Devocional 030 julio

Es Tiempo de Conectar, julio 030

El Dios que está aquí y que ya está allá

Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin.» Apocalipsis 22:13

Hay dos verdades sobre Dios que juntas dan descanso y que cambian completamente cómo vives cada día.

La primera es que Dios está presente contigo allí donde estás, la segunda es que Dios ya está en tu futuro esperándote.

Dos puntos:
1. Tenemos un Dios del presente, del aquí, ahora, está allí contigo
Vivimos en tiempos de ansiedad sin precedentes. Las redes sociales nos bombardean con noticias sobre crisis y conflictos globales en tiempo real. La inteligencia artificial está redefiniendo tanto el trabajo como la identidad humana a una velocidad difícil de controlar.

De repente las instituciones son sacudidas y en medio de todo ese ruido, Dios dice algo que suena raro por su simplicidad:

«Yo soy.»
No yo fui. No yo seré. Yo soy — presente activo, tiempo real, ahora mismo.
Cuando Moisés le preguntó a Dios su nombre frente a la zarza ardiente, Dios no respondió con credenciales históricas ni con promesas futuras. Respondió con presencia presente: «YO SOY EL QUE SOY.»

El mismo nombre resuena en el Evangelio de Juan cuando Jesús dice repetidamente «Yo soy» el pan de vida, Yo Soy la luz del mundo, Yo Soy el buen pastor, Yo Soy la resurrección y la vida. No «yo fui.» No «yo seré.» Yo soy, aquí, contigo, en este momento exacto.

Me encanta la historia de Blaise Pascal, filósofo y matemático y un hombre brillante del siglo XVII quien tuvo una experiencia transformadora y escribió en un papel que cosió secretamente en una de sus ropas que encontraron después de su muerte:

«Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no de los filósofos y sabios. Certeza, certeza, sentimiento, alegría, paz.»

No una tuvo una idea de Dios sino una experiencia con Dios.

2. Nuestro Dios es el Dios del futuro, el que ya está allá

Y aquí está lo que más me asombra, Dios no solo conoce el futuro. Ya está en él.
Cuando Isaías nombró a Ciro 150 años antes de que naciera, no estaba haciendo una predicción arriesgada sino que estaba reportando lo que ya había visto.
El Alfa y el Omega, el primero y el último, significa que Dios está simultáneamente en el origen y en el destino. Ve el final desde el principio. ¡WOW!

Y eso tiene una implicación práctica enorme, nada de lo que enfrentas hoy lo toma por sorpresa.

No la crisis que no anticipaste, no el diagnóstico que no esperabas, no la puerta que se cerró sin aviso. Dios ya estaba en ese momento antes de que llegaras tú.
El Dios del futuro no te espera ansioso sin saber cuál va a ser el resultado. Te espera sereno porque ya lo sabe.

¿Y cómo podemos aplicar esto a nuestra vida hoy?
Primero y antes que nada practica la presencia de Dios en lo ordinario, en el día a día en la conversación del desayuno, en el camino al trabajo, en las decisiones intrascendentes.

El Hermano Lorenzo de la Resurrección un fraile carmelita descalzo francés del siglo XVII, sin mucha educación teológica, adoptó el rol de lavar platos en el monasterio y después de su muerte fueron recopilados sus escritos siendo su obra: “La Práctica de la Presencia de Dios,” uno de los clásicos más influyentes de la espiritualidad cristiana precisamente porque aprendió a encontrar a Dios en lo más ordinario.

La práctica de la presencia de Dios no requiere un retiro espiritual, requiere una decisión repetida de reconocerlo en cada momento del día.

Segundo y para terminar, vive con la serenidad del que conoce el final. En tiempos de incertidumbre global el creyente tiene acceso a algo que el mundo no tiene: la certeza de que la historia tiene un autor y ese autor ya escribió el último capítulo.

Eso no significa que vivamos la vida de una manera pasiva, significa tener libertad para actuar sin miedo al resultado.

El llamado a la acción
Hoy escoge una promesa de Dios. Una sola. Escríbela. Ponla en el espejo o en la nevera, donde la veas todos los días. Y cada vez que la ansiedad intente convencerte de que esta vez Dios no va a llegar señala esa promesa y declara:
«El mismo Dios que cumplió esto en la historia lo cumplirá en mi vida. Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos.”

Oración
«Señor, en medio de tiempos que cambian a una velocidad que me marea, me anclo en lo que no cambia: en Tí. Ayúdame a encontrarte en lo ordinario de este día. Ayúdame a vivir con la serenidad de quien sabe que ya escribiste el final. Hoy elijo vivir en tu presencia. Hoy elijo descansar en que ya estás en mi mañana. Amén.»

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Creado y narrado por Juan Bravo. producido por Conectar Global

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