Es Tiempo de Conectar, octubre 27

¿Puedo ser un Sacerdote?

!Te voy a decir algo sorprendente¡ Quizás nunca te has puesto una túnica ni te has subido a un púlpito para predicar, pero la Biblia dice que una vez has elegido que Jesús habite en tu vida, ya no eres cualquier persona, eres sacerdote. Dios se cansó de tener un pequeño grupo de profesionales de lo santo y revirtió el orden; ahora quiere que una nación entera lo conozca y lo dé a conocer.

‘Ahora bien, si me obedecen y cumplen mi pacto, ustedes serán mi tesoro especial entre todas las naciones de la tierra; porque toda la tierra me pertenece. Ustedes serán mi reino de sacerdotes, mi nación santa”. Este es el mensaje que debes transmitir a los hijos de Israel». Éxodo 19:5-6

‘Pero ustedes son un pueblo elegido. Son sacerdotes del Rey, una nación santa, posesión exclusiva de Dios. Por eso pueden mostrar a otros la bondad de Dios, pues él los ha llamado a salir de la oscuridad y entrar en su luz maravillosa. ‘ 1 Pedro 2:9

Ya vimos el significado de lo que había dentro la carpa, ahora vamos a dar una corta mirada a quienes servían en él.

Antes de que existiera el Tabernáculo, en el monte Sinaí, Dios le dijo a Israel algo asombroso: no quería que solo unos pocos fueran sacerdotes, sino que la nación entera fuera un reino de sacerdotes.

Pero cuando el pueblo vio el monte humear y escuchó los truenos, tuvo miedo y le dijo a Moisés: «Habla tú con nosotros, pero que no nos hable Dios». Prefirieron un intermediario a la cercanía.

Por eso Dios apartó a Aarón y a sus hijos, de la tribu de Leví, para servir como sacerdotes. Pero el sueño original no se perdió. Siglos después, el apóstol Pedro tomó esas mismas palabras del Sinaí y se las dijo a la Iglesia: ustedes son real sacerdocio. Cuando la nación de Israel no se atrevió a recibir, Cristo lo hizo posible para todos.

Tres puntos
1. Un puente entre Dios y las personas
El sacerdote tenía una tarea doble: se presentaba delante de Dios en nombre del pueblo, y se presentaba delante del pueblo en nombre de Dios. Ofrecía sacrificios, intercedía, enseñaba la ley y administraba la bendición; servía como puente. De hecho, en latín uno de los títulos de los sacerdotes era pontifex, que significa «el que hace puentes».

Hudson Taylor llegó a China en el siglo XIX y se dio cuenta de que el evangelio que predicaba no conectaba con la gente pues parecía una religión importada. Así que cambió su manera de vestir europea y se vistió como los chinos, se dejó la trenza y aprendió la costumbre de ellos. Fue blanco de la crítica de otros misioneros que servían allí pero se ganó el oído de miles de chinos que escucharon de Cristo porque alguien hizo el puente. Eso es ser sacerdote: acercar a Dios a las personas y a las personas a Dios.

2. Jesús, el Sumo Sacerdote perfecto
Los sacerdotes de Israel eran hombres imperfectos. Siempre tenían que ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y al morir, otro tomaba su lugar. Pero los Hebreos nos dice que tenemos un gran Sumo Sacerdote, Jesús, que entró de una vez y para siempre con su propia sangre, que se compadece de nuestras debilidades y que vive para siempre intercediendo por nosotros.

Robert Murray M’Cheyne, un joven pastor escocés del siglo XIX, escribió que si pudiera oír a Cristo orando por él en la habitación de al lado, no temería a un millón de enemigos.

3. Ahora todos somos sacerdotes
Por medio de Jesús, el sueño del Sinaí se cumple. No necesitamos otro intermediario para acercarnos a Dios, y cada creyente recibe la tarea de ser puente para otros. Pedro dice que somos real sacerdocio para anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz.

En 1520, Martín Lutero escribió que todos los bautizados son sacerdotes, y que el zapatero, el herrero y el campesino sirven a Dios en su oficio tanto como el clérigo en el altar. Eso significa que tu oficina, tu salón de clases, tu cocina o tu negocio son lugares de servicio sacerdotal. Allí intercedes, allí bendices, allí presentas a Cristo.

Aplicación
No le digas a Dios lo que Israel le dijo a Moisés: «Habla tú con ellos, pero que no me hables a mí». Él nos invita a acercarnos personalmente.

Esta semana, actúa como sacerdote donde estás. Escoge a tres personas de tu entorno: un familiar, un compañero de trabajo o un vecino. Ora por ellos cada día, en su nombre, delante de Dios. Y busca una oportunidad de bendecirles o de hablarles de Jesús en su nombre.

Oración
Padre, gracias porque desde el Sinaí soñaste con un pueblo entero que se acercara a ti. Perdónanos por las veces que, como Israel, hemos preferido mantenernos a distancia y dejar que otros hablen contigo por nosotros. Señor Jesús, gracias porque tú eres nuestro gran Sumo Sacerdote. Gracias porque te compadeces de nuestras debilidades y porque, ahora mismo, estás intercediendo por nosotros.

Recibimos el llamado que nos das: ser real sacerdocio. Haznos puentes entre tú y las personas que nos rodean. 

Que en nuestra casa, en nuestro trabajo y en nuestro barrio intercedamos, bendigamos y anunciemos tus virtudes. Que nadie a nuestro alrededor se quede sin conocer tu luz admirable. En tu nombre, amén.

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