Es Tiempo de Conectar, octubre 25

El Lugar Santísimo donde Dios nos espera

El lugar más santo no sólo del Tabernáculo sino que se puede decir, de la tierra entera, no tenía ventanas, ni muebles para sentarse, ni lámpara encendida. Solo una caja de oro, dos querubines y una gloria que lo llenaba todo. Allí termina el camino del Tabernáculo, y allí Dios dijo: «Me encontraré contigo».

“»Haz que el pueblo construya un arca con madera de acacia…Recúbrela de oro puro por dentro y por fuera. Cuando el arca esté terminada, pon dentro de ella las tablas de piedra… Luego forma dos querubines de oro labrado a martillo y colócalos en los dos extremos de la tapa de la expiación. 

Coloca dentro del arca las dos tablas de piedra grabadas con las condiciones del pacto que te entregaré. Luego pon la tapa de la expiación encima del arca. Allí me encontraré contigo y te hablaré desde encima de la tapa de la expiación, entre los querubines de oro que están suspendidos sobre el arca del pacto. Desde allí te daré mis mandatos para el pueblo de Israel.“ Éxodo 25:10-11,16,18,21-22

Hemos recorrido el Tabernáculo paso a paso: la puerta, el altar, la fuente, el candelero, la mesa, el incienso y el velo. Hoy cruzamos el último umbral y entramos al Lugar Santísimo.

Era un cubo perfecto sin luz de lámparas y la única luz con la que se alumbraba el Sumo Sacerdote era la gloria de Dios, allí no había oscuridad. Y en el centro estaba el arca del pacto cubierta de oro.

Sobre el arca estaba el propiciatorio, una tapa de oro puro, y de esa misma pieza salían dos querubines con las alas extendidas, mirándose el uno al otro y mirando hacia el propiciatorio.

Ese era el trono de Dios en medio de su pueblo. Una vez al año, en el Día de la Expiación o Yom Kipur, el sumo sacerdote entraba con la sangre del sacrificio y la rociaba sobre el propiciatorio. Allí, entre los querubines, Dios prometió encontrarse con su pueblo.

Tres puntos
1. Había memoriales muy importantes dentro del Arca
La Epístola a los Hebreos nos dice que dentro del arca había tres cosas: las tablas de la ley, una vasija de oro con maná y la vara de Aarón que reverdeció.

Las tablas recordaban los Diez Mandamientos, el maná recordaba la provisión de Dios y la vara de Aarón recordaba el liderazgo sacerdotal.

Pero las tablas eran mucho más que un recordatorio, Dios escogió a Israel para hablar a todas las naciones: no solo con su presencia en el Tabernáculo, sino también con sus estatutos y mandamientos.

En un mundo con tendencia de adorar ídolos, en ese entonces así como hoy donde cada pueblo servía a muchos dioses, Israel debía ser un pueblo ordenado que adorara a un solo Dios.

Moisés lo dijo así: cuando las naciones oigan estos estatutos, dirán que esta es una nación sabia, porque no hay otra que tenga a Dios tan cerca ni leyes tan justas. Por eso la ley estaba en el centro del campamento: el corazón de Israel era la Palabra del único Dios verdadero.

Y al mismo tiempo, en el corazón del Tabernáculo, Dios guardaba la evidencia de lo que su pueblo era.

2. En el propiciatorio la misericordia cubre la ley
Pero esas tres cosas no quedaban a la vista. Encima estaba el propiciatorio, y sobre él, la sangre. Cuando Dios miraba desde entre los querubines, no veía primero la ley quebrantada; veía la sangre que la cubría. Pablo usa esa misma palabra para hablar de Jesús: Dios lo puso como propiciación por medio de la fe en su sangre. Cristo es nuestro propiciatorio.

3. Allí me encontraré contigo
Todo el Tabernáculo existía para esto: para que Dios pudiera encontrarse con su pueblo. Y el Lugar Santísimo anticipa el final de la historia. En Apocalipsis, la nueva Jerusalén también tiene forma de cubo, y una voz anuncia que el tabernáculo de Dios está ahora con los hombres. 

Lo que antes era un cuarto escondido detrás de un velo será una ciudad entera llena de su presencia.

C. S. Lewis termina Las Crónicas de Narnia diciendo que, para los personajes de su libro, toda su vida en este mundo había sido solo la portada y el título del libro; ahora comenzaban el primer capítulo de la gran historia, que nadie en la tierra ha leído y que nunca va a terminar. ¡Qué precioso!

El Tabernáculo es la portada. La presencia de Dios, cara a cara, es la continuación de nuestra historia que no se va a acabar. ¿Lo Crees?

Aplicación
Este es el camino que hemos recorrido. En el altar fuimos perdonados. En la fuente, la Palabra nos lava cada día. El candelero nos llena del Espíritu para alumbrar. En la mesa tenemos comunión con Dios y con su pueblo. En el altar del incienso sube nuestra adoración. Y por el velo rasgado entramos hasta el trono de Dios.

Trae a Dios esa parte de tu historia que sigue viva y te avergüenza, esa que crees que te descalifica. No la escondas: ponla sobre el propiciatorio bajo la sangre de Jesús. Y quédate allí.

Hebreos nos invita a acercarnos confiadamente al trono de la gracia para alcanzar misericordia.

Oración
Padre santo, gracias por el camino que abriste desde la puerta hasta tu presencia. Tú conoces toda nuestra historia: la ley que hemos quebrantado, las veces que hemos murmurado y las rebeldías que nadie más ve. 

Pero hoy no te pedimos que mires lo que fuimos, sino la sangre de Jesús que nos cubre. Gracias porque Él es nuestro propiciatorio, y porque en Él la misericordia triunfa sobre el juicio. En el nombre de Jesús, amén.

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