Es Tiempo de Conectar, septiembre 021
¿Y si estoy más dormido de lo que creo?
«Antes, ustedes estaban muertos para Dios, pues hacían el mal y vivían en pecado; seguían el mal ejemplo de la gente de este mundo, y obedecían al poderoso espíritu en los aires, que gobierna sobre los malos espíritus y domina a las personas que desobedecen a Dios. Antes nos comportábamos así…» — Efesios 2
Hay una muerte que no se nota, a pesar de que sigues respirando, caminando, trabajando y llevando una vida normal.
Lo más inquietante de la muerte espiritual no es el dolor que produce, sino que muchas veces no duele nada. Es indiferencia. Es no sentir culpa, ni inquietud — solo rutina.
A. W. Tozer, pensador del siglo XX, advertía que el mayor enemigo de la vida espiritual es la comodidad, estar tan ocupado y tan cómodo que ya no cuestionas nada.
¿Cómo llega alguien a ese estado?
En la mayoría de nosotros es por herencia.
“Porque Dios los libró de ese modo de vida, que es poco provechoso, y que ustedes aprendieron de sus antepasados.” 1 Pedro 1:18
O lo vivimos cuando el trabajo nos absorbe y las prioridades se van reordenando sin que nadie lo decida conscientemente hasta que un día Dios queda en el último lugar, o simplemente no está.
No necesariamente es rebeldía. Es mantenerte entretenido, es dejar que el enfoque de la vida sea sobrevivencia, es dejar que la vida pase sin mayor relevancia ni contribución.
Y aquí está la clave: para revivir un corazón adormecido se necesita quebrantamiento.
«Al corazón contrito y humillado no despreciarás, oh Dios» (Salmo 51:17).
No hace falta volverte religioso, afiliarte a una iglesia ni aparentar lo que no eres. Es reconocer, con honestidad, «estoy vacío, estoy dormido» — porque ese reconocimiento, ese quebranto genuino, es exactamente lo que Dios usa para volver a dar vida.
Y esa vida que Dios promete no es apenas sobrevivir un poco menos adormecido — es una vida con propósito.
Jesús lo resumió cuando dijo en Juan 7:38: «El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.»
No un goteo, sino ríos. Esa es la promesa para quien deja que Dios rompa el adormecimiento: no solo salir de la muerte espiritual, sino fluir por dentro, con una vida que se desborda hacia otros, que impacta a otros.
Te invito a que te detengas un momento y te preguntes con total honestidad:
¿Con qué he estado llenando mi vida?
¿Hace cuánto no siento hambre real de Dios?
Si esto describe algo de lo que sientes, no hace falta que tengas todas las respuestas. Solo un corazón honesto.
Oración: Señor, hoy reconozco que estoy lejos, o adormecido, o simplemente ya no siento nada; ocupado, abrumado, indiferente sin darme cuenta. No quiero fingir un fervor que no tengo, ni pretender que estoy bien.
Te traigo mi corazón tal como está, vacío o quebrantado, y te pido lo que solo tú puedes dar: vida donde hay muerte, propósito donde hay rutina. Que de mi interior corran ríos de agua viva. Despiértame. Amén.
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Creado y narrado por Juan Bravo. producido por Conectar Global