Devocional 018 julio

Es Tiempo de Conectar, julio 018

La descripción de alguien que vivió 700 años después

«Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo de nuestra paz cayó sobre Él, y por su llaga fuimos nosotros curados.» — Isaías 53:5

Imagina que alguien describe con detalles a una persona que no ha nacido aún, la manera cómo va a ser rechazado, cómo va a sufrir, cómo va a morir, qué va a ocurrir después de su muerte y que esa persona va a aparecer en la historia 700 años después.

Es Isaías 53 quien no se dedica a escribir algo bonito y espiritual sino que hace una descripción clara de la crucifixión de Jesucristo escrita en el siglo VIII antes de Cristo cuando la crucifixión ni siquiera existía como método de ejecución.

No se me olvida el momento en que iba de pasajero en un bus en la ciudad de Bogotá hace por ahí 50 años, abrí mi Biblia justamente en Isaías 53 y era la primera vez que leía esto. No pude detener mis lágrimas al pensar en el sacrificio de Jesús en la cruz por mí, si por mí.

Los judíos del tiempo de Isaías esperaban un Mesías de poder, a un conquistador a un rey que aplastaría a los enemigos de Israel pero lo que Isaías describe es exactamente lo opuesto.

«No había en él belleza ni majestad alguna; su aspecto no era atractivo y nada en su apariencia lo hacía deseable. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto.» V. 2-3

Un hombre sin atractivo ni hermosura, alguien de quien la gente aparta el rostro y lo más asombroso es que es alguien que carga el dolor de otros como si fuera propio.

El erudito judío del siglo XX Abraham Heschel, uno de los teólogos más respetados de su generación escribió: «El capítulo 53 de Isaías es el texto más perturbador de toda la Biblia hebrea porque describe con demasiada precisión a alguien que ya vino.»

Heschel no llegó a confesar públicamente a Jesús como el Mesías pero tuvo que reconocer con honestidad lo que el texto decía.

Isaías 53 contiene al menos cuatro detalles de la crucifixión que ocurrió en el siglo VIII a.C. y que eran humanamente imposibles de anticipar:
“Fue contado con los transgresores”: Jesús fue crucificado entre dos ladrones. Isaías 53:12.

“Maltratado y humillado, ni siquiera abrió su boca, como cordero fue llevado al matadero, como oveja que enmudece ante su trasquilador, ni siquiera abrió su boca.” Isaías 53:7 No abrió su boca; ante Pilato y Herodes, Jesús guardó silencio.
“Con los ricos fue su muerte”: Jesús fue sepultado en la tumba de José de Arimatea, un hombre rico. Isaías 53:9.

“Por su llaga fuimos curados”: no por sus palabras, ni por su ejemplo, ni por su filosofía. Por Su llaga, por Su herida física por Su cuerpo roto. Isaías 53:5.

Pero aquí está lo que más me impacta de este capítulo. Isaías no habla en tercera persona distante. En el versículo 6 cambia abruptamente a “nosotros”:
«Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino pero el Señor cargó en Él el pecado de todos nosotros.» V. 6

No el pecado de Israel solamente, no el pecado de otros, sino el mío, el tuyo, el nuestro, el pecado de esta generación.
C.S. Lewis, quien llegó al cristianismo después de años de ateísmo intelectual escribió:

«El problema del dolor tiene una sola respuesta que no es un argumento sino un hecho: que Dios mismo eligió entrar en el dolor en lugar de explicarlo desde afuera, desde arriba.»

Eso es exactamente lo que Isaías vio 700 años antes de que ocurriera.
Dios no envió un mensaje sobre el sufrimiento humano sino que entró en él, lo cargó sobre su hijo y lo absorbió transformándolo en el instrumento de nuestra sanidad.

La herida más profunda, la que nadie conoce, aquella que no has podido poner en palabras, fue vivida por Él antes de que nacieras. Fue cargada en ese cuerpo, en esa cruz, en ese momento que Isaías vio desde lejos con una claridad que todavía asombra.

Hoy no tienes qué entender completamente el misterio de la cruz, te animo que te pares de frente al retrato que Isaías pintó 700 años antes y que reconozcas al que está en él.

Ese que fue herido por tus transgresiones. Molido por tus iniquidades. Que cargó tu paz sobre sus hombros para que tú no tuvieras que cargarla solo.
¡Ese es tu Dios, ese es tu Salvador!

Oración.
«Señor, me detengo hoy frente a Isaías 53 con asombro. Que alguien haya visto esto 700 años antes me dice que nada en mi vida te toma por sorpresa tampoco. Que fueras herido por lo mío me dice que yo te importo. Gracias por entrar en el dolor en lugar de explicarlo desde afuera. 

Gracias por la llaga que me curó. Hoy recibo esa curación, no solo como teoría sino como realidad personal. Amén.»

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Creado y narrado por Juan Bravo. producido por Conectar Global

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