Devocional 010 septiembre

Es Tiempo de Conectar, septiembre 010

Las estrategias del diablo

“Para que Satanás no saque ventaja alguna sobre nosotros, pues no ignoramos sus maquinaciones.” 2 Corintios 2:11

El mayor truco del diablo no es la tentación sino convencerte de que él no existe o de que si existe, está ocupado con alguien más importante que tú.
C.S. Lewis lo describió en Cartas del Diablo a su Sobrino cuando Escrutopo le advierte a su sobrino:

«El ser humano no debe pensar en el Enemigo, pero tampoco debe pensar en nosotros. Mantenlo pensando en sí mismo.»

El diablo es más efectivo cuando opera en el anonimato.
Pablo sabía esto y por eso escribió: “para que Satanás no saque ventaja alguna sobre nosotros, pues no ignoramos sus maquinaciones.” 2 Corintios 2:11

Conocer pues al enemigo no es paranoia, es sabiduría, es estrategia.
Veamos cuatro estrategias que usa el enemigo para desviar nuestra atención.

1. La estrategia de la distracción
Escrutopo le explica a Orugario en Las Cartas del Diablo a Su Sobrino, que los grandes pecados son en realidad una mala estrategia pues despiertan al creyente, lo llevan al arrepentimiento y lo acercan a Dios.

La estrategia realmente efectiva debe ser más sutil: Mantenlo ocupado, ligeramente insatisfecho y con la mente llena de preocupaciones.

No es necesario apartarlo de la fe, sólo que no le dé tanta importancia. Que postergue la oración, que la Biblia se quede en el nochero o en la sala sin leer ni estudiar, y que cualquier interacción espiritual sólo se deje para los domingos
El Apóstol Pedro dice en 1 Pedro 5:8: «Vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.» 

Un león inteligente se mueve en silencio y no ruge cuando está cazando sino que ruge después de atrapar a su presa.

2. La estrategia de la comparación y el descontento
Escrutopo describe otra táctica favorita: hacer que el creyente compare constantemente su situación con la de otros, su matrimonio con el matrimonio del vecino, su ministerio con el ministerio de otro, su fe con la fe de quien parece tenerlo todo resuelto.

La comparación tiene dos resultados igualmente destructivos: el orgullo cuando crees que ganas la comparación o el desánimo cuando crees que pierdes. Ninguno de los dos produce fruto.

Santiago lo llama por su nombre: «Porque donde hay envidias y rivalidades, allí hay perturbación y toda obra perversa.» Santiago 3:16.

3. La estrategia del desánimo es quizás la más efectiva de todas.
Escrutopo la describe diciendo que: «El desánimo es esencialmente un estado no cristiano de la mente. El creyente desanimado está demasiado ocupado lamentando su situación para hacer algo al respecto.»

No necesita hacerte caer en pecado grave o mortal, solo necesita que te desanimes, que la oración se vuelva monótona, que se sienta inútil en el servicio, que la fe parezca no producir los resultados que prometía, que el cansancio acumulado de hacer el bien sin ver el fruto te convenza de que no vale la pena seguir.
Elías después de su victoria más grande, después de que el fuego había caído del cielo en el Monte Carmelo, llegó exactamente a ese punto de agotamiento y desánimo, a tal punto que le pidió a Dios que lo dejara morir.

El enemigo escoge los momentos de mayor vulnerabilidad y no los momentos de mayor pecado. Después de una victoria, después de un gran esfuerzo, en los momentos de agotamiento genuino cuando las defensas están bajas.

Y la respuesta de Dios a Elías no fue un regaño o un sermón sino algo tan sencillo como descanso, pan y agua. Porque Dios conoce las estrategias del enemigo mejor que el enemigo mismo.

4. La estrategia de la religiosidad sin relación es quizás la más peligrosa porque se disfraza de espiritualidad.

Escrutopo la celebra como su mayor logro: «Un cristiano religioso pero sin vida real con Dios es más útil para nosotros que un pecador declarado, porque ocupa el espacio sin producir el fruto, y convence a otros de que eso es suficiente.»

Jesús lo advirtió: «Este pueblo de labios me honra, pero su corazón está lejos de mí.» — Mateo 15:8.

Y en el Sermón del Monte describió a personas que profetizaron en su nombre, hicieron milagros en su nombre y a quienes finalmente les dijo: «Nunca os conocí.»

No porque fueran conscientemente hipócritas sino porque la actividad religiosa había reemplazado gradualmente a la relación real con Dios.
La pregunta que este punto hace es:

¿Estás haciendo cosas para Dios o estás con Dios?
Pablo, conociendo las maquinaciones del enemigo sugiere entonces que el creyente adopte una postura de ataque y no quedarse a la defensiva.
«Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.» Efesios 6:11

Cuatro cosas que desactivan las cuatro estrategias que acabamos de ver:
La distracción se combate con intencionalidad: Tiempos deliberados de quietud y presencia con Dios.

La comparación se combate con gratitud: la práctica deliberada de agradecer por lo que tienes.

El desánimo se combate en comunidad: nadie resiste solo el agotamiento prolongado, necesitas hermanos que levanten tus brazos.
La religiosidad superficial se combate con una evaluación honesta.

El enemigo prefiere no ser visto, prefiere que pienses que los problemas de tu vida espiritual tienen qué ver con tu personalidad, las circunstancias o la mala suerte.

Pero Pablo dice que no ignoramos sus maquinaciones y eso cambia todo porque lo que se identifica se puede combatir.

Te animo a que le pongas nombre y lo enfrentes y que recuerdes que el que está en ti es mayor que el que está en el mundo.

«Señor, hoy abro los ojos a las estrategias que operan en silencio contra mi alma. La distracción, la comparación, el desánimo, la religiosidad. 

Hoy decido no ignorar las maquinaciones del enemigo — y decido no temerle, porque mayor eres Tú. Renueva mi mente. Despierta mi corazón y mantenme cerca de Ti. Amén.»

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Creado y narrado por Juan Bravo. producido por Conectar Global

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