Es Tiempo de Conectar, abril 018
El Poder del Amor
“Si pudiera hablar todos los idiomas del mundo y de los ángeles pero no amara a los demás, yo solo sería un metal ruidoso o un címbalo que resuena. Si tuviera el don de profecía y entendiera todos los planes secretos de Dios y contara con todo el conocimiento, y si tuviera una fe que me hiciera capaz de mover montañas, pero no amara a otros, yo no sería nada. Si diera todo lo que tengo a los pobres y hasta sacrificara mi cuerpo, podría jactarme de eso; pero si no amara a los demás, no habría logrado nada.
El amor es paciente y bondadoso. El amor no es celoso ni fanfarrón ni orgulloso ni ofensivo. No exige que las cosas se hagan a su manera. No se irrita ni lleva un registro de las ofensas recibidas.
No se alegra de la injusticia, sino que se alegra cuando la verdad triunfa. El amor nunca se da por vencido, jamás pierde la fe, siempre tiene esperanzas y se mantiene firme en toda circunstancia.
Cuando yo era niño, hablaba, pensaba y razonaba como un niño; pero cuando crecí, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos todo de manera imperfecta, como reflejos desconcertantes, pero luego veremos todo con perfecta claridad. Todo lo que ahora conozco es parcial e incompleto, pero luego conoceré todo por completo, tal como Dios ya me conoce a mí completamente.
Tres cosas durarán para siempre: la fe, la esperanza y el amor; y la mayor de las tres es el amor.” 1 Cor 13
Se puede hablar fácilmente sobre el amor, otra cosa es vivirlo.
Podremos decir que amamos, pero ¿estamos dispuestos a perdonar?
Podremos decir que amamos, ¿pero no soltamos ir el rencor?
No digas que amas… si haces diferencia de personas por su estatus educativo, sus conceptos políticos o su aspecto físico.
El apóstol Pablo no dejó espacio para excusas ni se quedó en una bonita narrativa, sino que dijo, “El amor es paciente… no busca lo suyo… no se irrita… no guarda rencor.”
Y esta afirmación, a la hora de la verdad incomoda pues podemos decir cosas bonitas sobre el amor pero vivir en orgullo, ser duros y egoístas.
Decimos que Dios es amor, pero reaccionamos con ira. Oramos, pero no perdonamos. Servimos en la iglesia, pero herimos en casa. Eso no es amor, eso es vivir una vida de apariencia.
Corrie ten Boom junto con su familia protegieron a muchos judíos durante la Segunda Guerra Mundial, pero cuando fueron descubiertos fue enviada junto con su hermana a un campo de concentración Nazi donde su hermana murió.
En su libro Tramp for the Lord (1974), cuenta que en una oportunidad se le acercó uno de los guardias más crueles del campo de concentración. Naturalmente, era reacia a perdonarle, pero se dijo a sí misma que sería capaz de hacerlo. Escribió que fue capaz después de perdonar, y que «durante un momento largo nos estrechamos las manos, el antiguo guardia y la antigua prisionera. Nunca había sentido tan intensamente el amor de Dios como lo sentí entonces».
Ese día no ganó el sentimiento en Corrie, sino que ganó el amor.
Después de la guerra, se dedicó a viajar por el mundo predicando el evangelio, enfocándose en el perdón y la superación del odio y ella aprendió esto en el momento más difícil de su vida.
El punto de Pablo en 1 Corintios 13 es que el amor no se siente primero sino que se decide primero y aquí es donde somos confrontados que si no perdonamos, es por pura falta de decisión de amar.
Si nos irritamos fácilmente, no es sólo por nuestro carácter sino que es por lo que albergamos en nuestro corazón.
Si todo lo que hacemos es sólo pensando en nuestros intereses, esto no sólo es un inconveniente es puro egoísmo.
El amor verdadero duele, porque mata el orgullo, el amor quebranta el ego y nos obliga a rendirnos para que nos parezcamos a Cristo.
Hoy decide perdonar, aunque no lo sientas, amar, aunque no te respondan y humillarte, aunque tengas la razón porque al final no seremos evaluados por cuánto sabíamos de 1 Corintios 13, sino por cuánto lo vivimos.
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Oración
Señor, arranca de mí todo lo que no es amor.
Rompe mi orgullo, sana mi dureza, confronta mi egoísmo.
No quiero solo hablar de amor… quiero vivirlo.
Aunque me cueste.
Aunque me duela.
Aunque tenga que morir a mí mismo.
Amén.
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Escrito por Jen Wilson, narrado por Juan Bravo, producido por Conectar Global