Es Tiempo de Conectar, agosto 028
Cuando la tierra se sacude
«Los sufrimientos de este tiempo presente no son comparables con la gloria que se nos ha de revelar.» Romanos 8:18
En estas semanas hemos visto imágenes apocalípticas en Nepal, Colombia y en Venezuela.
Literalmente el suelo se abrió, los edificios colapsaron, inundaciones en las que familias enteras lo perdieron todo en segundos.
Y en medio de ese tipo de noticias hay un versículo que Pablo escribió desde su propio sufrimiento:
«Los sufrimientos de este tiempo presente no son comparables con la gloria que se nos ha de revelar.»
1. El dolor que Dios no minimiza
Antes de hablar de gloria necesitamos reconocer el dolor.
Jesús no minimizó el sufrimiento de María y Marta cuando Lázaro murió. Las Escrituras dicen simplemente que «Jesús lloró.» en Juan 11:35
¡Qué tal! El Dios del universo se detuvo frente a una tumba y lloró. Eso significa que el dolor de Nepal importa. Que el dolor de Colombia y Venezuela importan. Que Dios no observa desde lejos sino que entra en el sufrimiento y llora en medio de él.
Pero también significa que la tumba no es el final de la historia.
2. La gloria que responde al dolor específico
La gloria a la cual Pablo se refiere responde directamente a cada forma de dolor que el mundo produce.
Para las familias que perdieron sus hogares en los terremotos, la gloria es una ciudad «que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.» Hebreos 11:10.
Dios promete una morada que ningún terremoto puede tocar. Lo que el suelo destruye, Dios reconstruye para siempre.
Para los que perdieron a sus seres queridos en Nepal, la gloria es la resurrección del cuerpo. No almas flotando en algún lugar del universo. Cuerpos reales recreados, glorificados, incapaces de volver a ser destruidos.
1 Corintios 15:43 dice «Lo que se siembra en debilidad resucitará en poder.»
Para los que sobrevivieron pero lo perdieron todo la gloria es el momento donde cada pregunta sin respuesta finalmente va a ser respondida.
Corrie ten Boom, la mujer que sufrió al ser descubierta escondiendo a judíos en su propia casa en la Seguna Guerra Mundial, lo dijo desde su propia experiencia de haberlo perdido todo:
«Yo veo la parte de abajo del tapiz con hilos cruzados, nudos feos pero Dios ve el lado correcto. Y un día yo también lo veré.»
¡No son comparables! La gloria no es una gota de consuelo frente al océano del dolor. Es el océano de amor y esperanza frente a una gota de dolor.
3. La esperanza que actúa
La gloria prometida no nos convierte en espectadores del dolor ajeno. Nos convierte en los primeros en responder.
El que sabe que Dios reconstruye lo que la tierra destruye, ese puede ayudar a construir.
El que sabe que los cuerpos resucitarán puede arrodillarse junto con los que lloran.
Nepal, Colombia y Venezuela no necesitan nuestra lástima. Necesitan nuestra presencia, nuestra oración y nuestra esperanza, la única que puede decirle a alguien que lo perdió todo que hay Alguien que ya está reconstruyendo lo que la tierra destruyó.
Dos cosas que puedes hacer hoy
Orar por Nepal, por Colombia, por Venezuela con nombre propio. La intercesión específica ayuda a que haya una reacción concreta.
Da algo concreto, puede ser a una organización que está respondiendo en las zonas afectadas pues la esperanza que no se convierte en acción es solo un sentimiento.
Oración
«Señor, la tierra tembló en lugares que conocemos y en corazones que no vemos. Lloramos con los que lloran como lloraste en la tumba de Lázaro.
Danos ojos para ver lo que los héroes de la fe vieron desde lejos: que lo que la tierra destruye Tú lo reconstruyes, que los cuerpos que el dolor quebranta Tú los glorificas, y que cada pregunta sin respuesta encontrará su respuesta en Ti. Amén.»
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Creado y narrado por Juan Bravo. producido por Conectar Global