Es Tiempo de Conectar, agosto 014
Los que menos tienen, más dan
“Estas iglesias están siendo probadas con muchas aflicciones y además son muy pobres; pero a la vez rebosan de abundante alegría, la cual se desbordó en gran generosidad.”
2 Corintios 8:2
Pablo le escribe a una iglesia con muy buena posición económica y usa como ejemplo a los creyentes en Macedonia diciendo que los de Macedonia pasan por tribulación profunda, pobreza extrema y generosidad desbordante.
Cuando escribe que tienen generosidad desbordante, la lógica humana sugiere que primero te estabilices para luego dar. Primero resuelve tu propia situación para luego pensar en los demás, que primero llenes tu propio vaso, luego sirves a otros.
Los macedonios nunca leyeron ese manual.
Macedonia no era una región próspera. Era una zona económicamente golpeada, políticamente marginada y los creyentes experimentaban persecución. Pablo lo confirma sin rodeos diciendo que estaban en «grande prueba de tribulación y en profunda pobreza.»
Y sin embargo, escribe Pablo, «rogaron con mucha insistencia que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos.»
¿Cuál era la situación en Jerusalén, por qué necesitaban la ofrenda?
Pues la iglesia de Jerusalén estaba en crisis económica severa por varias razones:
Alrededor del año 46-47 d.C. Hubo una hambruna catastrófica en toda la región de Judea registrada tanto por el historiador Flavio Josefo como por Lucas en Hechos 11:28. El impacto sobre los creyentes en Jerusalén fue devastador.
Los cristianos judíos en Jerusalén habían sido socialmente excluidos. Al confesar a Jesús como Mesías fueron expulsados de las sinagogas, lo que significaba perder no solo la comunidad religiosa sino también las redes comerciales, los contratos de trabajo y la protección social que la sinagoga proveía. Era equivalente a ser excomulgados.
Muchos de los primeros creyentes de Jerusalén habían vendido sus propiedades para sostener a la comunidad según es registrado en Hechos 2 y 4 lo cual funcionó inicialmente, pero los pudo haber dejado sin reservas para tiempos difíciles.
La persecución contra los cristianos en Jerusalén añadía presión económica constante. A muchos se les había confiscado sus propiedades o habían tenido que huir.
¿El resultado? la iglesia madre del cristianismo, la comunidad de creyentes más histórica y simbólicamente significativa del mundo estaba literalmente pasando hambre.
La iglesia en Macedonia al saber por lo que estaban pasando los creyentes en Jerusalén, ellos mismos rogaron, suplicaron e insistieron en poder colaborar.
¿Por qué?
Porque habían entendido algo que los corintios ricos todavía no entendían: la generosidad no depende de cuánto tienes en el banco sino que es fruto de un corazón transformado.
Elisabeth Elliot, cuyo esposo Jim fue martirizado en la selva amazónica, escribió:
«La entrega total no espera condiciones favorables. Si esperas, nunca va a ocurrir.»
Los macedonios no esperaron estar en condiciones favorables sino que dieron en las peores condiciones posibles. Y eso los convirtió en un poderoso ejemplo de generosidad entre las iglesias en el Nuevo Testamento.
¿Qué dice esto sobre tu fe? ¿Qué haces con tu dinero cuando las cosas están difíciles?
Es fácil dar cuando sobra, cuando hay abundancia y cuando la generosidad no cuesta y no requiere fe.
Pero dar cuando no sobra, dar cuando hacerlo implica un sacrificio real, cuando requiere confiar en que Dios proveerá lo que acabas de soltar, eso sí requiere fe. Fe real. Fe que actúa antes de ver.
Los macedonios no ofrecieron lo que nada les costaba, ofrecieron desde su escasez. Y precisamente por eso su ofrenda fue especial.
La clave la encontramos en el versículo 5: «se dieron primeramente a sí mismos al Señor.»
Antes de dar su dinero dieron su corazón. Y cuando el corazón está entregado completamente, la mano abierta es consecuencia natural.
La mentalidad de escasez, ese miedo profundo a que si doy me va a faltar, a que los recursos son limitados y tengo que proteger los míos, no es primariamente un problema financiero sino un problema de confianza. Es no creer que el Dios que proveyó ayer va a proveer mañana.
Tres aplicaciones concretas
Primera. Examina tu termómetro espiritual. Esta semana revisa tu historial de generosidad en los últimos seis meses.
Segunda. Da algo que requiera fe esta semana.
Tercera. Antes de pensar en cuánto dar, haz lo que hicieron los macedonios, pon tu corazón, tu tiempo, tu agenda, tu futuro en sus manos.
Oremos,
«Señor, hoy me confronta el ejemplo de los macedonios. Me doy cuenta de que he esperado condiciones perfectas para ser generoso y las condiciones perfectas nunca llegan. Hoy decido darme a mí mismo primero, mi corazón, mi confianza, mi futuro. Y desde esa entrega, abro mi mano.
Confío en que lo que suelto hoy y hazme un dador que no calcule sino que confíe. Amén.»
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Creado y narrado por Juan Bravo. producido por Conectar Global