Devocional 001 octubre

Es Tiempo de Conectar, Octubre 001

185,000 razones para no tirar la toalla

«Hoy es un día de angustia, de castigo y de humillación.» — Isaías 37:3

Dicen que la palabra china para «crisis» combina dos caracteres: uno que significa peligro, y otro que significa punto de cambio, oportunidad. No sé si el origen lingüístico es tan exacto como se cuenta, pero la idea detrás sí es significativa: toda crisis, además de amenaza, es también un momento de oportunidad, un punto de quiebre donde algo se transforma.

El rey Ezequías vivió una señora crisis pues Senaquerib, el poderoso rey de Asiria, había llegado a las puertas de la ciudad amurallada de Jerusalén depués de haber conquistado todas las ciudades fortificadas de Judá, y ahora sus emisarios se paran frente a Jerusalén a burlarse abiertamente de la confianza y la fe del pueblo:

«¿En qué confías que te da tanta seguridad?… ¿Acaso los dioses de cualquier otra nación alguna vez han salvado a su pueblo del rey de Asiria?» (Isaías 36:4,18).
El rey Ezequías no solo enfrentó un ataque militar sino una provocación directa a la confianza y su fe en el Dios de Israel.

¿Nos suena familiar? «¿De verdad crees que Dios está contigo?» «¿Realmente crees que confiar en Él te sirve de algo?»

El pueblo de Dios ha escuchado esa misma burla, con distintas palabras, a lo largo de toda la historia.

Lo interesante es cómo respondió Ezequías porque su reacción se convirtió en el modelo bíblico para cualquiera que enfrenta una situación que parece imposible de resolver.

Primero, Ezequías dio la orden al pueblo de no responder a la provocación. «El pueblo guardó silencio y no respondió nada» (36:21). Muchas veces es mejor no igualarte ni discutir con la burla o la amenaza.

Segundo, buscó y se humilló ante Dios. Ezequías rasgó sus vestiduras, se vistió de cilicio y fue directo al templo (37:1). No fingió tener todo bajo control sino que con humildad nombró la crisis por su nombre: «Hoy es un día de angustia» (37:3).

Y tercero y esto es quizás lo más práctico de todo este relato, tomó la carta amenazante de Senaquerib, subió al templo, y literalmente «la extendió delante del Señor» (37:14).

No convocó a los generales de su ejército para que ayudaran con consejo y estrategia sino que literalmente se la entregó a Dios, como quien pone un problema físico sobre la mesa y dice: esto es tuyo, no es mío. Somos tu pueblo, haz lo que quieras.

La oración que sigue es un modelo en sí misma pues antes de hacer una petición reconoce quién es Dios: «tú solo eres Dios sobre todos los reinos de la tierra.» Y termina pidiendo que la liberación glorifique a Dios, no solo que resuelva el problema: «para que todos los reinos de la tierra sepan que tú solo, oh Señor, eres Dios» (37:20).

La respuesta llegó esa misma noche: 185,000 soldados asirios amanecieron muertos, y Senaquerib se retiró derrotado (37:36-37). Lo que parecía imposible, Dios lo resolvió sin que Ezequías moviera un solo soldado del ejército.

Aplicación: ¿Qué «carta amenazante» tienes hoy sobre tu escritorio — una noticia, un diagnóstico, una deuda, una relación rota, un hijo en las drogas, un déficit que no sabes cómo lo vas a cubrir y que has estado tratando de resolver solo con tu propia estrategia?

Te invito a que la escribas en un papel, como lo hizo Ezequías, nómbrala, identifícala claramente y extiéndela delante del Señor en oración. Esto no es religiosidad superficial, ni debilidad, es justamente el lugar donde empieza la respuesta.

Oración: Señor de los ejércitos celestiales, tú solo eres Dios sobre todo lo que hoy me parece imposible. Hoy extiendo delante de ti la situación que he estado cargando solo. No tengo estrategia perfecta, pero tengo tu promesa. 

Líbrame, Señor, no solo para mi alivio, sino para que se vea que tú solo eres Dios. Amén.

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Creado y narrado por Juan Bravo. producido por Conectar Global

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