Devocional 027 julio

Es Tiempo de Conectar, julio 027

Cuando alguien se atreve a interceder

“Entonces Abraham se acercó y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío?”
Génesis 18:23

Sodoma y Gomorra eran ciudades donde abundaban la corrupción, eran conocidas por su violencia y por su desenfreno y el juicio de Dios estaba decidido. Pero en medio de este escenario tan devastador algo inesperado ocurre: un hombre de fe, Abraham, se involucra e intercede por las personas que habitaban allí.

Sodoma y Gomorra no fueron destruidas por un Dios distante e iracundo. Al contrario, Dios mostró su misericordia al dar oportunidades, al enviar ángeles, al permitir la intercesión de Abraham. Pero cuando un pueblo rechaza continuamente la verdad y la corrección, vienen consecuencias.

Hoy Dios sigue buscando personas temerosas de Dios en las ciudades, no perfectos, sino personas dispuestas a ponerse en la brecha, a luchar contra el declive de su ciudad, buscar vivir con integridad e interceder por su generación.
Abraham no era de Sodoma y no vivía allí. 

No se beneficiaba de su economía ni estaba atrapado por su cultura. Pero en el momento que Dios le revela lo que va a hacer, se dolió por su destino. Los que sí vivían allí eran su sobrino Lot y su familia. Así que hizo lo que solo un corazón conectado con Dios puede hacer: se acercó y oró, no ignoró el problema.

No hizo cualquier oración superficial sino una directa, valiente, persistente y audaz, con el fin de parar el juicio que se le iba a venir a estas dos ciudades. Abraham comienza pidiendo que si por lo menos encuentra 50 justos, Dios podría cambiar sus planes. 

Al no encontrarlos cambia su petición por 45, 40, 30, 20 y finalmente por 10. Y en cada paso, Dios se llena de compasión y escucha, responde y acepta cambiar sus planes de destrucción.

Esto nos muestra dos verdades poderosas, que Dios escucha al intercesor y que la oración de una sola persona puede hacer la diferencia en el destino de muchos.

También nos muestra que Dios es más misericordioso de lo que creemos. Abraham pensó que podía cansar a Dios, pero cada vez que pedía, Dios le respondía con paciencia y compasión.

¿Qué nos enseña Abraham hoy?
Que la intercesión requiere cercanía con Dios. Abraham “se acercó” antes de hablar. No se trata de repetir frases vacías, sino de orar con profundidad.
Que debemos sentir carga por otros, incluso por ciudades o personas que según nosotros no merecen la gracia de Dios.

Que la oración tiene impacto, incluso cuando no vemos resultados inmediatos. Aunque Sodoma fue destruida, Lot fue rescatado, y Dios honró la intercesión de Abraham.

Con tantas necesidades que encontramos en nuestras ciudades, no es raro encontrar muchas iglesias en una ciudad, cada una con su estilo, liderazgo y enfoque. Cuando pregunto cuántas iglesias hay, todos comienzan a contar edificios. Pero si le preguntas a Jesús, su respuesta es sorprendente: una sola Iglesia.

La Iglesia no se define por paredes ni denominaciones, sino por corazones que le pertenecen a Él.

En tiempos donde la división es común, el testimonio más poderoso es la unidad. Cuando los líderes cristianos dejan de competir y comienzan a colaborar, el impacto se multiplica. Jesús oró: “que todos sean uno, para que el mundo crea” (Juan 17:21).

Si todos predicamos al mismo Cristo, ¿por qué no actuar como un solo cuerpo?
Aplicación práctica:

¿Qué personas o lugares viven mal espiritual o moralmente, y necesitan tu oración hoy?
¿Te has rendido en oración por alguien porque crees que “ya no vale la pena”?
¿Estás dispuesto a ser como Abraham: valiente, insistente, compasivo y obediente?

Oración:
Señor, enséñame a acercarme a ti como Abraham. A interceder con pasión, fe y humildad. Líbrame de la indiferencia espiritual y dame ojos para ver a los que están perdidos, no con juicio, sino con compasión. 

Hazme un intercesor fiel, que se ponga en la brecha por mi ciudad, por mi familia, y por aquellos que tú amas. Amén.

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Creado y narrado por Juan Bravo. producido por Conectar Global

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