Es Tiempo de Conectar, marzo 31
Hablemos sobre el Sufrimiento
«Había un hombre en la tierra de Uz llamado Job, y era un hombre intachable y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.» — Job 1:1
Estas palabras son parte de una de las historias más dramáticas de la Biblia: la experiencia de Job con el sufrimiento.
Job era un hombre intachable, recto, temeroso de Dios, un excelente proveedor y líder ejemplar. Y aun así, le ocurrió una tragedia impensable.
Nunca asumas que tu sufrimiento se debe al pecado en tu vida. Cuando nos llegan los sufrimientos, las dificultades, las adversidades y las pruebas, es natural preguntarnos: ¿Qué hice para merecer esto? La verdad es que es muy posible que no hayamos hecho nada para merecerlo.
Lo que pasa es que vivimos en un mundo caído. Vivimos en la tierra y no en el cielo, y en este mundo nos reparten quebrantamiento y sufrimiento por igual. A la gente buena le pasan cosas malas, y algunas de las peores cosas les pasan a algunas de las mejores personas.
Ejemplos cercanos
Mi hija y toda nuestra familia lo experimentamos con la muerte trágica de Jason York, con quien mi hija estuvo casada sólo por un mes. Jason era un buen muchacho, trabajador, íntegro, amante de las cosas de Dios y lo mejor es que amaba sin condiciones a Catalina. Jason, fue lo mejor que le pudo haber pasado a ella. Su partida no tuvo sentido desde ninguna lógica humana.
No fue resultado de pecado o desobediencia. Simplemente vivimos en un mundo roto.
En nuestros días vemos esto constantemente: padres piadosos que pierden hijos en accidentes, líderes íntegros que enfrentan enfermedades devastadoras, familias fieles que lo pierden todo en desastres naturales, como los niños que perdieron la vida en una inundación en Texas mientras disfrutaban de un campamento cristiano, o Jim Elliot, un misionero joven que fue asesinado por los mismos indígenas que procuraba servir en Ecuador, o el cantante cristiano guatemalteco, Julio Melgar, quien falleció a los 46 años tras una batalla de más de dos años contra el cáncer de páncreas. Fue una figura muy influyente en la música de adoración en Latinoamérica y mantuvo una postura pública de fe inquebrantable durante su enfermedad.
Distinguiendo las causas del sufrimiento.
Hay ocasiones en que el sufrimiento es consecuencia principalmente de nuestra rebelión, y cuando es así, suele ser bastante obvio. Por ejemplo, si alguien maneja bajo los efectos del alcohol y causa un accidente; es claro que su dolor es consecuencia directa de su necedad.
Pero el libro de Job refuta rotundamente la idea de que todo nuestro sufrimiento se deba a nuestro pecado.
La lección de Job
Job sufrió como pocas personas han sufrido. Perdió a sus diez hijos en un solo día. Perdió su salud, sus riquezas, su posición social y su dolor, tanto físico como emocional llegó a ser insoportable.
¿Todo este dolor se debía a que había pecado en su vida? Sus amigos asumieron que sí. Lo acusaron, lo juzgaron y trataron de convencerle de que confesara que estaba escondiendo algún pecado.
Pero al final del libro, en Job 42:7, Dios reprende a los amigos de Job:
«Después de que el Señor terminó de hablar con Job, le dijo a Elifaz el temanita: «Estoy enojado contigo y con tus dos amigos, porque no hablaron con exactitud acerca de mí, como lo hizo mi siervo Job.”
De hecho, Job estaba lejos de ser un atroz pecador pues la Escritura dice lo contrario, dice que era un hombre piadoso y que no había nadie en toda la tierra como él.
Esto le dice el mismo Dios a Satanás: «¿Te has fijado en mi siervo Job? No hay otro como él en la tierra, hombre intachable y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.» (Job 1:8).
El ejemplo supremo
La próxima vez que asumas que tu sufrimiento siempre se debe a tu pecado, o que el sufrimiento de alguien se debe al suyo, es mejor que primero pienses en Job y no seas ligero al acusarte a tí mismo o acusar a alguien.
Mejor es que pienses en Jesús. En Isaías 53:7 leemos:
“Fue oprimido y tratado con crueldad; sin embargo, no dijo ni una sola palabra. Como cordero fue llevado al matadero. Y como oveja en silencio ante sus trasquiladores, no abrió su boca.”
Jesús un hombre inocente soportó un sufrimiento tal, un dolor tan agonizante en la cruz—fue torturado, humillado, abandonado—y aun así era el Hijo de Dios santo y sin pecado. Su sufrimiento no tenía nada que ver con su propio pecado, sino con su amor por nosotros.
Reflexión para hoy:
¿Has estado juzgándote a ti mismo o a otros por circunstancias difíciles? Recuerda que no todo sufrimiento es consecuencia del pecado. A veces, Dios permite pruebas en la vida de sus hijos más fieles para propósitos que solo Él entiende completamente.
Oremos:
Señor omnipotente que todo lo sabe y que todo lo puede, con humildad te pedimos que ayudes a aquellos que sufren en medio de la guerra, en medio de la enfermedad o en medio de la escasez. Que no quitemos nuestra mirada de nuestro redentor y que guardes nuestra lengua de acusar a otros por las adversidades que ellos viven. Gracias por tanto amor. Amén.