Devocional 005 septiembre

Es Tiempo de Conectar, septiembre 005

Dame Hambre, Dame Sed

“Si alguien tiene sed, que venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, «de su interior brotarán ríos de agua viva.» Juan 7:37b-38

«Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo.» — Salmo 42:1-2

Hay una oración que casi nadie ora, no porque sea difícil, sino porque requiere admitir que hemos perdido el hambre, la sed. Que la vida se volvió rutina y hasta monótona, materialista y superficial, que Dios quizás esté en el calendario pero no en el anhelo.

Te animo hoy a que hagamos esta oración: Señor, dame hambre, dame sed.

1. El peligro del adormecimiento espiritual
El mayor enemigo de la fe es la comodidad, el conformismo..
Cuando hay tanto entretenimiento, información, de conexión social, experiencias, nuestra alma aprende a saciarse con sustitutos que resultan siendo migajas que caen de la mesa. No con manjares espirituales ni con agua real sino con alimentos que calman temporalmente sin nutrir de verdad.

Los médicos saben que uno de los síntomas más peligrosos de la deshidratación severa es que la persona deja de sentir sed. El cuerpo ha llegado a un punto tan crítico que ya no envía la señal de alarma. Se siente bien, mientras se deteriora por dentro.

Eso es exactamente lo que ocurre en la vida espiritual de muchos en el mundo moderno. No sienten hambre ni sed, no porque estén llenos, sino porque llevan tanto tiempo sin alimento ni bebida real que el sistema de alarma se apagó.
Jesús le habló duro a la iglesia en Laodicea, una comunidad que se había conformado, se había dormido, estaba cómoda:

«Porque dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.» Apocalipsis 3:17

La iglesia en Laodicea no era una iglesia que se había desviado, era una iglesia cómoda y conforme y es precisamente por eso que Dios le dijo: me produces náuseas.

2. La sed que Dios puede restaurar
Aquí está la buena noticia y la paradoja del reino: Puedes pedirle a Dios que te dé lo que no tienes. Incluyendo el deseo de buscarlo.
Dios no solo satisface el hambre y la sed, también la crea. El mismo Espíritu que mora en ti puede despertar un anhelo que el alma adormecida ya no siente por sí sola.

Puedes pedir que Dios despierte lo que el adormecimiento apagó.
San Agustín lo dijo hace dieciséis siglos:

«Nos hiciste para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti.»
La inquietud, el hambre, el anhelo, la sed es la condición natural del alma humana delante de Dios. El adormecimiento es la condición artificial producida por los sustitutos.

Pedir hambre y sed no es pedir algo extraordinario. Es pedir que Dios restaure lo que siempre debió haber estado ahí.

La respuesta a mi necesidad espiritual es Jesús. La respuesta a mi necesidad no es mejores ingresos, ni una mejor casa ni un trabajo diferente, no está en un mejor matrimonio, ni en los hijos, amigos o buena salud.

Todas estas cosas son muy buenas. Pero ninguna saciará mi sed y mi hambre, solo Jesús puede hacerlo. Solo Jesús puede saciar mis anhelos más profundos.
«Si alguien tiene sed, que venga a mí y beba».

Si necesito amor, la respuesta es Jesús. Si necesito seguridad, la respuesta es Jesús. Si necesito perdón, aceptación, poder, libertad, importancia, consuelo, paz o cualquier otra cosa, la respuesta es Jesús.

«Si alguien tiene sed, que venga a mí y beba».

Dos aplicaciones para esta semana

Primera — Ora la oración incómoda. Esta semana ora simplemente esto: «Señor, no siento hambre ni sed de tí. Dame hambre y sed.»

Segunda — Reduce los sustitutos. El alma no puede sentir sed de Dios cuando está constantemente saturada de otra cosa. Identifica esta semana un sustituto — redes sociales, entretenimiento, noticias — y reduce su presencia deliberadamente.

La pregunta no es si Dios puede darte hambre y sed, la pregunta es si estás dispuesto a pedir y a soltar lo que la ha estado apagando.

«Señor, confieso que a veces no siento sed de Ti. Que la vida ha adormecido lo que debería estar vivo. Hoy te pido lo que quizás nunca te he pedido directamente: dame sed. Despierta en mí el anhelo de conocerte mejor. Amén.»

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Creado y narrado por Juan Bravo. producido por Conectar Global

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