Es Tiempo de Conectar, junio 014
La Voluntad de Dios: La Oración que lo Cambia Todo
“Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.” Mateo 6:10b
Esta parte del Padrenuestro la decimos tan rápido que rara vez valoramos el peso que tiene: «Hágase tu voluntad.» Pues cuando la oramos con total consciencia de lo que decimos muestra madurez y profundidad y es una oración difícil de cumplir si no estamos serios con Dios.
Tres puntos:
1. Cuando oramos lo primero que debemos hacer es alinear nuestra vida con Él.
Tendemos a tratar la oración como una lista de pedidos. Como si Dios fuera un proveedor esperando el pedido del día.
Jesús nos enseñó algo completamente diferente: la oración no es el mecanismo para obtener lo que queremos. Es el proceso por el cual nuestra voluntad se va pareciendo cada vez más a la suya.
Jeff Bezos tiene una regla en Amazon que llama «disagree and commit» — discrepa y comprométete. Puedes no estar de acuerdo con una decisión, pero una vez tomada, te comprometes a cumplirla.
Una oración genuina hace algo similar pero más profunda: no solo te comprometes con la decisión de Dios sino que llegas a desearla y a amarla.
Orar es alinear nuestra voluntad con la de Dios, porque Él sabe lo que nosotros no sabemos.
2. El modelo más difícil de seguir lo encontraamos en Getsemaní
Si quieres ver esta oración en su máximo cumplimiento, ve a la noche antes de la crucifixión.
Jesús, sabiendo exactamente lo que venía, cayó con su rostro en tierra y oró: «Padre mío, si es posible, aparta de mí esta copa — pero no sea como yo quiero, sino como tú quieres.»
Eso no fue una oración de resignación pasiva sino que fue la decisión más costosa de la historia humana. Jesús no llegó a Getsemaní sin ser consciente de lo que se le venía. Llegó con una angustia real, con sudor como gotas de sangre, y aun así eligió la voluntad del Padre sobre la suya.
Si el Hijo de Dios oró así, ¿con qué autoridad oramos nosotros como si Dios debiera someterse a nuestros planes?
3. «Hágase tu voluntad» — en todo, no solo en lo cómodo
Es fácil decir «hágase tu voluntad» cuando la voluntad de Dios coincide con lo que queremos. La prueba real llega cuando no coincide.
Cuando el diagnóstico médico no era el que esperabas. Cuando el negocio no prosperó a pesar de haber orado. Cuando la relación que pediste no llegó, o la que tenías se deshizo. Cuando el ministerio espiritual que sembraste con tanto esfuerzo tarda en dar fruto.
En esos momentos, «hágase tu voluntad» deja de ser una frase del Padrenuestro y se convierte en una decisión del corazón.
El misionero Hudson Taylor pasó décadas en China enfrentando fracasos, pérdidas y oposición. Cuando le preguntaban cómo mantenía la paz en medio de tanto dolor, respondía: «He aprendido a moverme con Dios.» No delante de Él empujando sus propios planes. No detrás de Él arrastrando los pies. Con Él — alineado con su paso, confiando en su dirección.
Eso es exactamente lo que Jesús nos enseña en esta línea del Padrenuestro.
La oración que agrada a Dios no comienza con «dame,» comienza con «hágase.» Es la declaración más poderosa que existe: confío en Ti más de lo que me confío a mí mismo.
Hoy, donde sea que estés, en medio de una tormenta o en un momento de calma, hay una oración que puede transformar todo:
«Señor, no mi voluntad sino la tuya. No mis planes sino los tuyos. No mi tiempo sino el tuyo. Hágase tu voluntad en mi vida, en mi familia, en todo lo que me has confiado — como en el cielo, así también en la tierra. Amén.»
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Escrito por Jen Wilson, narrado por Juan Bravo, producido por Conectar Global