Es Tiempo de Conectar, junio 029
La dicha de ser perdonado y de perdonar
«Y perdónanos nuestros pecados, así como hemos perdonado a los que pecan contra nosotros.» (Mateo 6.12).
«Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones, a quien se le borran sus pecados.» (Salmo 32.1).
El Padre Nuestro es una de las oraciones cristianas más conocidas a lo largo de la historia cristiana. Significa pedirle a Dios que nos muestre la misma misericordia y perdón que nosotros somos capaces de ofrecer a quienes nos han hecho daño.
Es una invitación a reconocer que necesitamos el perdón de Dios por nuestras fallas y a entender que perdonar a los demás es una condición para mantener el corazón abierto a la gracia divina. El Salmo 32 se conoce como el salmo de la dicha del perdón. Es un salmo de David que destaca la profunda paz y felicidad que experimenta una persona cuando confiesa sus faltas y recibe el perdón y la misericordia de Dios.
Yo lo he experimentado, he experimentado esta dicha, esta alegría, este gozo de saber que suelto a alguien con quien tengo un conflicto personal.
El Salmo 32 nos muestra el alivio profundo que siente el alma cuando Dios la perdona. Sin embargo, el diseño de Dios para el perdón no termina en nuestra relación con Él, está hecho para expandirse hacia aquellos que nos rodean.
Cuando guardamos rencor o nos negamos a pedir disculpas en nuestro entorno diario, experimentamos lo mismo que David describe: «Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo.» (Salmo 32.3). La falta de perdón en tu iglesia, en tu familia, el resentimiento con un colega de trabajo, la atención con un vecino, drena nuestra energía y roba nuestra paz. Así que la verdadera dicha, la reconciliación se vive en doble vía.
Primero, la valentía de pedir perdón, reconocer que nos hemos equivocado, rompe el orgullo. Al igual que el salmista confesó su pecado y encontró descanso, nosotros hallamos libertad al decir: «Lo siento, me equivoqué».
La segunda es la gracia de otorgar perdón; perdonar a quien nos molestó o nos falló no significa validar su error, significa decidir que su acción ya no va a controlar nuestra paz interior. La verdadera felicidad comienza declarando que son verdaderamente dichosos aquellos cuyos pecados han sido perdonados y cubiertos por Dios. Guardar silencio y no abordar el problema de raíz produce angustia física y también espiritual.
David menciona que sus huesos se envejecieron y su vitalidad se secó. Es fácil caer en el silencio y no tener la valentía de abordar la situación.
Dios a mí me dio la fortuna de tener una esposa que no tolera la falta de transparencia y que no deja que pase un minuto sin que se aclaren las cosas.
En la confesión, el salmista reconoce que al no encubrir su iniquidad y confesar sus transgresiones, Dios inmediatamente perdonó su maldad. Él es nuestro refugio y nuestra guía y promete instruir, guiar y rodear con su misericordia a los que confían en Él.
Cuando recibimos la dicha de la reconciliación, reflejamos el carác ter del Dios que nos restauró primero. Pasar del aislamiento a la libertad de la paz es la mayor dicha.
Oración
Señor, gracias por el regalo de tu perdón que me da vida nueva. Hoy te pido que esa misma gracia sature mis relaciones. Dame la humildad necesaria para pedir perdón a aquellos que he lastimado en mi familia, en mi iglesia o en mi trabajo. También te entrego mis heridas. Ayúdame a perdonar a aquellos que me han ofendido para no vivir como una persona amargada y resentida; que mi entorno sea un reflejo de tu perdón. En el nombre de Jesús. Amén.
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Escrito y narrado por Juan Bravo, producido por Conectar Global