Es Tiempo de Conectar, septiembre 015
Cartas desde una Prisión
Hay cartas que solo se pueden escribir desde una celda. El apóstol Pablo escribió cuatro de las suyas — Filipenses, Efesios, Colosenses y Filemón — encadenado en Roma, sin saber si volvería a ver la libertad.
Su primer encarcelamiento ocurrió en Roma, alrededor de los años 60-62 d.C. Fue en esas condiciones, incómodas pero no brutales, donde escribió las llamadas «epístolas de la prisión». Poco después, alrededor del año 62 d.C., fue liberado y continuó viajando y ministrando. Las condiciones brutales vendrían pocos años después.
Ninguna de esas cartas suena a derrota. Hablan de gozo, de identidad, de la supremacía de Cristo, de reconciliación. Como si la prisión, en vez de apagar su fe, la hubiera pulido y afinado.
Por estos días vamos a caminar muy brevemente por cada una de estas cartas, y en cada una vamos a conocer a alguien más que, en otra época, vivió esa misma verdad en carne propia: personas como Richard Wurmbrand, Chuck Colson, Dietrich Bonhoeffer y otros quienes también dejaron grandes legados de fe e influencia.
La verdad es que no necesitas estar preso para necesitar este mensaje. Todos cargamos alguna cadena — producto de las circunstancias, del pasado, de alguna injusticia. Y lo que Pablo descubrió en su celda, lo podemos descubrir donde nos encontremos.
Estas cuatro epístolas — Efesios, Filipenses, Colosenses y Filemón — han tenido una influencia colosal, tanto en el texto bíblico como en el desarrollo de la fe cristiana.
¿Cuál es el impacto de las 4 cartas en la Biblia?
Dentro del canon del Nuevo Testamento, estas cartas representan la madurez teológica y pastoral de Pablo, que le dieron estructura a la iglesia.
En Efesios, Pablo presenta a la Iglesia no como un edificio, sino como un cuerpo místico, la esposa de Cristo, un organismo multiétnico unido por la gracia.
Colosenses presenta la supremacía absoluta de Cristo y contiene uno de los pasajes más potentes de la Biblia (Colosenses 1), donde se establece que Jesús es la imagen del Dios invisible, el creador del universo y el único mediador necesario, combatiendo directamente el gnosticismo de su época.
Filipenses es el himno de la humillación y exaltación de Cristo. En el capítulo 2 describe cómo Cristo se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo — base bíblica de la doctrina de la encarnación.
Y aunque Filemón es una carta personal muy breve, redefine las estructuras sociales al poner al mismo nivel a un esclavo fugitivo (Onésimo) y a su amo (Filemón) como hermanos en la fe.
El impacto a lo largo de la historia de la iglesia
Estas cuatro epístolas actuaron como catalizadores de cambios históricos y teológicos radicales en la historia del cristianismo.
Fueron fundamento de los primeros concilios ecuménicos. Las declaraciones sobre la divinidad de Jesús y su relación con el Padre, presentes en Colosenses y Filipenses, fueron vitales en los concilios de Nicea y Calcedonia (siglos IV y V), y sirvieron para formular los credos oficiales de la Iglesia y combatir las herejías arrianas. Irónicamente, el Concilio de Éfeso (431 d.C.) se celebró en la misma ciudad para afirmar la unidad de las dos naturalezas de Cristo.
El concepto de la salvación por gracia y por fe, en Efesios 2 — «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe… no por obras…» — fue el combustible de la Reforma Protestante, uno de los pilares teológicos con los que Martín Lutero impulsó la Reforma en el siglo XVI.
Filipenses, una carta rebosante de gozo escrita por un hombre encadenado en un calabozo romano, ha servido durante dos milenios como manual de resistencia espiritual para la Iglesia perseguida bajo regímenes dictatoriales o clandestinos.
Y Filemón asestó un golpe teológico a la esclavitud: fue el principal argumento ético que utilizaron los movimientos abolicionistas cristianos en los siglos XVIII y XIX — como William Wilberforce en Inglaterra — para demostrar que la fe cristiana era incompatible con la propiedad de un ser humano sobre otro.
Oración
Señor, gracias porque tu Palabra no nació en comodidad, sino que fue forjada muchas veces en cadenas, en persecución, en incertidumbre — y aun así sigue viva, sigue transformando naciones y corazones dos mil años después.
Así como Pablo encontró gozo, identidad y propósito en su celda, ayúdanos a encontrar los mismos en medio de nuestras propias cadenas, cualquiera que sea su forma. Prepara nuestro corazón para oir lo que nos quieres decir y que tu verdad siga puliendo y afinando a los creyentes en todo el mundo. Amén.
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Creado y narrado por Juan Bravo. producido por Conectar Global