Es Tiempo de Conectar, mayo 0026
Cuando Sobrevives la Tormenta… y Llega algo Peor
«Pablo recogió un montón de leña y la echó al fuego. Pero, a causa del calor, una víbora venenosa salió de entre la leña y se le prendió en la mano. Al ver la serpiente colgada de su mano, los isleños se dijeron unos a otros: ‘Sin duda este hombre es un asesino, pues aunque se salvó del mar, la justicia divina no le permite vivir.'» — Hechos 28:3-5
Recuerdas la historia: 276 personas en un barco, una tormenta catastrófica, un naufragio donde se perdió todo, pero todos sobrevivieron. ¿Final feliz? No tan rápido.
La prueba después de la prueba
Llegaron a la isla de Malta empapados, exhaustos, hambrientos. Los habitantes encendieron una fogata para calentarlos y Pablo, siendo Pablo, se puso a ayudar recogiendo leña. Ahí fue cuando la vida le lanzó otra prueba.
Déjame resumir: catorce días en una tormenta fatal. Un naufragio. Llega a tierra sano y salvo. Y una serpiente venenosa lo muerde.
Cuando la gente te juzga por tus problemas
Los isleños lo vieron y concluyeron inmediatamente: «Sin duda es un asesino. La justicia divina lo está castigando.»
¿Te suena familiar? Cuando atraviesas crisis tras crisis, la gente especula: «¿Qué hiciste mal?» «Debe ser karma.» «Si tuvieras más fe, esto no te pasaría.»
Es la misma lógica equivocada de los amigos de Job. Las cosas malas no ocurren porque seas malo, no porque Dios te está castigando, es porque así es la vida.
Y cómo reaccionó Pablo? «Se sacudió la serpiente en el fuego y no sufrió ningún daño.»
Eso es todo. No entró en pánico. No se puso a explicarle a todos por qué no era su culpa. No se preguntó «¿por qué yo?» Se sacudió la serpiente y continuó.
Tres lecciones
1. Sobrevivir la tormenta no garantiza que no habrá más pruebas.
La vida no te debe un descanso solo porque ya sufriste. Pablo pudo haber pensado: «Ya sobreviví catorce días de tormenta y un naufragio. Seguramente Dios me dará un respiro.» Pero vino la serpiente. Y probablemente tú también has vivido algo así: superas una crisis de salud y llega otra. Sales de una mala relación y enfrentas la soledad. Pagas la deuda grande y el carro se descompone. Pero esto no significa que estás maldito ni que Dios te abandonó.
2. La gente te va a juzgar por tus problemas. ¡Ignóralos!
Los isleños estaban equivocados sobre Pablo y probablemente quienes te juzgan a ti también lo están. Pablo no perdió tiempo defendiéndose. Se sacudió la serpiente y siguió. Tú también puedes.
3. La protección de Dios no siempre previene el ataque, pero sí previene el daño.
Dios no evitó que la serpiente mordiera a Pablo. Pero el veneno no hizo efecto. No cambió las circunstancias, cambió el resultado.
La tormenta puede venir, pero no te ahogará. El barco puede hundirse, pero llegarás a tierra. La serpiente puede morder, pero el veneno no te matará.
La pregunta final
No te digo que si confías en Dios tu vida será fácil sino lo contrario la vida va a tener momentos muy duros. Pero hay una diferencia enorme entre atravesar tiempos difíciles con Jesús, el ancla más segura, que atravesarlos sin Él.
Pablo tenía un ancla, por eso pudo sacudirse la serpiente y seguir. No porque fuera perfecto pues tuvo un pasado oscuro como perseguidor de la Iglesia y como ser humano cometió errores, y esa ancla hizo toda la diferencia.
Hoy, esa misma ancla está disponible para ti. No porque lo merezcas. Sino porque todos necesitamos algo más grande que nosotros mismos cuando la vida nos golpea.
¿Estás dispuesto a abrazar a Jesús como el ancla más segura?
Oración,
«Dios, sobreviví la tormenta, pero vino la serpiente. Estoy cansado y no entiendo por qué sigue pasando. Pero hoy elijo confiar en que Tú eres mi protección, no para evitar los ataques, sino para sobrevivir el veneno. Sé mi ancla. Ayúdame a sacudirme las serpientes y seguir adelante. Amén.»
Te animamos que hagas uno de nuestros cursos en www.cursoscad.com/cursos que son sin costo alguno.
Escrito por Jen Wilson, narrado por Juan Bravo, producido por Conectar Global