Es Tiempo de Conectar, junio 008

¿Qué ocupa el centro de tu vida?

«Santificado sea tu nombre.» Mateo 6:9
Cuando Jesús enseñó a sus discípulos a orar, comenzó con esta frase:
«Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.»
En otras palabras: «Que tu nombre sea honrado. Que seas reconocido. Que recibas la gloria que mereces.»

Es interesante notar que Jesús no comienza la oración hablando de nuestras necesidades, nuestros problemas o nuestras preocupaciones. Comienza hablando de Dios.

Y eso nos invita a hacernos una pregunta importante:
¿Qué ocupa el centro de mi vida?

Para ser honestos, la mayoría de nosotros vivimos pensando principalmente en nosotros mismos. En nuestra reputación, nuestros planes, nuestras metas, nuestros problemas y nuestras necesidades. Es una tendencia natural del ser humano.

Sin embargo, Jesús nos muestra un camino diferente: una vida que encuentra su centro en Dios.

Hoy quisiera compartir tres reflexiones que nacen de esta sencilla pero profunda oración.

Primero: Lo que ocupa el centro de tu vida determina tu perspectiva sobre la vida.

Todos enfrentamos dificultades. Algunos luchan con problemas familiares. Otros con incertidumbre financiera, salud, relaciones o decisiones importantes.

Cuando nuestros problemas se convierten en el centro de nuestra atención, suelen verse más grandes de lo que realmente son. Nuestra ansiedad crece y nuestra fe disminuye.

Pero cuando nos enfocamos en Dios, nuestra perspectiva cambia.
No es que los problemas desaparezcan como por arte de magia, sino que recordamos que no estamos solos.

Recordamos que existe un Dios más grande que nuestras circunstancias.
El reconocimiento de Dios tiene una manera especial de reajustar nuestra visión. Nos ayuda a levantar la mirada y ver más allá de nuestras preocupaciones inmediatas.

Segundo: Santificar el nombre de Dios también implica reflejar su carácter.
No se trata solamente de decir palabras bonitas acerca de Dios sino de vivir de una manera que honre su nombre.

Para quienes siguen a Jesús, esto significa que nuestras acciones deberían reflejar el amor, la compasión, la verdad y la gracia de Dios.
Y aun para quienes no se consideran cristianos, existe una verdad universal aquí: nuestras vidas siempre están representando algo.

Representamos nuestros valores, nuestras convicciones y aquello que consideramos más importante.

La pregunta es: ¿Qué dice mi manera de vivir acerca de lo que realmente creo?
¿Mis palabras construyen o destruyen?
¿Mi trato hacia los demás refleja amor y respeto?
¿Mi vida apunta hacia algo más grande que yo mismo?

Tercero: Encontramos libertad cuando dejamos de creer que somos el centro del universo.

Puede sonar extraño, pero una de las mayores cargas que llevamos es la presión de que todo gira alrededor de nosotros.

Sentimos que debemos tener todas las respuestas, que debemos controlar cada resultado, que debemos sostener todo por nuestras propias fuerzas.

Pero la oración de Jesús nos recuerda que no somos el centro de la historia.
Y eso en vez de no ser una mala noticia, es al contrario, una gran noticia, una noticia que produce liberación.

Cuando Dios ocupa el lugar central, podemos descansar. Podemos reconocer nuestras limitaciones. Podemos confiar en que hay alguien más grande, más sabio y más poderoso guiando nuestras vidas.

Por eso Jesús comienza enseñándonos a mirar hacia arriba antes de mirar hacia adentro.

Antes de presentar nuestras necesidades, nos invita a recordar quién es Dios.
Antes de enfocarnos en nuestros problemas, nos invita a contemplar su grandeza.

Antes de pensar en nuestra propia gloria, nos invita a buscar la suya.
Hoy te invito a reflexionar:

¿Qué está ocupando el centro de tu corazón?
¿Qué consume la mayor parte de tus pensamientos?
¿Tus preocupaciones? ¿Tus metas? ¿Tu imagen? ¿Tus temores?
¿O Dios?

Que nuestra oración hoy sea sencilla:

«Padre, ayúdame a vivir de una manera que honre tu nombre. Ayúdame a verte por encima de mis circunstancias. Y ayúdame a recordar que cuando tú ocupas el centro, todo lo demás encuentra su lugar.»
Amén.

Te animamos a que dones en el siguiente enlace https://conectarglobal.org/donaciones/ . Así nos apoyarás a seguir con este hermoso servicio de llegar a muchas más personas.

Y que hagas uno de nuestros cursos en ⁠www.cursoscad.com/cursos⁠ que son sin costo alguno.

Escrito por Jen Wilson, narrado por Juan Bravo, producido por Conectar Global

Dar clic a la siguiente imagen para entrar a los cursos

Si el mensaje ha hablado a tu vida, deja un comentario a continuación.