Es Tiempo de Conectar, marzo 027
El rechazo
» Salió Jesús de allí y fue a su tierra, en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga. ¿De dónde sacó éste tales cosas? decían maravillados muchos de los que lo escuchaban.
¿Qué sabiduría es esta que se le ha dado? ¿Cómo se explican estos milagros que vienen de sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María? ¿Acaso no es el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿No están sus hermanas aquí con nosotros?Y se escandalizaban a causa de él.
Por tanto, Jesús les dijo:—En todas partes se honra a un profeta, menos en su tierra, entre sus familiares y en su propia casa. En efecto, no pudo hacer allí ningún milagro, excepto sanar a unos pocos enfermos al imponerles las manos. Y él se quedó asombrado por la falta de fe de ellos.» Marcos 6:1-6
Jesús regresa a su ciudad natal, Nazaret, donde se enfrenta a la dolorosa realidad del rechazo. A pesar de realizar milagros y enseñar con autoridad, la gente de Nazaret no podía aceptar a Jesús como nada más que el hijo del carpintero.
La palabra griega que se usa aquí para carpintero es «tekton», que generalmente se refiere a un artesano o constructor, alguien que trabajaba con sus manos. Esto coloca a Jesús directamente dentro de la cultura artesanal de Galilea, entre pescadores, panaderos, tejedores y otros trabajadores calificados cuyo trabajo definía el tejido de la región.
Para la gente de Nazaret, Jesús era un personaje familiar. Había crecido entre ellos, había vivido la misma vida sencilla que muchos de ellos y había trabajado con sus manos, probablemente siguiendo los pasos de su padre terrenal como carpintero.
Sin embargo, cuando Jesús se presentó como algo más —alguien con autoridad y sabiduría divinas— no pudieron aceptarlo. No pudieron reconciliar al hombre que vieron ante ellos con las profundas enseñanzas y los milagros que realizó. Lo rechazaron porque no pudieron ir más allá de sus nociones preconcebidas de quién era Él.
El rechazo es una experiencia universal, y Jesús lo experimentó en todos los niveles de la sociedad:
El Jesús que conocemos fue rechazado por aquellos que estaban más cerca de Él: su familia, sus vecinos y sus amigos de la infancia. Era un hombre que creció entre ellos, pero ellos no podían ver más allá de sus orígenes terrenales. Esto es evidente en Marcos 3:21, cuando su familia pensó que estaba loco, y en Marcos 6, donde la gente de Nazaret no pudo aceptar su autoridad divina.
Puntos Claves
La élite religiosa
Los escribas y fariseos rechazaban con frecuencia la autoridad de Jesús, cuestionaban sus enseñanzas e incluso lo acusaban de blasfemia (Marcos 2:7). Su mensaje los amenazaba porque socavaba su posición dentro de la jerarquía religiosa.
Las autoridades políticas
Jesús también enfrentó el rechazo de las autoridades políticas de su tiempo, que temían su creciente influencia. En Marcos 15:10, vemos cómo Pilato, aunque reconoció la inocencia de Jesús, aun así cedió a la presión de las multitudes para que crucificaran a Jesús.
Los discípulos
Incluso entre sus seguidores más cercanos, Jesús enfrentó momentos de rechazo. En Marcos 8:31-33, cuando comenzó a enseñar acerca de su muerte inminente, Pedro lo reprendió, incapaz de aceptar que el Mesías sufriría.
Pensemos en cómo Jesús experimentó la dignidad del trabajo y la naturaleza humilde de una persona común y corriente. Nació en una familia de artesanos, que vivía en una comunidad de trabajadores, y su trabajo era visto como algo común.
Nunca fue solo un carpintero: fue y es el Hijo de Dios, enviado para sanar, enseñar y salvar. Su rechazo en Nazaret es un recordatorio de que, sin importar de dónde vengamos o lo que implique nuestro trabajo, Dios ve el valor en nosotros, e incluso en nuestros momentos más humillantes, Él puede usarnos para algo grande.
Oración
Jesús, gracias por identificarte con nosotros en nuestro trabajo y en nuestros momentos de rechazo. Ayúdanos a recordar que, incluso cuando otros nos pasan por alto, Tú ves nuestro valor y propósito. Que encontremos fuerza al saber que Tú estás con nosotros en todas las circunstancias, y ayúdanos a abrazar nuestro llamado con la misma humildad y fe que Tú demostraste. Amén.
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Escrito por Jen Wilson, narrado por Juan Bravo, producido por Conectar Global