Es Tiempo de Conectar, septiembre 002
El veredicto que más nos debe importar
“¿Cuánto más les tengo que decir? Se necesitaría demasiado tiempo para contarles acerca de la fe de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y todos los profetas…sin embargo, otros fueron torturados…algunos murieron apedreados, a otros los cortaron por la mitad con una sierra y a otros los mataron a espada. Algunos anduvieron vestidos con pieles de ovejas y cabras, desposeídos y oprimidos y maltratados. Este mundo no era digno de ellos.” Hebreos 11:32-38
El mundo los trató como si no valieran nada. Los persiguió, los mató. Les dejó saber que no eran suficientes, que no encajaban, que el mundo estaría mejor sin ellos.
Pero Dios dijo algo exactamente opuesto: Este mundo no era digno de ellos.
1. Los que el mundo descartó — y Dios reivindicó
Los héroes de la segunda mitad de Hebreos 11 ni son famosos ni tienen estatuas en las plazas ni se mencionan en clases de historia. Son los sin nombre.
«Anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados.» Hebreos 11:37
Pobres, angustiados, maltratados. Sin dirección fija, sin reconocimiento, sin nadie que les dijera: tu vida importa, lo que haces es valioso, no estás solo.
Pero el mundo los ignoró y los marginó pero Dios los inmortalizó en su Palabra diciendo:
El mundo no era digno de ellos.
2. El veredicto que el mundo pronuncia — y el que Dios pronuncia
Hay dos veredictos que compiten por definir nuestras vidas.
El primer veredicto es el del mundo y lo puede hacer de muchas maneras quizás usando métricas a la cuales somos sensibles como cuántos seguidores tienes, cuánto ganas, qué posición ocupas, donde vives, quién te conoce, etc.
Si no cumples con las expectativas, el mundo dice que no eres valioso, que eres prescindible y reemplazable.
El segundo veredicto es completamente diferente y ese lo pronuncia Dios.
Cuando el profeta Samuel fue en busca del próximo rey de Israel fue a la casa de Isaí que tenía hijos con gran potencial pero eligió al de menor perfil, eligió al que cuidaba las ovejas.
Cuando Dios buscó entre muchas mujeres para que fuera la mamá de su Hijo, fue a Nazaret, aquel pueblo del que Natanael afirmó: ¿puede salir algo bueno de ahí?
El patrón de Dios es buscar donde el mundo no valora, llamar a quien el mundo ignora y usar lo que el mundo descarta.
«Dios escogió lo necio del mundo para avergonzar a los sabios… lo débil para avergonzar a lo fuerte… lo que no es, para deshacer lo que es.» — 1 Corintios 1:27-28
3. Sofía Muller (1910- 1955) — el mundo no era digno de ella
En 1944 una mujer llamada Sofía Muller llegó a Colombia.
Venía de Nueva York donde tenía una carrera exitosa y prometedora como diseñadora gráfica e ilustradora. El mundo que dejó era cómodo y lo que encontró en Colombia era exactamente lo opuesto: selvas impenetrables, tribus indígenas consideradas inalcanzables, condiciones que habrían hecho retroceder a cualquier persona normal.
Nadie en Nueva York entendió la decisión de una mujer sola, sin entrenamiento en misiones se arriesgara a penetrar las tribus más aisladas de la Amazonía colombiana y venezolana.
Pero Sofía no buscaba el veredicto de Nueva York.
Se internó en la selva. Aprendió lenguas indígenas que nunca habían sido escritas. Tradujo porciones de la Biblia a idiomas que hasta ese momento no tenían alfabeto. Vivió entre los los Puinave, los Curripaco y los Piaroa, comunidades que el mundo moderno no conocía y vio cómo el evangelio transformaba culturas enteras desde adentro.
El mundo de su época, el Nueva York poderoso, los círculos académicos que se burlaban de las misiones indígenas, no era digno de ella.
Y ella nunca necesitó que la reconocieran porque había entendido la misión que Dios le había encomendado y eso era suficiente para internarse en la selva.
Si hoy te sientes invisible, ignorado, despreciado, escucha a Dios y lo que Él dice sobre ti.
No lo que dice tu jefe. No lo que dicen las redes con sus métricas frías. No el veredicto de quienes nunca entendieron por qué haces lo que haces.
El mundo tiene un veredicto sobre tu vida, Dios tiene otro y solo uno de los dos es el que importa.
«Señor, hay días en que el veredicto del mundo pesa más de lo que debería. Días en que me siento invisible, ignorado, como si no hiciera falta. Hoy elijo escuchar Tu voz por encima de todas las otras.
Recuérdame que el mundo no fue digno de los que Tú más amaste — de Sofía en la selva, de los sin nombre de Hebreos 11, de todos los que vivieron para Tu gloria sin buscar la del mundo. Que lo que Tú dices de mí sea suficiente. Amén.»
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Creado y narrado por Juan Bravo. producido por Conectar Global