Devocional 002 julio

Es Tiempo de Conectar, julio 002

El diablo no llega con cuernos, llega con todo lo que siempre quisiste

«Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.» — Mateo 6:13
Llevamos dos mil años repitiendo esta oración y la decimos tan seguido que deja de tener peso porque se convierte en una costumbre. Pero detente un momento y escucha lo que realmente estás pidiendo cuando oras así:

Dios, yo solo no puedo con esto, necesito que me guardes, estoy en guerra.
Lo primero que tenemos qué tener en cuenta es que la tentación no avisa.
El error más costoso que comete un ser humano es creer que es inmune a la tentación.

El apóstol Pablo lo advierte en 1 Corintios 10:12 para ponernos en alerta: «El que cree estar firme, mire que no caiga.» No se lo dice a los débiles sino a los que se sienten seguros de sí mismos.

Sansón era el hombre más fuerte de su generación y cayó en la trampa más común y antigua del mundo.

Pedro era uno de los más cercanos a Jesús y lo negó tres veces en una misma noche.

David, en el apogeo de su reinado cometió un error que definió el resto de su tiempo en el trono.

Ninguno de ellos planeó caer, así como ninguno de nosotros se levanta por la mañana y decide, voy a arruinar mi vida hoy.

La tentación no llega anunciada, sino que llega disfrazada de oportunidad, de alivio, de algo que simplemente «no parece tan grave.»

G.K. Chesterton, un prolífico escritor británico, conocido como el «príncipe de la paradoja», y una de las mentes más brillantes de la literatura inglesa dijo: «El diablo no llega con cuernos y cola. Llega con todo lo que siempre deseaste.»

Por eso Jesús nos enseñó a pedir protección antes de necesitarla, no después de haber caído.

Lo segundo es que existe una gran diferencia entre resistir y huir
En la Biblia encontramos dos estrategias para enfrentar la tentación y muchos no saben cuál usar ni cuándo.

Ante algunas tentaciones, la Escritura dice: resiste.
«Resistid al diablo y huirá de vosotros.» Santiago 4:7.
Hay momentos en que debes pararte y estar firme.

Pero en otros, especialmente las que tocan los deseos más sensuales, la Biblia no dice resiste. Dice algo completamente diferente: «Huye de las pasiones juveniles.» 2 Timoteo 2:22. No te quedes peleando sino sal corriendo.

José lo entendió cuando la esposa de Potifar lo agarró, no se quedó a razonar con ella, no intentó explicarle por qué era una mala idea, no buscó un término medio. Dejó su manto en sus manos y salió corriendo.¡Literalmente! Y esa huida lo llevó a pasar años de una cárcel injusta a exactamente al destino que Dios tenía para él.

A veces la decisión más valiente no es quedarse a pelear, es saber cuándo salir corriendo.

C.S. Lewis escribió: «No se puede retroceder y cambiar el comienzo, pero sí puedes comenzar donde estás y cambiar el final.»

La tentación siempre ofrece un comienzo que parece inofensivo. La sabiduría está en reconocerlo antes de que el final sea irreversible.

Y tercero, echar mano de la protección que viene de adentro
«Líbranos del mal.» Hay una fuerza activa que trabaja contra tu alma y Jesús nos enseña a pedir protección de esa fuerza.

Pablo lo escribe con una claridad que debería cambiar cómo enfrentamos cada día: «No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.» 1 Corintios 10:13.

Cada tentación tiene una salida y Dios la diseñó antes de que llegara.
El problema no es que no haya salida, el problema es que a veces no la buscamos porque parte de nosotros no quiere encontrarla.

Dietrich Bonhoeffer, el teólogo alemán que resistió al nazismo y pagó con su vida, escribió desde la prisión: «La tentación más peligrosa no es la que nos ataca desde afuera — es la que nos convence de que lo que queremos y lo que Dios quiere son la misma cosa.» Ese autoengaño es el verdadero campo de batalla.

Por eso la oración de Jesús no es solo «líbrame del mal que viene de afuera.» Es también «líbrame del mal que yo mismo podría generar.»

Pídele hoy que te guarde, pídele con urgencia, con honestidad, como alguien que sabe que no puede solo.

Porque no puede. Ninguno de nosotros puede.
Y esa es exactamente la razón por la que esta oración existe.
«Señor, hoy reconozco que sin tu protección soy vulnerable. No me dejes confiar en mis propias fuerzas. Guárdame de lo que no veo venir. 

Líbrame del mal que reconozco que es familiar y del que no. Enséñame cuándo resistir y cuándo huir. Y cuando la tentación llegue, muéstrame la salida. Amén.»

Te animamos a que dones en el siguiente enlace  https://conectarglobal.org/donaciones/. Así nos apoyarás a seguir con este hermoso servicio de llegar a muchas más personas.

Y que hagas uno de nuestros cursos en ⁠www.cursoscad.com/cursos⁠ que son sin costo alguno.

Creado y narrado por Juan Bravo. producido por Conectar Global

Dar clic a la siguiente imagen para entrar a los cursos

Si el mensaje ha hablado a tu vida, deja un comentario a continuación.