sino muchos.
Este era un momento de celebración y de fiesta, de regocijo donde la gente vestía sus mejores atuendos, celebraban, cantaban, bailaban, bromeaban, se reían y se divertían. Lo curioso es que Jesús en vez de juzgar a aquellos que les gustaba el vino, como lo haría un religioso de nuestra época, transformó más de 120 galones de agua en el mejor vino. Vemos cómo Jesús hace las cosas en abundancia. No sólo hubo cantidad de vino sino un vino de la mejor calidad.
Es por esto que debes concientizarte de que a Jesús le gustan los grandes proyectos, las grandes necesidades, Él quiere darte más y más vida y alegría, Él quiere que veas Su gloria.
El simple hecho de que María fuera y le presentara a Jesús una necesidad puntual, como, se acabó el vino, y hacer lo que él dice, hizo que se realizara un milagro que quedó registrado en la Biblia hasta llegar a nuestros días 2.000 años después.
Una de las cosas que aprendemos de esto es que cuando tenemos una necesidad y vamos a Jesús, Él nos sorprende dándonos mucho más.
Efesios 3:20, “Y ahora, que toda la gloria sea para Dios, quien puede lograr mucho más de lo que pudiéramos pedir o incluso imaginar mediante su gran poder, que actúa en nosotros.”
Te vas a sorprender cuando te apoyas en el poder de Dios y cuando dependes de Él pues ha prometido hacer mucho más de lo que pedimos o esperamos.
¿Se te acabaron las expectativas de una vida agradable y feliz? Jesú es experto en cambiar tus circunstancias.
¿Tienes un hijo en problemas? Ve a Jesús.
¿Tu matrimonio está pasando por un momento difícil? Ve a Jesús.
¿Tienes circunstancias económicas imposibles de suplir? Apóyate en Jesús.
¿No tienes suficientes recursos para acabar de pagar la universidad? Pide a Jesús que supla tu necesidad.
¿Quieres tirar la toalla y decir no más iglesia, no más Biblia? Dile a Jesús.
Jesús convierte el agua de una vida sin él, en el mejor vino de una vida con él. Quizás María no esperaba que la vida con su hijo fuera tan fascinante pero aquí ella ayudó a ponerle sal al comienzo del ministerio de Jesús.
La clave de este milagro fue las instrucciones precisas de María , “hagan lo que él les diga.”
Cuando vamos en oración a Él, Él nos sorprende, así que espera que te sorprenda, estoy seguro que va a hacer el milagro que tanto necesitas.
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