Devocional 012 julio

Es Tiempo de Conectar, julio 012

Generosidad no es lo que haces cuando te sobra

Dar cuando tienes poco. Servir cuando estás cansado. Soltar cuando todo en ti quiere retener. El mundo llama a eso ingenuidad. La Biblia lo llama el camino al florecimiento.

Quiero compartir varios ejemplos de generosidad que han trascendido a sus fundadores:

El movimiento Focolare, fundado por Chiara Lubich en Italia en 1943 en plena Segunda Guerra Mundial; con Trento siendo bombardeada, no se quedó quieta, se preguntó:

¿Qué es lo único que las bombas no pueden destruir? La respuesta que ella encontró fue el amor.

Lubich y sus amigas comenzaron a vaciar sus ahorros para alimentar a los más pobres de la ciudad devastada por la guerra. No tenían garantías de que iban a sobrevivir a los bombardeos, sin embargo daban de todas formas.

Lo extraordinario es que cuanto más daban, más llegaba, un fenómeno que documentaron con asombro pues cada vez que literalmente vaciaban sus recursos para dar a otros, algo llegaba para cubrirlos a ellos.

Lubich lo llamó «la economía de comunión,» un modelo donde la prosperidad no se acumula sino que circula. Hoy el Movimiento Focolare opera en más de 180 países.

Hay una cita de Lubich que se hizo famosa: «Cuando haces tuyo el dolor del otro vas a dar sin esfuerzo.»

Así que la generosidad genuina no nace de una decisión intelectual de dar más sino que nace del momento en que el dolor del otro se vuelve tuyo. Cuando ves al otro como a ti mismo, dar deja de ser un sacrificio.

Segundo, existe una generosidad organizada que transforma sistemas
San Vicente de Paúl nació en Francia en 1581 en una familia campesina pobre. Siendo sacerdote, un día se encontró cara a cara con la miseria rural de su país y algo se rompió en él y no se conformó con dar limosna sino que quiso atacar la raíz.

Fundó las Conferencias de San Vicente de Paúl, grupos de laicos que no solo daban dinero sino que visitaban personalmente a las familias pobres, construían relaciones, dignificaban a los que la sociedad había descartado.

Su principio era revolucionario para su época: «Los pobres son nuestros amos y señores.»

Hoy la Sociedad de San Vicente de Paúl opera en 153 países, con más de 800,000 voluntarios activos, siendo una de las redes de servicio más grandes del mundo.
Su frase más conocida: «La caridad es el cemento que une las comunidades.»
Por otro lado tenemos El Ejército de Salvación fundado por William Booth en 1865 en Inglaterra que nació con la misma convicción. Booth veía que la iglesia de su tiempo predicaba el evangelio a los pobres pero no los alimentaba.
Su respuesta fue radical: «Sopa, jabón y salvación,» atender primero el cuerpo, luego el alma. Hoy opera en 133 países y es una de las organizaciones de socorro más efectivas del mundo.

Tienen el convencimiento que la generosidad que perdura no es espontánea solamente, también es organizada. No es suficiente con sentir compasión, hay que construir sistemas que sostengan esa compasión en el tiempo.

Cuando la Madre Teresa de Calcuta recibió el Premio Nobel de la Paz en 1979, en su discurso de aceptación dijo algo que dejó muda a la audiencia:
«Si a veces nuestros pobres han muerto de hambre, no es porque Dios no se preocupe por ellos, es porque ni tú ni yo hemos sido la mano de Dios para ellos en ese momento.»

Ella no acumuló nada, murió sin posesiones personales y sin embargo movió más recursos hacia los más pobres que la mayoría de organizaciones con presupuestos millonarios.

Ron Sider un teólogo menonita y autor del libro Rich Christians in an Age of Hunger (Cristianos Ricos en una Edad del Hambre) desafió a la iglesia con una estadística que todavía incomoda: «Si los cristianos del mundo dieran apenas el 10% de sus ingresos, se podría eliminar la pobreza extrema global.»

El problema no es la falta de recursos, es la falta de una generosidad organizada.
Y por último Bob Pierce, fundador de World Vision, Visión Mundial, en 1950, llevaba en su Biblia una oración que escribió él mismo: «Que mi corazón se rompa por las cosas que rompen el corazón de Dios.»

Desde esa oración nació una organización que hoy alcanza a casi 200 millones de personas en casi 100 países.

La paradoja que une a todos estos ejemplos es la misma que Pablo describe en 2 Corintios 9:6: «El que siembra escasamente, escasamente cosechará; y el que siembra generosamente, generosamente cosechará.»

La pregunta que nos debemos hacer no es cuánto tengo para dar, sino ¿qué me está rompiendo el corazón?

Precisamente ese es el punto de quiebre donde nació cada uno de estos movimientos que cambiaron el mundo.

Chiara Lubich, Vicente de Paúl, William Booth, la Madre Teresa, Bob Pierce vienen de tradiciones distintas, de diferentes épocas y de diferentes continentes.
Pero todos descubrieron la misma verdad:

La generosidad no es lo que haces cuando te sobra. Es lo que haces cuando decides que el otro importa más que tu comodidad.

Y curiosamente, siempre, sin excepción, los que vivieron así terminaron con más de lo que dieron.

No porque Dios sea un sistema de recompensas, sino porque la generosidad alinea tu corazón con el corazón de Dios.

ORACIÓN
«Señor, confieso que a veces calculo demasiado antes de dar. Que protejo lo mío con más celo del que protejo a los tuyos. Hoy rompe eso en mí. Que mi corazón se rompa por lo que rompe el tuyo. Hazme generoso no por obligación sino por amor, el mismo amor conque Tú primero me diste todo. Amén.»

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Creado y narrado por Juan Bravo. producido por Conectar Global

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