Devocional 030 junio

Es Tiempo de Conectar, junio 030

¿Por qué a algunos les va bien y a otros no?

«Bienaventurado aquel que en la ley del Señor está su delicia, en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de agua.» — Salmos 1:1-3

Cuando nuestras hijas eran pequeñas, este salmo y otras escrituras hacían parte de nuestra jornada en el carro camino a la escuela todas las mañanas. Repetíamos porciones de la Biblia y hasta el día de hoy tienen memoria de muchas de ellas. Yo era consciente de que les estaba dando herramientas que ninguna crisis podría quitarles en el futuro: la palabra de Dios arraigada en el corazón y en su memoria desde su temprana edad.

El Salmo 1 hace una pregunta que todos necesitamos responder: ¿A quién le va bien en la vida? ¿Quién tiene el favor de Dios? La respuesta no es el más talentoso, ni el más conectado, ni el más educado, ni el más religioso en apariencia. Es aquel que se deleita en la Palabra de Dios, el que medita en ella de día y de noche, el que deja que ella forme su manera de pensar, de decidir y de vivir.

Esa persona, dice el salmo, será como un árbol plantado junto a corrientes de agua. No un árbol que apenas sobrevive, sino uno que fructifica, que da fruto en su tiempo, cuya hoja no cae y que le va a ir bien en todo lo que hace; es decir, que va a prosperar.

Esta promesa tan extraordinaria está disponible para ti hoy. Hay tres cosas importantes sobre este salmo:

Cuida con quién te juntas: El salmo empieza con la instrucción de apartarse del consejo de los que no aportan nada a tu vida y te alejan de los caminos de Dios. Esto no significa aislarte del mundo, significa ser inteligente en elegir y juntarte con aquellos que aportan cosas buenas y valiosas a tu vida. ¿Cuáles son las voces que más influyen en tus decisiones? ¿Te acercan a Dios o te alejan? Warren Buffett lo dice en términos empresariales: «Rodéate de personas mejores que tú». El Salmo 1 lo dice en términos espirituales: «Rodéate de influencias que te acerquen a Dios».

Deléitate en la Palabra, no solo la leas: Hay una diferencia entre leer la Biblia por costumbre y deleitarse en ella. Las raíces del árbol siempre buscan y se dirigen hacia donde está el agua porque ahí está la vida. Elige un pasaje esta semana, puede ser este mismo salmo o el Salmo 23, y en lugar de leerlo rápido, siéntate  y leélo despacio, medita, escudriña, haz preguntas y permite que te hable antes de seguir adelante.

Memoriza partes de la Escritura: El Espíritu Santo no puede traer a tu memoria lo que no has puesto allí. Empieza con los versículos 2 al 3 del Salmo 1, que dicen: «Sino que se deleitan en la palabra del Señor meditando en ella día y noche. Son como árboles plantados a la orilla de un río que siempre dan fruto en su tiempo. Sus hojas no caen ni se marchitan y prosperan en todo lo que hacen».

Escribe esto en tu teléfono, en un papel, pégalo en el espejo, repítelo camino al trabajo. Lo que memorizas en tiempo de calma es exactamente lo que Dios usa en los momentos de tormenta con el fin de guiarte, animarte, consolarte y amonestarte. Todo comenzó con mi hábito de leer y meditar en la palabra todos los días. Memorice partes y lo repetí a mis hijas llevándolas de camino a la escuela.

El árbol no produce fruto por esfuerzo propio; lo produce porque está plantado en el lugar correcto con las raíces en la fuente correcta. Plántate en la Palabra y el fruto va a llegar a su tiempo.

Oración:
Señor, quiero ser un árbol que tenga profundidad, que mis raíces se nutran con el agua viva de tu palabra para que todo lo que haga lleve fruto que permanezca. En el nombre de Jesús, oramos. Amén.

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narrado por Juan Bravo

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