Devocional 004 agosto

Es Tiempo de Conectar, agosto 004

El intercambio que lo cambia todo

«Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.» 2 Corintios 8:9

He visto este versículo hacerse realidad en mi propia vida y en la vida de muchas personas, hombres y mujeres que llegamos quebrados, encadenados, vacíos y que después de un encuentro genuino con Jesucristo comenzamos a vivir una vida que no creíamos posible.

Familias que salieron de la pobreza generacional, hombres que rompieron cadenas de adicción que habían destruido a su padre y a su abuelo antes que a ellos. Mujeres que recuperaron su dignidad después de años de abuso. Jóvenes que encontraron propósito donde antes solo había desesperanza.

No fue un programa social. No fue un curso sobre educación financiera, fue un intercambio, la transacción más extraordinaria de la historia.

1. Lo que Cristo dejó para venir
Para entender lo que Pablo dice en este versículo hay que comprender quién era Jesús antes de Nazaret, antes de la cruz. Jesús era rico. No rico en el sentido en que usamos esa palabra hoy sino rico en el sentido que poseía todo lo que existe porque todo fue creado por Él y para Él. Tenía gloria infinita, poder sin límite y comunión perfecta con el Padre.

Y renunció a todo eso no parcialmente, no fingiendo, lo dejó de verdad y tomó forma humana, nació en un pesebre, creció en una familia de carpinteros en un pueblo irrelevante, vivió sin casa propia, sin cuenta bancaria, sin beneficios sociales.

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.” Juan 1:1-4

El que lo tenía todo se vació y se hizo el que no tenía nada. ¿Por qué?
Pablo lo dice claramente: «por amor.»
No por obligación, ni por estrategia divina sino por amor a tí y a mí, de una manera específica, personal y voluntaria.
C.S. Lewis lo describió así: «El Hijo de Dios se hizo hombre para que los hijos de los hombres pudieran convertirse en hijos de Dios.» El intercambio no fue accidental, sino que fue el plan.

2. Lo que el intercambio produce en la vida real
Dios hizo una transacción que si la recibimos por fe transforma todo y Pablo aquí no habla solo de riqueza espiritual sino que habla de enriquecimiento real, tangible, que se ve. Y yo lo he visto.

He visto a hombres que llegaron al evangelio siendo esclavos del vicio, sin trabajo, de familias pobres, sin futuro y que después de recibir a Cristo comenzaron a administrar su tiempo, su dinero y sus relaciones de una manera que ni ellos mismos podían explicar. No porque tomaron un curso de finanzas personales, sino porque algo cambió adentro que cambió todo lo de afuera.

Es una maravilla ver un ejército de cristianos vibrantes que crece y crece en África, Asia y en América Latina. ¿Sabes que las diásporas que llegan a Europa y EEUU están compuestas por muchos de esta clase de cristianos?

Un encuentro personal con Jesús hace que la autoestima sea restaurada, la dignidad recuperada y la capacidad de soñar en grande llega llena de esperanza en que Dios está haciendo y va a hacer cosas muy grandes.

John Wesley, fundador del metodismo, que viendo tanta gente perdida en el vicio sacó la predicación del Evangelio de las cuatro paredes de la iglesia y predicó en las calles a las clases más pobres de Inglaterra en el siglo XVIII, observó el mismo fenómeno y escribió:

«Cuando el evangelio transforma a un hombre, transforma también su economía. El que deja el alcohol, el juego y el despilfarro, y comienza a trabajar con integridad y a ahorrar con disciplina, ese hombre prospera. No es magia. Es el fruto natural de una vida transformada.»

No estamos diciendo que te vas a volver millonario por creer a Jesús, pero es un hecho que el Evangelio de Jesús rompe las cadenas que mantienen a las personas en ciclos de pobreza generacional, en el vicio, la deshonestidad, la desesperanza y la falta de propósito.

Cuando esas cadenas se rompen, la vida comienza a florecer de maneras que el mundo no puede producir con ningún programa social.

3. La pobreza que libera y la riqueza que transforma
Hay una paradoja y es que Cristo se hizo pobre y con esa pobreza nos enriqueció.

No nos enriqueció a pesar de su pobreza sino que nos enriqueció mediante su pobreza. El mecanismo del enriquecimiento fue el vaciamiento.

Eso invierte completamente la lógica del mundo. El mundo dice: acumula para dar. Cristo dice: vacíate para enriquecer. El mundo dice: protege lo tuyo. Cristo dice: entrega lo tuyo y algo mayor vendrá a cambio.

Y lo que viene a cambio no es solo material, aunque muchas veces se da. Es una riqueza que el dinero no puede comprar ni la pobreza puede quitar: dignidad, propósito, identidad, buena reputación, paz, pertenencia, esperanza.

Y hay otra paradoja que vemos y es que hay muchos tan pobres que sólo tienen dinero.

Recomiendo hacer cursos sobre mayordomía financiera y entrar en consejería personal que den herramientas efectivas para dar el salto a una vida abundante.
Oración.

«Señor, hoy me maravillo ante el intercambio que hiciste. Dejaste la riqueza para que yo pudiera dejar la pobreza. No sólo la pobreza de dinero, sino la pobreza de identidad, de propósito, de esperanza. 

Hoy recibo lo que compraste con tu vaciamiento. Enriquéceme donde más lo necesito, adentro primero, y que eso se derrame hacia afuera. Que mi vida sea evidencia de que el evangelio transforma todo lo que toca. Amén.»

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Creado y narrado por Juan Bravo. producido por Conectar Global

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