Es Tiempo de Conectar, septiembre 014
Indescriptible
«Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de ustedes… Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando.» — Filipenses 1:3, 6
Pablo escribe estas palabras encadenado. No en un retiro espiritual, ni desde un templo, en arresto domiciliario, sin saber si la siguiente noticia será su libertad o su ejecución.
Y aun así, la carta que produce esa celda es la más gozosa de todo el Nuevo Testamento. Eso no tiene explicación humana. Es indescriptible. Y la única palabra que lo explica es esta: Cristo en el centro.
Mi amigo el Obispo Metodista Bob Hayes lo dijo así al abrir esta serie sobre Filipenses: cuando Cristo se vuelve el centro de la vida, algo pasa con nosotros que no tiene lógica. Solo se puede describir con la palabra «indescriptible.»
El contexto: dos prisiones, el mismo Pablo
Vale la pena detenernos en la historia detrás de esta carta, porque le da un peso distinto a lo que Pablo escribe.
Su primer encarcelamiento ocurrió en Roma, alrededor de los años 60-62 d.C. Vivía bajo custodia militar, en una casa alquilada, y podía recibir visitas con relativa libertad. Fue en esas condiciones, incómodas pero no brutales, donde escribió las llamadas «epístolas de la prisión»: Filipenses, Efesios, Colosenses y Filemón. Poco después, alrededor del año 62 d.C., fue liberado y continuó viajando y ministrando.
Pero años más tarde, cerca del 66 d.C., Pablo fue arrestado por segunda vez en Roma y esta vez no fue arresto domiciliario, sino un confinamiento severo, tradicionalmente asociado con la Cárcel Mamertina: la prisión de máxima seguridad más antigua de Roma, un calabozo subterráneo de dos niveles junto al Foro Romano. Una celda oscura, fría, bajo tierra. Fue desde ese segundo cautiverio que escribió su última carta, 2 Timoteo, poco antes de ser decapitado bajo el mandato de Nerón.
¿Por qué importa esto? Porque el mismo hombre que escribió «para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia» en una prisión relativamente cómoda, sostuvo esa misma convicción hasta el final, en la peor celda que Roma podía ofrecer. Su gozo no fue el optimismo de alguien con circunstancias fáciles. Fue la fe de un hombre que vio ambos extremos y en ambos, Cristo siguió siendo su centro.
Tres puntos:
1. El gozo no depende de la libertad
Pablo tenía todo el derecho de escribir una carta de queja. Pero en cambio escribe: «para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia» (Filipenses 1:21). Su gozo no dependió de su circunstancia.
Siglos después, Dietrich Bonhoeffer, encerrado en una prisión nazi esperando su ejecución, escribió cartas y poemas de una paz que sus propios captores no entendían. Un hombre que sabía que iba a morir, escribiendo sobre la bondad de Dios. Esa clase de gozo no se explica sino que se contagia.
2. La humildad transforma todo
En el capítulo 2, Pablo describe a Jesús: «no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se rebajó voluntariamente» (Filipenses 2:6-7).
El corazón de una vida centrada en Cristo no es el éxito ni la comodidad, es la humildad de Aquel que lo tenía todo y se despojó de todo por amor.
La Madre Teresa vivió esa misma humildad entre los más pobres de Calcuta. Nunca buscó reconocimiento; simplemente amaba, día tras día, en el lugar más olvidado. Esa humildad, cuando es real, siempre termina pareciéndose a Cristo.
3. La meta da sentido a todo lo demás
Pablo termina diciendo: «olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, prosigo a la meta» (Filipenses 3:13-14). Un hombre preso todavía corriendo hacia adelante. Porque su meta no era su libertad era Cristo.
Aplicación
¿Qué está en el centro de tu vida hoy, tu trabajo, tu salud, tus circunstancias, tu libertad? Si es así, cualquier tormenta te va a sacudir. Pero si Cristo está en el centro, puedes estar encadenado y aun así ser libre; puedes estar en la peor sala de espera de tu vida y aun así tener gozo. Eso es lo indescriptible.
Si estás luchando con una enfermedad terminal, si estás siendo acusado injustamente, si estás en circunstancias difíciles, pon a Jesús en el centro de tu vida.
Oración
Señor, hoy reconozco que muchas veces pongo en el centro de mi vida mi comodidad, mi reputación, mi necesidad de control. Perdóname por buscar gozo en circunstancias que cambian, en vez de buscarlo en Ti, que nunca cambias.
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Creado y narrado por Juan Bravo. producido por Conectar Global