Es Tiempo de Conectar, julio 017
Cuando el águila necesita reposar
«Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas, volarán como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán.» Isaías 40:28-31
Hay un momento en el liderazgo que muy pocos hablan de él, no es el fracaso, no es la crisis, es algo más silencioso y más peligroso: el agotamiento que llega después de años de servir con fidelidad, de estar enfocado y de tener el mejor corazón para un día despertar sin energía sin poder continuar.
Isaías lo vio venir y escribió esto justo para un momento como ese.
1. Hasta los jóvenes caen
Lo primero que Isaías destruye es el mito de que el agotamiento es señal de debilidad.
«Los muchachos se fatigan y se cansan. Los jóvenes flaquean y caen.»
No dice los viejos, no dice los que no tienen suficiente fe, dice los jóvenes, los que en teoría tienen más energía, más reservas, más capacidad física. Hasta ellos caen.
El agotamiento no discrimina por edad ni por espiritualidad. Le llegó a Elías después de su victoria más grande. Le llegó a Moisés en el desierto. Le llegó al apóstol Pablo — «tan agobiados que perdimos la esperanza de salir con vida» escribe desde Asia en 2 Corintios 1:8.
Brennan Manning, un sacerdote católico famoso por su obra El evangelio de los andrajosos (The Ragamuffin Gospel) lo dijo:
«El mayor enemigo de la fe no es la duda, es el agotamiento. Porque el agotamiento nos convence de que Dios también está cansado de nosotros.»
Si estás espiritualmente cansado hoy, no es porque estés fallando, es por que eres un ser humano y Dios escribió este versículo para ti.
2. Esperar no es pasivo, es estratégico.
“Los que esperan en el Señor.” La palabra clave del versículo es esperar, que en el hebreo original es qavah, que no significa sentarse a no hacer nada.
Significa trenzar, entrelazar, como cuerdas que se entrelazan y se vuelven más fuertes juntas que cada una por separado.
Esperar en el Señor es el acto de entrelazar tu debilidad con su fortaleza hasta que ya no sabes dónde termina la tuya y empieza la de Él.
No es pasividad. Es la decisión más activa que un líder agotado puede tomar: dejar de intentar renovarse solo y entrelazarse con la fuente que no se agota.
Dios mismo lo declara en los versículos anteriores: «¿Acaso no lo sabes? ¿No has oído? El Señor es el Dios eterno… no se fatiga ni se cansa.»
Qué contraste, tú te cansas mientras que Él no. Y mientras te entrelazas con aquel que no se cansa, una parte de esa energía fluye hacia ti.
Charles Spurgeon, quien pastoreó en Londres durante décadas, luchó toda su vida contra la depresión, y aun así produjo más de 3.500 sermones. Escribió lo siguiente mientras pasaba por un momento oscuro:
«Aprender a descansar en Dios no es pereza, es sabiduría. El río que nunca descansa erosiona hasta la roca más dura.»
3. El vuelo del águila y lo que nadie cuenta
La imagen final es la más conocida: «Volarán como las águilas.»
Pero hay algo sobre las águilas que cambia completamente cómo entendemos esta promesa.
Las águilas no vuelan alto por fuerza muscular sino que vuelan alto porque encuentran las corrientes térmicas, columnas de aire caliente que suben desde la tierra y simplemente se dejan llevar por ellas. Abren sus alas y ascienden sin esfuerzo, usando una energía que no generan ellas mismas.
Eso es exactamente lo que Isaías describe.
La renovación que Dios promete no es que de repente sacarás de tí mismo más fuerza, es que aprenderás a encontrar la corriente, aprenderás a posicionarte en el lugar donde el Espíritu de Dios te eleva sin que el ascenso dependa de tu esfuerzo.
Y hay algo más en el versículo que no podemos pasar por alto, además de que volarán, dice correrán para al final decir caminarán.
La renovación de Dios no es solo para los momentos grandes, sino para los días ordinarios. Para las reuniones de los lunes. Para responder un correo difícil, para el paso siguiente cuando no ves el panorama completo.
A veces la mayor señal de renovación no es que vueles, es que puedas caminar sin fatigarte.
Hoy, si estás en una temporada de agotamiento — ministerial, personal, de liderazgo, no necesitas fingir, sino buscar la corriente.
Abre tus alas, en oración, en silencio, en la Palabra y permite que Quien nunca se cansa te eleve desde adentro.
No tienes que generar el viento, solo tienes que posicionarte en él.
Oración.
«Señor, hoy estoy cansado. No de Ti sino del camino y recuerdo que Tú no te fatigas ni te cansas, y que tu energía puede fluir a través de mi debilidad. Enséñame a esperar en Ti. Entrelaza tu fortaleza con mi fragilidad. Llévame en tus corrientes. Y que hoy pueda volar, correr o simplemente caminar un paso más sin fatigarme. Amén.»
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Creado y narrado por Juan Bravo. producido por Conectar Global