Es Tiempo de Conectar, julio 020
Emanuel
«Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.» Isaías 7:14
Isaías no sólo continúa prediciendo eventos que van a ocurrir sino que predice la identidad de una persona, a Jesús el Mesías que iba a llegar más de 700 años después.
Isaías 7:14 predijo un nacimiento virginal 730 años antes de que ocurriera. Eso solo ya desafía cualquier explicación humana. Pero un detalle asombroso no es sólo el cómo iba a nacer sino el nombre que tendría:
Emanuel, Dios con nosotros.
No dice Dios sobre nosotros ni Dios contra nosotros, tampoco Dios lejos de nosotros esperando que mejoremos.
Con nosotros.
Recordemos que Isaías escribió esto en medio de una crisis política de proporciones devastadoras y enfrentaban la amenaza de su propia existencia.
Y es exactamente en ese momento de pánico colectivo que Dios le da a Isaías una señal. Le da una revelación de una señal que mira 730 años hacia adelante: una virgen concebirá y su hijo se llamará Emanuel.
¿Por qué esa señal en ese momento? Porque lo que Judá necesitaba no era una solución táctica de guerra sino saber algo fundamental sobre la naturaleza de su Dios:
Yo no te observo desde lejos, planeo venir a morar contigo.
G.K. Chesterton escribió: «El cristianismo no es la religión de un Dios que da instrucciones desde arriba. Es la religión de un Dios que bajó.»
En la Biblia, el nombre de alguien habla de la identidad y el propósito de la persona. Como cuando Dios cambió el nombre Abram por Abraham, Jacob por Israel, y Simón por Pedro, estaba declarando quién sería esa persona y para qué existiría.
El nombre que Isaías anunció, Emanuel, es una de las declaraciones teológicas más radicales de toda la Escritura:
Dios — con — nosotros.
Estas tres palabras aclaran el propósito de Dios:
Ya no es un Dios distante, aquel relojero que creó el universo, lo puso en marcha y se alejó. Un Dios que existe pero que no interviene, que observa pero que no se involucra en los asuntos del hombre.
El nombre Emanuel destruye esa imagen. Ya el Dios de la Biblia no es un espectador cósmico, es Emanuel: viene, entra, habita.
Tampoco es el Dios policía, aquel que existe principalmente para registrar faltas, aplicar castigos y mantener cuentas morales. Aquel Dios ante quien uno comparece con terror porque la lista de deudas es más larga que la de méritos.
Emanuel destruye esa imagen por completo. El Dios que viene a estar con nosotros no viene principalmente como juez, viene como presencia.
Mateo entendió esto perfectamente. Cuando narra el nacimiento de Jesús y cita a Isaías — «llamarán su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros» una profecía que deja de ser historia y se convierte en realidad personal.
Las últimas palabras de Jesús antes de ascender en el evangelio de Mateo no son una despedida sino que son una promesa que lleva exactamente el mismo espíritu:
«Y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.» Mateo 28:20
Emanuel no fue solo el nombre de un bebé en Belén. Es la declaración permanente de la postura de Dios hacia la humanidad, hacia tí y siempre. No caduca.
La madre Teresa de Calcuta trabajó durante décadas en los barrios más pobres del mundo. Cuando le preguntaban cómo soportaba tanto sufrimiento sin quebrarse, respondía algo que resuena con Isaías 7:14: «No estoy sola en esto. Él está aquí. Emanuel no es solo un nombre de Navidad.»
No es solo un nombre de Navidad.
La señal que Dios dio entonces sigue siendo la misma señal hoy:
No te doy un plan. Te doy mi presencia. Vengo a estar contigo.
Hoy, en medio de lo que sea que estés enfrentando, hay un nombre que Dios pronunció 730 años antes de la cruz y que sigue siendo verdad hoy:
Emanuel.
Dios contigo. No por encima de ti. No contra ti. No lejos esperando que mejores.
Contigo.
Eso no cambia con tus circunstancias. No cambia con tus errores. No cambia con las coaliciones que avanzan contra ti.
Cualquier cosa que quieras emprender, lo primero que debes hacer es asegurar la presencia de Dios. Que bendiga tus planes, si, pero lo más importante es que Él esté contigo.
Oración:
«Señor, gracias porque no eres el Dios distante que observa desde lejos ni el Dios policía que solo lleva cuentas. Eres Emanuel — el que vino, el que está, el que prometió quedarse hasta el fin. En medio de lo que me hace temblar hoy, recibo tu presencia como la señal más grande que podías darme.
No necesito que cambies todas mis circunstancias ahora mismo. Necesito saber que estás en ellas conmigo. Y lo estás. Emanuel. Amén.»
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Creado y narrado por Juan Bravo. producido por Conectar Global